www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

isla en el Atlántico

Madeira, la isla portuguesa que han visitado los Reyes de España

viernes 07 de agosto de 2009, 10:20h
En una isla sin apenas playas, el abrupto dibujo de sus montes desciende lentamente hacia el mar, en acantilados de caídas imponentes; una línea de montañas de naturaleza volcánica recorre la isla de su vertiente oriental a la occidental. Entre unas y otras elevaciones, profundos valles, las ribeiras; y en las laderas, los pequeños cultivos de los agricultores de la isla, que a falta de otros terrenos, han desarrollado la habilidad de aprovechar estos espacios.
El manto verde que cubre la isla parece ignorar ahora los siete largos años de fuego y humo que sembraron la desolación de esta Madeira que siempre se cuidó de los peligros del mar; la tierra, para defenderse encrespó sus costas y creó barreras de acantilados para frenar los galeones piratas que codiciaban sus riquezas como botín; la historia la puede contar la laurissilva, flor reconocida y que simboliza una isla surcada por canales de riego, por cerros imponentes, y húmedos valles salpicados siempre por el agua de las cascadas; cultivos sobre terrazas empinadas y pequeñas barcas atracadas en el puerto, dispuestas a reanudar la faena en la noche.

Cerca de 500 kilómetros separan Madeira de la costa africana, el doble de esa distancia separa las islas de Portugal. Alrededor de 260.000 personas viven aquí, de las cuales 120.000 residen en Funchal, capital de estas islas que emergen del océano Atlántico. El archipiélago abarca las islas de Madeira, Porto Santo, Desertas y Selvagens, las dos últimas deshabitadas. Para encontrar el origen de estas islas hay que remontarse en el tiempo unos 35 millones de años, cuando la actividad volcánica de la dorsal atlántica provocó el nacimiento de una isla, que pronto descubrió como sobre su suelo de lava crecían grandes montañas que se cubrían con un espectacular manto vegetal.

La leyenda cuenta que fueron dos amantes los primeros en llegar a Madeira, al lugar donde hoy existe la ciudad de Machico. Se trataba del aventurero inglés Robert Machim y de su compañera, Ana d'Arfet. En Machico se dice que descansan los restos de la pareja. La historia da otra versión; se sitúa en 1419, cuando los navegantes portugueses se internaban en el norte de África a la conquista de nuevas tierras que explorar. Parece ser que uno de estos marinos fue Joâo Gonçales Zarco, que había sido enviado por el infante Dom Henrique el Navegante; perdió el rumbo cuando navegaba y llegó hasta Porto Santo, y después a Madeira. No obstante, lo más probable es que antes ya hubieran hecho escala en estas islas fenicios, irlandeses y árabes.

Zarco gobernó la isla durante cuarenta años; quince años antes de la llegada a América del genovés, Cristóbal Colón llegó a Madeira a por una carga de azúcar; el lugar le cautivó, hasta el punto de instalarse en Porto Santo y casarse con una de las hijas del gobernador. Dicen por estas tierras que Cristóbal Colón escuchó aquí de boca de los marinos historias que hablaban de tierras lejanas y desconocidas que nacían al final del mar.

Madeira permaneció bajo dominio español entre 1580 y 1640, y tropas inglesas la ocuparon durante las guerras napoleónicas; pero el resto del tiempo permaneció bajo jurisprudencia portuguesa; desde 1976 Madeira cuenta con autonomía, parlamento y gobierno propios, con sede en Funchal.

La presencia de la naturaleza es imponente en estas islas, con parajes colosales, entre tupidas montañas pintadas de verde, profundos valles y terrazas habilitadas en las laderas de sus colinas para el cultivo; se conocen como poios, y crecen sobre su tierra las viñas, el plátano, la fruta de la pasión y la chirimoya.

Aldeas de pescadores, poblaciones que crecieron entre jardines en torno a pequeñas iglesias y las levadas, canales de riego que fueron construidos al inicio de la colonización de la isla, y que permiten acercarse hasta múltiples y escondidos rincones de un archipiélago presidido por la laurisilva, planta que fue reconocida por la UNESCO como Patrimonio Mundial Natural de la Humanidad en 1999.