“Il Fascio” y la Falange
jueves 25 de junio de 2009, 20:55h
Cualquiera que vea estas dos palabras, seguramente las asociará con Benito Mussolini, José Antonio Primo de Rivera o Francisco Franco. Y sin embargo, ambas tienen un origen mucho más legendario, que hunde sus raíces en los tiempos gloriosos de Grecia y Roma. Por lo que se refiere al “fascio”, la palabra deriva de los lictores romanos. Estos eran los encargados de escoltar a las personalidades romanas más significativas, y se distinguían por llevar un haz de varas -“faz”, de ahí el nombre- que envolvían un hacha. Dicho símbolo era representativo del poder que ostentaba aquel a quien escoltaban, verbalizado en el “imperium”. Algunos de ellos destacaron de forma notable en el campo de batalla, como Marcio, uno de los lictores de la guardia personal de Escipión en Africano, quien salvó la vida a su general en más de una ocasión.
Por lo que respecta a la “falange”, el vocablo en cuestión alude a una de las formaciones de combate más exitosas del mundo antiguo, en la que los griegos fueron maestros. Queronea, Leuctra o el famoso paso de las Termópilas -donde el rey espartano Leónidas presentó batalla a miles de persas con un exiguo contingente de 300 hoplitas- son sólo algunos de los campos de batalla en los que la falange mostró su enorme eficacia. Prietas las filas, la primera línea de hoplitas se parapetaba tras sus grandes escudos redondos. Dichos escudos iban engarzados al cuerpo a través de una abrazadera, ya que los soldados precisaban de las dos manos para sostener las “sarissas”, larguísimas lanzas de más de 5 metros, con las que evitaban que cualquiera se acercase a la formación.
Sería el rey Filipo II de Macedonia quien perfeccionaría esta táctica, que a su vez emplearía magistralmente su hijo Alejandro Magno. Pero con el paso del tiempo la falange se fue quedando obsoleta, hasta caer en el desuso una vez que el mundo heleno cedió su dominio en el Mediterráneo a Roma quien, no obstante, adoptaría una formación parecida, la “tortuga”, empleada por el propio Escipión en las guerras contra Aníbal. De Roma precisamente tomaron también lo único que ha pervivido hasta nuestros días como símbolo fascista, el saludo romano alzando la mano derecha. Como dijo el caudillo galo Breno al cobrar el recate de la Ciudad Eterna, “vae victis”.
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Abogado
ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset
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