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Indigestión cultural

Mayte Ortega Gallego
jueves 16 de julio de 2009, 19:26h
Ha vuelto a pasar. Me sigue asombrando sin remisión. Aquí no lee nadie, un alto porcentaje de estudiantes abandona sus estudios, los programas más vistos no son los de la 2 y una vez más el Museo del Prado parece Carrefour. Algunos pensarán malévolamente que me estoy refiriendo a la similitud de la ampliación de Moneo con una almacén periférico del emporio francés. No. Me refiero a que las salas están abarrotadas de gente a cualquier hora del día y de la semana. Se gestiona eficazmente el acceso pero aún así somos demasiados intentando contemplar una obra de arte. El acto de contemplación requiere de silencio y recogimiento. No es posible lograrlo si estás rodeado de gente que comenta, que habla por el móvil y que se hace una foto junto al cuadro.

La oferta expositiva de Madrid es descomunal. Es imposible visitar los museos, las salas de exposiciones, las sedes de festivales y vivir después para contarlo. La oferta temporal ha crecido exponencialmente para atender esa voracidad de conocimiento comprimido y monográfico en el tiempo y en el espacio. Cápsulas culturales para mentes apresuradas. De ahí el éxito de las temporales, que parecen resumir y presentar adecuadamente el pesadísimo legado que atesoran los museos.

Si realizásemos una encuesta improvisada a alguno de los turistas que recorren Madrid en estas fechas, más de uno situaría el Guernica en Museo Thyssen, a Ghirlandaio en el museo del Prado y a Sorolla en el museo Reina Sofía. No es lo que más me preocupa si han logrado entender a cada uno de ellos.

Todo conocimiento necesita de observación y de reflexión. Muchos de los planteamientos culturales que vivimos no comparten esta idea. Me temo que no paran de encapsular temas: una dosis de fotografía, una dosis de pintura al óleo, una dosis de happening, una dosis de teatro, etc.…. Todo sucede en apenas tres meses en el mejor de los casos, remedando la cultura de usar y tirar. Con esto se consigue una especie de barniz cultureta para poder intervenir adecuadamente en la próxima cena de amigos de amigos. Hipócritamente me estoy quejando de un exceso de oferta. Y me van a entender enseguida si les digo que elijo y desecho pero no por ello dejo de apreciar un trasiego de exposiciones “apañaditas” que se borrarán de nuestra mente y que no dejarán poso alguno porque no estaban pensadas para hacerlo. No éramos el público objetivo.
Alguno podrá pensar que tras mis palabras hay algo de “A la minoría siempre” y tal vez acierten.

Mayte Ortega Gallego

Coordinadora de programas de la Comisión Europea

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