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reseña

John O´Hara: Cita en Samarra

jueves 17 de septiembre de 2009, 19:49h
Cita en Samarra comienza con un dilucidador apólogo del famoso escritor británico William Somerset Maugham, que alude a la cita con la muerte de la tradición literaria islámica y da explicación al título de la novela. En el prólogo de la edición de rescate de esta brillante obra que hace la editorial Lumen, firmado por John Updike, se desvelan las circunstancias vitales del autor al tiempo de escribir la novela.
Cita en Samarra comienza con un dilucidador apólogo del famoso escritor británico William Somerset Maugham, que alude a la cita con la muerte de la tradición literaria islámica y da explicación al título de la novela. En el prólogo de la edición de rescate de esta brillante obra que hace la editorial Lumen, firmado por John Updike, se desvelan las circunstancias vitales del autor al tiempo de escribir la novela.

John O´Hara pertenece a la generación de autores como Hemingway, William Faulkner o Scott Fitzgerald, y en ésta su primera –y unánimemente considerada la mejor– novela, expone una visión terrible de la sociedad del momento, desde una enorme crítica social en la que no se salva nadie. Efectúa una disección tan realista como destructiva de la sociedad provinciana norteamericana a punto de naufragar en la Gran Depresión, y con sus incipientes conflictos religiosos y étnicos.

La cuestión de fondo es la autodestrucción del ser humano en esa sociedad de los años 30, una autodestrucción personal enmarcada en un concreto contexto social. Profundiza O´Hara en la realidad que se esconde tras un matrimonio, aparentemente ideal, que se desenvuelve en un mundo superficial de rencores, fiestas e intereses ocultos; y donde, junto a la alta sociedad, camina inseparable la mafia local.

Aunque sin caer en amaneramientos estilísticos efectistas, no faltan en la novela los soliloquios interiores de los personajes –tributo al stream-of-consciousness joyceano– que aportan ambigüedad y una aparente complejidad a unos personajes creados con tal fuerza que brillan con amarga verdad humana.

En definitiva, se trata de una novela escrita sin sentimentalismos, con dureza y concisión, nada alegre ni optimista. Se trata de una de las cimas más altas de la narrativa norteamericana de los años 20 y 30, que muestra a EE.UU. como un escenario social decisivo para comprender la autodestrucción del hombre y de la propia sociedad.

Por Ana Collado Jiménez
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