México: ¿El retorno de los brujos?
Artemio Benavides
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artemiobenavideshotmailcom/16/16/24
lunes 13 de julio de 2009, 20:26h
Increíble, pero por primera vez nuestro proceso electoral exhibió resultados casi inéditos: el día electoral (6 de julio pasado) transcurrió en completa calma y, además, los partidos no impugnaron –en términos generales- la legalidad de los cómputos, en la mayoría del sufragio nacional emitido.
Claro, votó menos de la mitad de los ciudadanos convocados. Algo que era de esperarse en elecciones de medio término; no se trataba de elegir presidente y el señor Calderón Hinojosa seguirá en su sitio, aunque en un contexto diferente: la cámara –los diputados- estará ahora dominada por la oposición, digamos, “revolucionaria” o algo por el estilo.
El derrumbe electoral del partido Acción Nacional (PAN), fue casi completo. Y el partido Revolucionario Institucional (PRI) –antes partido hegemónico en el contexto de pluralismo limitado del autoritarismo mexicano- domina el escenario gobernante del país. En ciudades como Guadalajara, que por casi una década estaba administrada por el PAN, el partido “revolucionario” volvió por sus fueros. Y así en San Luis Potosí y Querétaro, hubo sorpresas mayúsculas de cambio de mandos.
En contrapartida, hubo una sorpresa en el territorio fronterizo, concretamente en el estado de Sonora, siempre en el regazo del otrora partido oficial (PRI): una pujante entidad cuna de los mandatarios políticos revolucionarios (A. Obregón, P. Elias Calles, et al), que cobijaron la creación del partido fundacional del sendero autoritario que llevó a cabo, sin duda, un experimento político de siete décadas de luces y sombras, de ruinas y monumentos que, a la postre, tenía que ceder el paso –hace un sexenio y la mitad de otro- a la oposición política. El “Ogro filantrópico”, como concibió Octavio Paz aquel estado autoritario, había agotado las fortunas políticas y económicas, al transitar a la modernidad que se imponía al país en el contorno mundial y en el dintorno nacional.
Indudable es que la ciudadanía activa envió señales claras a las castas políticas de centro izquierda y derecha, así como a los partidos satélites que, dentro de tres calendarios, la contienda electoral del 2012, les demanda llevar a cabo un sacudimiento de sus planteamientos políticos fundamentales o, mejor dicho, que abandonen unos –como el PRI- el pragmatismo político de su “mentalidad” distintiva que se ha deteriorado definitivamente: el nacionalismo anacrónico en esta “aldea global”, sus gastados slogans de “justicia social” y “crecimiento económico” y hasta la obcecada “no reelección” absoluta: Todo por servir se acaba y acaba no sirviendo.
El centro derecha (PAN) debe reconocer que debe enmendar sus postulados y, desde luego, reinventarse: reconocer que su “sexenio y medio” no ha sido un éxito: la frivolidad y la incompetencia caracterizaron su debut y el actual equipo, más prudente, ha sido impotente ante la influenza, el desastre económico y el flagelo montante del crimen organizado y el narcotráfico.
La izquierda mexicana, como de costumbre, se debate en lo que caracteriza su historia: la atomización y la tentación populista. Pero, a buen seguro, tiene más gente dispuesta al cambio y a la actualización de sus propuestas. Esta última consulta ciudadana, para empezar, le impuso la reflexión y la búsqueda de consenso. Esto es, una tarea muy complicada.
Igualmente, será una tarea ardua para el PRI abandonar su proclamado talante “revolucionario”: se inició como partido “nacional revolucionario”, desde su fundación en 1929; años después se proclamó simple y llanamente, instrumento político de la “Revolución Mexicana” en los tiempos de Don Lázaro Cárdenas y, después, una generación que conoció la lucha armada en los libros, se lanzó al crecimiento económico con una contradicción en sus planteamientos de “Revolucionario Institucional” (PRI)… pero el misterio ha sido su talante y la contradicción ha propiciado quizá su exitoso pragmatismo.
Pero el PRI ya no gobierna, para nada, en la capital federal y, obviamente, carece de la unidad de mando del pasado siglo. Lo que implica un desafío de pronóstico muy reservado: una revisión de su “mentalidad” característica. La lectura de los resultados de esta contienda electoral reciente, envía más enigmas que certidumbres, ya en los votos nulificados, en el repudio a la evidente intervención de los “poderes fácticos”: la videopolítica, (para ser sinceros), en la enorme apatía, en el misterioso “voto diferenciado” y demás.
El centro-derecha (PAN) y la izquierda tienen más capacidad de reinventarse, de sacudir sus plataformas, pues la derrota propicia más energía y actitudes revisionistas que el éxito que llega con avisos premonitorios y con socios indeseables como el tenebroso “partido verde”, al que los verdes europeos han condenado como impostor.
Mas nunca se debe subestimar a un partido que supo llevar lejos un experimento político como el camaleónico instituto priísta lo llevó a cabo. Pero ahora retorna en un contexto sociopolítico totalmente diferente: las “revoluciones” –aquí y allá están en caída libre- y el modelo económico apunta al liberalismo y, en menor medida, al estatismo sofocante.
El pluralismo es, ahora, ilimitado, no hay en el equipo triunfador un centro de unidad. Y ese pluralismo envía señales difíciles de interpretar.
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Historiador
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