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¿Hasta dónde pueden llegar las órdenes de equipo? Piquet acusa a Renault

miércoles 02 de septiembre de 2009, 22:19h
A Nelsinho Piquet, lo de la velocidad y las carreras le viene de nacimiento. No digo yo que no haya tenido que hacer sus particulares sacrificios para llegar a pilotar un bólido de Fórmula 1, pero no parece descabellado pensar que, cuando tu padre ha sido campeón del mundo en tres ocasiones y, por tanto, uno de los pilotos más emblemáticos de la historia, las posibilidades de acabar subido a uno de los extra rápidos coches sean mucho mayores que para el resto de los aspirantes. El caso de Fernando Alonso no puede ser más distinto y, quizás, su fuerza venga precisamente de ahí, de haberse dejado la piel, con el único apoyo de una familia ajena al elitista mundo de la F1, para conseguir aquello a lo que aspiraba desde muy pequeño. Hace tiempo que logró colocarse en la cima pero está claro que lo de mantenerse arriba no es nada fácil. Admiro en Alonso su capacidad de autocontrol en estos tres últimos años durante los que la buena suerte le ha sido tan esquiva que a nadie le habrían extrañado declaraciones del piloto asturiano quejándose, con más palabras y menos sonrisas torcidas llenas de resignación, de la pésima alineación de los astros en su beneficio.

No sé si esta forma de ser templada, a la que muchos equivocan con antipatía, le viene de nacimiento, como a Piquet lo de la velocidad, o si cuenta con las impagables recomendaciones de un gurú de la meditación, pero lo cierto es que le pasan tantas cosas extrañas, y ninguna buena, que otro ya habría empezado a pensar en un complot digno del mítico drama de intriga gótico Luz de Gas. Y es que superada la espeluznante época en MacLaren, nadie podía esperar que su “vuelta a casa” estuviera tan llena de “extraños imprevistos”. Del último, ocurrido durante el pasado fin de semana en el circuito belga, sólo dijo que lo raro es que esas cosas pasaban, qué casualidad, cuando estaba luchando por llegar al podio, mientras que todo funcionaba a la perfección cuando no pasaba del décimo puesto. ¿Paranoia? No parece, pero si lo fuera, estaría más que justificada, porque ya nadie mira con temor cuando el Renault de Fernando traza al límite las curvas más cerradas o se lanza a adelantar en tramos en los que parece imposible. Ahora, los ojos los cerramos cuando llega el inevitable momento en el que Alonso tiene que parar en boxes. ¿Volverá a salir a pista con todas las piezas?

Pero no es sólo dentro de su escudería donde, en los momentos más arriesgados, a Alonso parecen crecerle los enanos. En la FIA tampoco andan muy alineados con los planetas de la carta astral del español, porque cuando toca castigo, ya se sabe que todas las papeletas las tiene Fernando. Que vuela un obús en forma de tuerca del coche de Barrichello y le da en la cabeza a Massa, pues la sanción por tanto objeto volante en la pista se deja para cuando Fernando pierde una rueda que, gracias a Dios, no impacta contra nadie. Desde luego, si la justicia en general es ciega, la que pretende imponer la FIA tiene la balanza descaradamente desviada. Así es que veremos con qué nueva “justa decisión” sorprende la Federación, ahora que ha decidido investigar a fondo las surrealistas declaraciones que se dice que ha realizado Nelson Piquet Jr. en relación al Gran Premio de Singapur de la pasada temporada. Lo ganó Alonso y él mismo reconoció entonces que, por fin, y además ya era hora, la buena suerte le había mirado a los ojos cuando el coche de seguridad tuvo que salir a causa del accidente, otro más, de Nelsinho, mientras el piloto español repostaba. De la decimoquinta pasó a la primera plaza y se llevó la victoria.

Ahora, parece que Piquet, despedido de Renault y con más mosqueo que un amante despechado, afirma que su choque contra el muro, aquella noche de Singapur de hace un año, no fue accidentado. Desde su equipo le ordenaron que se estampara deliberadamente para favorecer a Fernando y él, simplemente, fue y lo hizo. Me pregunto qué le habrá pasado a este chaval para descolgarse con semejantes declaraciones por muy cabreado que esté con el equipo que le ha echado, porque al primero que perjudican, enterrando definitivamente su mediocre carrera, es a él mismo. Sin pretensión de entrar en un peligroso psicoanálisis de andar por casa, da la sensación de que lo que quiere es morir matando, pero, en todo caso, morir. Puede que tener la constante perspectiva de emular a su famoso padre sea aún más difícil que eso de luchar sin medios para llegar a lo alto, e incluso, que por mucha velocidad que haya en sus genes, al chico lo que de verdad le guste sea montar en bicicleta.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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