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Barcelona

Un niño víctima de una mina antipersona acogido en España

domingo 24 de febrero de 2008, 18:48h
La historia de Carlos Humberto, de trece años, es similar a la de las 1.106 personas de Colombia (el 40% son niños) que cada año pisan o tocan una mina diseñada para matar o mutilar, simplemente pasaban por allí o les llamó la atención un objeto que despuntaba del suelo y que al tocarlo ha estallado.

La Fundación PAX, centrada en la rehabilitación de los niños víctimas de las minas antipersona, ha hecho posible que Carlos Humberto, que pisó una mina en julio de 2007, viaje a Barcelona, donde será sometido a un examen médico en el Hospital Parc Taulí de Sabadell.

Allí, los médicos especialistas en diferentes ámbitos (traumatólogos, ortopedas y oftalmólogos, entre otros) le colocarán una prótesis que sustituya al tercio de la pierna izquierda que le fue amputada e intentarán que recupere la visión perdida del ojo derecho.

Además, profesionales en cirugía estética tratarán de borrar las huellas que en sus brazos han dejado las quemaduras que sufrió.

Carlos Humberto permanecerá durante dos o tres meses en Sabadell, donde residirá con una familia de acogida integrada por Victoria López y Mariano Ortiz.

Victoria, que es enfermera en el Parc Taulí, ha asegurado, poco antes de que llegase Carlos en un avión procedente de Bogotá (Colombia), que hacía tiempo que ella y su marido querían participar en algún proyecto similar a éste, "porque ya tenemos los hijos mayores y nos gustan mucho los niños".

El portavoz de Fundación Pax, Carles Punrells, ha explicado que esta ONG se dedica a ayudar a la rehabilitación física de las personas que han pisado una mina, tras haber comprobado que sólo el 12% de las ayudas globales que se invierten en combatir esta lacra buscan ayudar a las víctimas.

Colombia, según ha subrayado Punrells, ostenta el triste récord de ser el primer país en número de víctimas de las minas antipersona y en la cantidad de estos artefactos enterrados por todo el país, que vive un duro enfrentamiento interno.

La Fundación Pax, que se financia con fondos privados, ya ha ayudado a seis niños a superar los efectos de estas mutilaciones, todos ellos originales de Angola y Afganistán
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