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Alerta en Irán

martes 16 de junio de 2009, 02:10h
El fallecimiento de al menos una persona, en un enfrentamiento entre partidarios del candidato opositor iraní, Mir Husein Musavi y grupos de milicianos islámicos "Basij" en Teherán, es la última muestra de una situación que amenaza con adquirir tintes dramáticos. Los manifestantes opositores protestaban por lo que consideran un notorio fraude electoral, tras la sospechosa y aplastante victoria de Mahmud Ahmadineyad. El mero hecho de que alguien se atreva a alzar la voz en público contra el gobierno establecido es ya de por sí un triunfo de la libertad. Y, a juzgar por el número de asistentes a las marchas de protesta, da la sensación de que algo se mueve en Irán. O, al menos, se intenta mover.

En el caso de la república islámica, el mérito de los disidentes es mayor que en otros lugares. El régimen iraní no se distingue precisamente por su respeto a los derechos humanos. El respeto a los derechos humanos es poco menos que inexistente, y su administración de justicia -basada en la Sharia o ley islámica-, salvaje y medieval. De hecho, pese a haber elecciones, su sistema se parece más a una teocracia que a una democracia, ya que los designios del país se rigen por el Consejo de Guardianes y el Líder Supremo, quienes pueden vetar a candidatos y leyes que les incomoden, expediente del que han usado –y abusado- en estas elecciones.

Y tanto el Líder Supremo, Alí Jamenei, como el actual presidente, Mahmud Ahmadineyad, son partidarios de un radicalismo religioso extremo, al que se une una beligerancia hacia Occidente, cuyo reflejo es el desarrollo de su programa nuclear ofensivo, que no “humanitario”. Las dificultades de la comunidad internacional para poner coto a la creciente amenaza persa tienen dos inconvenientes: el petróleo de Irán, y su principal aliado, Rusia. Pero, por difícil que sea la tarea, no ha de cejarse en el empeño de reconducir la situación. Porque, conviene tenerlo presente, el foco principal del conflicto está en la intolerancia religiosa de un grupo de fundamentalistas islámicos que, entre otras cosas, auspiciaron la creación de esa entelequia llamada Alianza de Civilizaciones. A la vista está lo civilizados que son.
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