La OEA le abre las puertas a Cuba
sábado 06 de junio de 2009, 02:19h
Tras varios días de debate y de fuertes deliberaciones, la Organización de Estados Americanos OEA,- encabezada por el ex ministro de Relaciones Exteriores de Chile, José Miguel Insulza-, logró el anhelado consenso para permitir que el régimen de La Habana regrese al sistema interamericano.
Pese al escepticismo inicial que reinó en el pleno de la Asamblea General, Cuba al fin pudo recuperar la llave que le abre las puertas del ente hemisférico, sin tener que verse supeditada a las demandas exigidas por Estados Unidos, que condicionaba su regreso al organismo regional a que el gobierno presidido por Raúl Castro comenzase a poner en marcha cambios en materia de Derechos Humanos y diera pasos significativos de cara a democratizar la isla.
Si bien el régimen cubano no tardo en auto felicitarse por la decisión adoptada por la OEA, que puso oficialmente punto y final al aislamiento de Cuba dentro de la comunidad Iberoamericana, la dictadura de los Castro mantiene firme su intransigente y “chulesca” negativa a volver a participar en dicho organismo, al que ha menospreciado en numerosas ocasiones.
Y es que en Honduras, más que un debate sobre la reincorporación de Cuba a la comunidad regional, se asistió al cuestionamiento, por parte del bloque de los países miembros de la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALABA) -conformado por Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia- de la funcionalidad de la O E A en la América actual, al punto de que algunos de los cancilleres de los citados países, sugirieron que la misma debía desaparecer.
Por ello, quizá la XXXIX Asamblea General de la OEA, podría ser descrita como gran ejemplo de despropósito diplomático, ya que se antepusieron problemas que afectan profundamente la región como la pobreza, la corrupción y la violencia, para destinar tres valiosos días a debatir sobre la reincorporación a la organización de un país que no reúne los valores democráticos para pertenecer a ella. Peor aún, cuyos líderes han llegado a tildar la organización de “basura” y de “instrumento infame”. Sin embargo la OEA, fiel a sus principios, terminó cediendo y le abrió las puertas, en un gesto que busca fortalecer al sistema interamericano.
Es verdad que por primera vez dentro del organismo se logra un consenso sin la poderosa influencia de Estados Unidos, lo que sugiere un interesante proceso de emancipación de los países miembros de la potencia estadounidense. Una independencia de criterio que resulta beneficiosa para el desarrollo del continente, siempre y cuando, la institución trabaje favor de la búsqueda de soluciones a los problemas de la región. Pero no para caer en la provocación de gobiernos populistas que no se cansan de usar una retórica primitiva para incitar a la polarización de la región.