critica de cine
[i]El secreto de sus ojos[/i]: el pasado siempre vuelve a producirse
domingo 27 de septiembre de 2009, 21:58h
Lo demostraron con El mismo amor, la misma lluvia, Luna de Avellaneda y, la muy aplaudida, El hijo de la novia. Por eso, El secreto de sus ojos se esperaba con mucha expectación: ¿habrían conseguido hacerlo de nuevo? Por el momento, su aplaudido paso por el Festival de San Sebastián, aunque sin los premios que les daban todas las quinielas, y, sobre todo, los 1.200.000 espectadores que ya han visto la cinta en Argentina, dan fe de que el nuevo trabajo de Campanella y Darín, estrenado ayer, es bueno, muy bueno.
Dice el director argentino de su actor fetiche que le gusta confiar en él porque sabe hacer comedia y drama con apenas una diferencia sutil. Lo cierto es que Darín es de los pocos actores que puede presumir de haber presentado dos películas en un mismo festival, ambas dentro de la Sección Oficial del Festival de San Sebastián, en el que, además de su trabajo en la película argentina, ha estado presente con El baile de la Victoria, de Fernando Trueba, que llegará a la gran pantalla en diciembre. Toda una demostración del enorme interés que despierta este actor desde que se dio a conocer en nuestro país.
En El secreto de sus ojos, Darín interpreta a Benjamín Espósito, un funcionario judicial ya jubilado que, en su afán por escribir una novela basada en un caso de asesinato que llegó a su juzgado en 1974, volverá a revivir el pasado para resolver, por fin, el enigma de lo que ocurrió con el asesino y con el marido de la víctima, una preciosa joven recién casada, durante los veinticinco años transcurridos desde entonces. Pero hay también en la historia, basada en una novela escrita por Eduardo Sacheri, una faceta mucho más personal y que también debe encarar el protagonista: el amor nunca confesado y guardado durante todos esos años que siente hacia la secretaria de su juzgado desde el momento en que la conoció y a quien interpreta una sosegada y creíble Soledad Villamil, con quien Darín ya había compartido cartel en El mismo amor, la misma lluvia.
Y es que, aunque se puede decir que se trata de un filme que es, a la vez, un thriller y una película romántica, el verdadero motor de la historia es el amor callado durante años, la frustración y el vacío que sienten los personajes como consecuencia del mismo. Con una idea que sobrevuela toda la trama: cómo repercuten en el presente de cada uno las decisiones que tomamos hace veinte, treinta años; y con un escenario político muy complicado, el de la Argentina de 1974, donde la violencia, el odio, la venganza y la muerte encontraban un terreno propicio para adueñarse de las vidas y los destinos de las personas.
Muchos elementos para dar vida a una historia de interesante perfil, pero para la que hacía falta una maestría como la que Campanella demuestra con su magnífica dirección, su guión lleno de inteligencia, con escenas de lo más impactantes; y, por último, su más que convincente construcción de los personajes que acompañan a la pareja protagonista en la aventura que marca sus vidas. Entre ellos, destaca, sin duda, el de Pablo Sandoval, el mejor amigo de Espósito, su mano derecha en el trabajo, un personaje de extremos que se mueve desde momentos de lucidez genial a otros de tremenda desesperación en los que se hunde en el alcohol sin que parezca importarle nada más, interpretado por Guillermo Francella. Junto a él, Pablo Rago en el papel de Ricardo Morales y Javier Godino en el de Isidoro Gómez.