Que fue grande para la Humanidad es indudable, pero el famoso pequeño paso que Neil Armstrong dio hace 40 años fue, según algunos, la mayor estafa del siglo XX: no lo hizo sobre la Luna sino en un estudio cinematográfico secreto y a las ordenes ni más ni menos que de Stanley Kubrick.
Hay quien aún mantiene la teoría de que
Neil Armstrong nunca llegó a pisar la Luna. Cuando se cumplen 40 años de aquel acontecimiento, de lo que no hay duda es de que aquel paso fue un gran paso para la Humanidad.
El motivo de ese supuesto vil montaje por parte de la Administración de Richard Nixon fue, según esta teoría, matar dos pájaros de un solo tiro: mostrar, por un lado, la supremacía de Estados Unidos frente a la URSS en la
carrera espacial en plena etapa de la "guerra fría", y, por otro, subir la moral del pueblo estadounidense que estaba por los suelos tras la traumática experiencia en Vietnam.
Bill Kaysing es el principal ideólogo del
"timo" del Programa Apolo, desarrollado en la década de 1960 y considerado como uno de los éxitos más importantes de la tecnología moderna al marcar el hito de llevar hasta la superficie lunar a seis misiones, incluida la histórica Apolo 11, y de que en sólo tres años (1969-1972) doce astronautas caminasen sobre la Luna. "We never went to the moon" ("Nunca fuimos a la Luna", 1974) es el libro que catapultó al escritor Kaysing al rango de "padre" de la hipótesis del fraude lunar al fijar la columna vertebral de la argumentación sostenida aún hoy por los defensores de esta teoría.
Un objetivo a repetirDe lo que no hay duda es de que, casi 40 años después de la última visita humana, la
NASA ha vuelto a poner sus ojos en la Luna, donde ha iniciado la búsqueda de sitios para crear en el futuro un
asentamiento humano que permita hacer escalas en viajes más lejanos. "El deseo de explorar, conocer y comprender es parte de nuestro carácter", dijo en enero de 2004 el presidente George W. Bush cuando anunció los planes para un retorno de astronautas al satélite, que no ocurriría antes de una década.
Con estos planes, la Luna -que orbita a una distancia promedio de
384.000 kilómetros de la Tierra- vuelve a estar en los planes de la NASA, como hace 40 años, cuando el hombre puso su pie por primera vez sobre su superficie. La exploración lunar tuvo su clímax entre 1969 y 1972, cuando el satélite recibió la visita de trece astronautas. Desde entonces, la Luna no ha recibido visita humana, aunque ahora hay un
renacido interés por conocer mejor su superficie polvorienta, donde se cree que podría haber agua.
El primer paso de este nuevo interés ocurrió el pasado junio, cuando se colocó en la órbita lunar
la nave robótica Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO), con la misión de buscar agua y posibles puntos para el descenso de cápsulas que transporten astronautas, y para crear asentamientos.
La LRO, que ya ha empezado a
enviar imágenes a la Tierra, explorará los cráteres más profundos de la luna, sus regiones bajo la luz del Sol y las que están permanentemente en la sombra y los efectos de la radiación sobre los seres humanos. También tratará de
confirmar la presencia de agua y de elementos minerales que pudieran sustentar durante un tiempo prolongado la presencia del hombre en la Luna.
El propósito de una
aventura tan costosa -se calcula que el primer retorno humano a la Luna supondrá el desembolso de unos 105.000 millones de dólares- es la explotación de los recursos naturales que los científicos creen que allí existen, y el establecimiento de un trampolín para los viajes a Marte.
La continuación de la aventura humana más allá de la Tierra y hacia Marte requerirá que los
astronautas sobrevivan de uno a tres años en sus naves, sin gravedad. La permanencia por largos períodos en naves, que ya han experimentado decenas de astronautas de EEUU, Rusia y otros países, se hará más amplia con una base en la Luna.