reseña
Cesare Pavese: El camarada
viernes 31 de julio de 2009, 09:52h
El camarada es una novela realista, más aún, es un ejemplo de lo que significa el realismo de Pavese. Un estilo que, aunque heredero, se desmarca del efectista y minuciosos realismo decimonónico y constituye una nueva forma de narrar basada en la austeridad y la sobriedad de los relatos lineales y de los diálogos cortos. Tanto es así que, al describir la soleada, la luminosa, la alegre Italia en la que se desarrolla la acción, el autor recrea un nuevo escenario, casi mítico, en el que todo el color es representado en una escala de grises.
El camarada es una novela realista, más aún, es un ejemplo de lo que significa el realismo de Pavese. Un estilo que, aunque heredero, se desmarca del efectista y minucioso realismo decimonónico y constituye una nueva forma de narrar basada en la austeridad y la sobriedad de los relatos lineales y de los diálogos cortos. Tanto es así que, al describir la soleada, la luminosa, la alegre Italia en la que se desarrolla la acción, el autor recrea un nuevo escenario, casi mítico, en el que todo el color es representado en una escala de grises.
El camarada es una novela de formación, aunque quizá no en un sentido ortodoxo. Pues si bien la narración no acompaña al protagonista a lo largo de buena parte de su vida, sino que abarca poco más de un año, también es cierto que es en ese año en el que se condensa un acelerado viaje hacia la madurez y la edad adulta. Pablo, el protagonista, es un joven despreocupado que vive de noche y toca la guitarra de taberna en taberna hasta el amanecer, un hijo de la clase media que se entrega con apatía a la inmediatez. Sin embargo, a través de diversos y significativos encuentros, comienza a enfocar su vida y el mundo en el que ésta se desarrolla desde una perspectiva más profunda y compleja.
El camarada es una novela antifascista ambientada en una época fascista. Pablo no sólo ve el mundo de una forma diferente, sino que lo ve de una forma política y su compromiso con esta nueva visión, la aceptación del peligro y la posesión de un objetivo mayor que él mismo es, después de todo, el auténtico acto de madurez, es el comienzo de una nueva etapa, es un renacimiento.
Por María Muñoz