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El movimiento democrático chino, veinte años después

Eugenio Bregolat
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eugeniobregolatgmailcom/15/15/21
miércoles 03 de junio de 2009, 20:18h
La noche del 3 al 4 de junio de 1989 el ejército chino aplastó en Pekín el movimiento estudiantil, intelectual y ciudadano que exigía libertades democráticas. Algunos supusieron entonces que en China aparecería un movimiento estudiantil semejante al de Corea del Sur, que acabaría por resultar inmanejable para el Partido Comunista. Sin embargo, el movimiento estudiantil se esfumó. No ha mostrado mayor beligerancia democrática el mundo intelectual, salvo algún chispazo como el Manifiesto 08. La ciudadanía, incluidas las vastas clases medias urbanas, tampoco han expresado inquietudes democráticas. ¿Por qué ha sido esto así?

En parte, indudablemente por temor. La represión tuvo un obvio efecto intimidatorio. Pero la causa básica es que la gente está contenta con el inmenso progreso económico de las últimas dos décadas. La renta per capita, en paridad poder adquisitivo, ha pasado de 700 dólares en 1989 a 6.380 en la actualidad, resultado del proceso de desarrollo económico más vertiginoso de la historia universal. Los chinos no podían imaginar en 1978, cuando Deng Xiaoping lanzó la de reforma económica, que sus tataranietos fueran a tener el año 2.100 lo que la gran mayoría tiene ya hoy. ¿Qué hay crecientes diferencias sociales, bolsas de pobreza, injusticias? Nadie lo duda, pero más de quinientos millones de personas han salido de la pobreza, abyecta en muchos casos, con enormes mejoras en los niveles de dignidad humana y de oportunidad. Esto explica porque el pueblo chino aprueba con alta nota, con todos los matices que se quiera, la gestión de sus gobernantes en las últimas tres décadas. Si hubiese una elección democrática no me cabe duda de que más del 90% de los ciudadanos endosarían esa gestión.

Aunque rechaza la democracia liberal occidental, China ha puesto en marcha las últimas décadas importantes reformas políticas, mal conocidas en Occidente: institucionalización de la dirección colectiva (evitando dictaduras unipersonales como la de Mao); inclusión en la constitución de los conceptos de estado de derecho y derechos humanos, con avances lentos, pero ciertos, en ambos; reconocimiento de la propiedad privada; elecciones de alcaldes en pueblos hasta 10.000 habitantes; lucha contra la corrupción; aceptación de los empresarios privados, verdaderos capitalistas, en el que aún se llama Partido Comunista, etc. Las cotas de libertad individual son mucho mayores que treinta años atrás: los chinos pueden decidir hoy donde viven y trabajan, donde educan a sus hijos, crear empresas y acumular capital, visitar otros países, demandar a la administración ante los tribunales, tener móviles e internet, etc.
¿Qué falta mucho por hacer? Indudable, pero se avanza en la buena dirección y la ciudadanía, incluidas la clase capitalista y las crecientes clases medias, se siente cómoda en la nueva sociedad.

En parte la desmotivación del movimiento democrático se debe a la constatación de que la estrategia seguida en la primavera del 89 fue equivocada. Su principal resultado fue la muerte política del entonces Secretario General del PCCh, Zhao Ziyang, el dirigente más avanzado de su época, partidario de la apertura gradual del sistema político desde dentro. Los estudiantes dieron a los conservadores la excusa que necesitaban para deshacerse de él. Las cosas hubiesen sido muy distintas si Zhao hubiese sucedido a Deng, en vez de Jiang Zemin. La reforma política desde arriba perdió varias décadas como efecto de la destitución de Zhao Ziyang. Si cuando acudió a la Plaza de Tiananmen, la noche del 18 de mayo, con lágrimas en los ojos, los estudiantes le hubiesen escuchado y se hubiesen retirado, habrían salvado su vida política.

Como telón de fondo, la tradición confuciana de acatamiento del poder, contrapuesta a la tradición griega de elección y control del poder. Pericles y Confucio fueron contemporáneos y de ellos arrancan dos filosofías políticas que siguen explicando en buena medida la actual diversidad de las culturas políticas.

La política económica del PCCh en las tres últimas décadas ha tenido, y sigue teniendo cada día que pasa, efectos sociales, mentales y políticos de enorme calado. China es hoy un país mucho más rico, educado, informado, diverso, plural y libre que en 1978. Con todas las salvedades y matices que se quiera. Todo ello está llevando a un mayor grado de participación de la ciudadanía en el proceso político, aunque no necesariamente al modelo de democracia liberal occidental. En el seno del PCCh, la mayor meritocracia del mundo, con 75 millones de miembros, se discute muy abiertamente sobre todos los temas, incluído el futuro político del país, y, a los diversos niveles, se vota. Hay un profundo debate sobre el futuro político del país No es algo tan distinto a lo que era el sufragio censitario en las sociedades europeas un siglo atrás. Las ideas de los estudiantes en Tiananmen, la primavera del 89, se están abriendo paso, lentamente, gracias a las consecuencias de la política económica puesta en marcha por el que todavía se llama Partido Comunista de China.

Eugenio Bregolat

Ex-embajador de España en China y Rusia

Eugenio Bregolat Obiols es embajador de España en el Principado de Andorra.

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