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Aspendos, el teatro

viernes 25 de septiembre de 2009, 17:28h
En los antiguos tratados de geografía, Pamphylia figura como una región situada a orillas del Mediterráneo, entre Lycia y Cilia, en Asia Menor. Era una tierra fértil y rica, atravesada por el río Euroymedon, a los píes del Monte Taurus, y con una larga tradición comercial en sal, aceite y lana. Perteneció al Imperio Hitita. A su desaparición, fue conquistada por los lidios y poco después cayó en manos de los persas. En el año 333, Alejando Magno la conquistó y tiempo después se convirtió en provincia romana. Hoy forma parte de Turquía. De la Turquía del sur, la de la industria turística, la que personifica la pujante Antalya.

Caminar por la orilla del mar en Turquía es andar de la mano de la historia: hititas, licios, griegos, romanos, bizantinos selyúcidas, otomanos han pasado por estas tierras, perfumadas por los bosques de pinos, limitadas por amplias y hermosas playas o tranquilas y recoletas calas de arenas blancas y aguas turquesas, moteada por pequeños pueblos pesqueros. Una tierra de fuertes contrastes entre lo antiguo y lo moderno que forman parte de la vida diaria.

Las costas del mar Egeo y del Mediterráneo que bañan Turquía son tierras que acogen un enorme legado cultural, herencia de su larga, compleja y vieja historia. El inventario de ruinas, castillos, iglesias, palacios, mezquitas, resulta interminable. Todos en lugares evocadores, llenos de misterio y añoranza. En cada esquina permanecen los vestigios las ruinas de grandes ciudades de la antigüedad. Ciudades de nombres tan sonoros, tan conocidos como Efeso, Pérgamo, Troya, Mileto, Kaunos, Perge, Termessos. Ciudades ya extinguidas que orlan la costa o el cercano interior con sus piedras de enorme interés arqueológico y artístico. Algunas de estas ciudades son impactantes, inolvidables. Algunos de sus monumentos únicos: cómo olvidar la biblioteca de Celso en Efeso, el extraordinariamente bien conservado estadio de Afrodisias, el templo griego de Dídima, las termas de Mileto, los baños de Pamukkale, y, sobre todo, el impresionante teatro de Aspendos.

En los yacimientos arqueológicos se conservan fundamentalmente todo lo que eran infraestructuras y edificios públicos: templos, acrópolis, baños, basílicas, estadios, circos, anfiteatros y teatros, sobre todo teatros. No hay ruina griega o romana en el que el teatro no esté presente. Incluso, en numerosas ocasiones, el único vestigio de la antigüedad es un teatro. De origen griego, los romanos lo heredaron y lo convirtieron en uno de los entretenimientos sociales más cotizados. Hicieron suyos a los grandes dramaturgos y adaptaron los edificios teatrales helenos a las nuevas corrientes constructoras.

Mientras que en Grecia se aprovechaban las laderas de las colinas para edificarlos, en Roma se levantaban como edificios exentos, sobre estructuras nuevas que con un entramado de arcos sujetaba el edificio entero. Los teatros griegos eran abiertos por el lado de la escena, mientras que los romanos preferían sitios cerrados por lo que tras la escena aparecía una pared, adornada de nichos y columnas, que incluían esculturas de emperadores o dioses locales.

La parte mejor conservada de los teatros son las gradas, conocidas como cavea y la escena. Las paredes han desaparecido, sólo en ocasiones quedan parte, todavía con sus nichos, columnas y estatuas, caso del de Mérida o el de Leptis Magna en Libia. Sólo se conservan tres teatros con las paredes en pie: Orange, Bosra y Aspendos. Desechado Orange, este hecho ha suscitado una permanente discusión ¿Cuál es el teatro mejor conservado Aspendos o Bosra? Los dos son espléndidos, los dos te transportan a una representación teatral clásica. Pero para una española que mantiene el mismo entusiasmo y la misma distancia hacia Turquía o Siria, la respuesta es Aspendos, el teatro más genuino. Un auténtico espectáculo.

Aspendos, antigua ciudad greco-romana se levanta a 40 kilómetros de Antalya, en la vieja Pamphylia, en la tierra que se dirige hacia Siria, en la que predicó San Pablo, originario de la zona. Situada 16 kilómetros tierra adentro, fue fundada por los griegos un milenio antes de Cristo. En el siglo V Aspendos llegó a ser una ciudad importante, incluso acuño moneda. La ocupó Alejandro Magno y hacia el 190 a.C. cayó en manos de los romanos. Su periodo de decadencia se inició en los tiempos de Bizancio. De Aspendos quedan todavía las ruinas de una basílica, el ágora, un nympheum, un acueducto y un puente. Pero encima de todo, el teatro.

Siguiendo la tradición helenística, una parte importante fue construida sobre la colina donde estaba la acrópolis. El resto se sostiene sobre una estructura de arcos abovedados. La pared de la escena ha permanecido intacta. Sólo se ha perdido el techo de ocho metros de madera que protegía a los actores. Con un diámetro de 96 metros, tiene una capacidad para 7.000 espectadores. Construido inicialmente por el arquitecto griego Zenón en la época de Marco Aurelio (hacia el 170 d.C.) fue reparado en el siglo XIII por los Selyúcidas, que lo utilizaron como caravansaray, y palacio. Una de las dos torres que le añadieron sigue en pie. La última restauración se llevó a cabo hacia los años 3o del siglo XX por mandato de Ataturk.

El teatro de Aspendos destaca por la perfecta proporción de los pórticos y por su rica decoración. También es destacable la acústica, de gran calidad y perfección, razón por la que durante años ha sido utilizado para conciertos. Desde 1995 acogía el Festival Internacional de ballet y Opera, además de variadas actuaciones musicales y teatrales. Recientemente, las autoridades responsables de su conservación han decido abandonar con las representaciones y dejarlo únicamente como atracción turística.

Isabel Sagüés

Periodista

Isabel Sagüés es periodista y MBA en Administraciones Públicas y Master en Comunidades. Ha dirigido entre otras entidades culturales sin ánimo de lucro la Fundación Canalejas y la Fundación ICO

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