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quinta jornada

El valor y la disposición de Fandiño y otra infumable mansada en la Feria de San Isidro

martes 12 de mayo de 2009, 22:25h
El valor y la disposición de Iván Fandiño, que confirmó la alternativa, fue lo único destacable en la corrida de este martes en Las Ventas, festejo ahogado en las tinieblas del aburrimiento por la mansedumbre y falta de posibilidades del ganado. Hay quien puede sentirse molesto con el público, o con parte del mismo, dado que las protestas del tendido "siete" han superado en ocasiones los límites de la intransigencia.

Se les tacha de impertinentes y maleducados, desconsiderados sobre todo con los toreros por la inoportunidad de protestar asiduamente durante la lidia; latosos y cargantes con el resto del público, pues se erigen en protagonistas de un espectáculo cuyos actores fundamentales son el toro y el torero.

Es lo peor que le puede ocurrir al espectáculo taurino en Las Ventas, que "el 7" tenga argumentos para desbaratar el desarrollo de la corrida. Aunque en realidad la función no se la cargaron los eternos protestones. La corrida de hoy fue abortada de antemano por los mismos que tienen la responsabilidad de que todo salga bien.

Para empezar, ¿a qué viene esa corrida tan desigualmente presentada? Un toro para acá, otro para allá y cuatro más para más acá todavía. Una auténtica "escalera", según el argot.

Aunque de la pregunta anterior se desprende otra duda: ¿acaso esta era la corrida que había seleccionado en el campo el ganadero, o fue otra bien distinta que los veterinarios desbarataron rechazando toros y obligando a traer "recambios" que desigualaron el conjunto?

Debería facilitar la autoridad un parte al final de la corrida, o antes de empezar, pormenorizando estos detalles. Pues no es muy creíble que fueran estos los toros que quiso lidiar el ganadero, con diferencias entre si de cien kilos como pasó con el segundo (532) y el sexto (635), y los otros cuatro por el estilo.

El toro cuarto, por ejemplo, no tenía que haberse lidiado. Ni siquiera haber venido. Corto de pitones y escurrido de carnes, más chico que cualquier novillo de los seis que saltaron a este mismo ruedo el día anterior. ¿Toro? impresentable.

Es lógico pensar que si la configuración inicial de la corrida venía en esos moldes, los veterinarios se vieron obligados a rechazarlos, y ese es el origen de tanto despropósito. En el otro extremo, los mastodónticos quinto y sexto. Mamotretos fuera de tipo, imposibles que descolgaran para hacerles el toreo.

En resumen, perjudicados todos. Los toreros, infelices -taurinamente hablando-, estrellados contra lo imposible. Y el público, un día más, aburrido, desesperado... y estafado.

El toro de la ceremonia, el único que "medio sirvió", cambió a mejor en el último tercio, después de no haberse empleado en el caballo, manso y sin humillar, y sabiendo lo que se dejaba atrás. Pues bien, en la muleta lo toreó Fandiño por el lado derecho con suavidad y firmeza, por momentos con cierta intensidad. No hubo suerte al matar, y sólo fue ovacionado.

Ferrera no tuvo más opción que abreviar en los dos de su lote. En ambos puso banderillas sin encontrar mayor eco en el tendido. Su primero iba al paso, y no tuvo más de dos arrancadas seguidas. El otro estuvo más tiempo en el suelo que de pie. Nada que hacer que no fuera aguantar el chaparrón de protestas, muchas iban dirigidas al "palco".

Y "Morenito de Aranda", en el mismo papel de sufridor, se encontró con un primer astado que le costaba un mundo tomar la muleta, más todavía seguirla. El quinto, suelto y distraído, no empujó ni en la querencia. Lo mejor de "Morenito", la estocada al tercero. En lo demás no pudo estar.

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