Setenta piezas reunidas en el Thyssen para homenajear la figura de Henri Fantin-Latour. Así se presenta la nueva exposición de la pinacoteca con un espíritu revisionista de la figura de este pintor francés. Realista, discreto, intimista y elegante son algunos de los adjetivos que lo describen y que sirven de ingredientes para comprender su obra, ajena a la corriente impresionista pero vinculada en esencia al modernismo.
Aunque discípulo de Courbet y amigo de Monet o Renoir,
Henri Fantin-Latour fue todo menos un coetáneo más. Su pintura de talante conservador sobrevivió ajena a la corriente impresionista a la que se subían el resto de maestros. Su caso fue único. Como también lo es aún adentrarse en la
profundidad de sus lienzos.
Este martes, el
Museo Thyssen ofrece por primera vez una exposición monográfica sobre este artista. Recuperar su figura para situarlo en el lugar que le corresponde dentro de la historia de la pintura ha movido a la pinacoteca a dedicarle una muestra en la que reúnen
70 piezas procedentes de museos de todo el mundo. La idea era, según Guillermo Solana, director artístico del museo, situar a Fantin “dentro de la generación de la pintura moderna ya que no disfrutó de la fama popular de otros”. Algo que ha compartido la Baronesa Thyssen, durante la presentación, cuando se ha definido como una gran entusiasta de Fantin y ha calificado de “maravilla” la posibilidad de reunir su obra en la pinacoteca.

Pese a que Fantin pudo dejarse influir por el impresionismo, quiso continuar siendo fiel a sí mismo. Sin embargo, cuenta Solana, puede ser descrito como un pintor “recogido, discreto, tímido, elusivo” pero no ajeno a la trayectoria marcada por la modernidad.
Sus retratos colectivos, alegorías,
naturalezas muertas o copias de otros pintores, lo llevaron a magnificar el concepto de sencillez. Una idea que no pasa desapercibida a quien observa sus pinturas, discretas como el autor, pero intensas. Tanto Solana como el comisario de la exposición y responsable del departamento de Pinturas del Museo del Louvre, Vincent Pomarède, coinciden en afirmar que su pintura no llama en un primer vistazo, “pero hay que
darle tiempo” y “dejarse impregnarse”.Según Pomarède, “aunque su pintura no provoque no significa que él no fuera un hombre de ruptura”.
Amante de otras artesSi algo aportó Fantin fue, a juicio del comisario, un paso más en la correspondencia entre la pintura y otras artes. Las escenas líricas inspiradas en la ópera, el
retrato y la naturaleza muerta, sobre todo flores y frutas, le caracterizaron. También lo hicieron sus pinturas dedicadas a la lectura, símbolo del sosiego y el silencio. Fue un creador diferente que “evocó el ritmo musical en sus colores y líneas”, dice Pomarède. Algo que más tarde copiarían Kandinsky o Klimt. Su
realismo poderoso, que incluso rozaba la sensación de estar ante una fotografía, hoy evoca el concepto de elegancia.
Dividida en siete espacios, la exposición hace un repaso por la obra del pintor francés siguiendo una cronología en la que no se pasa por alto el encuentro frente a frente de sus
autorretratos y las copias que hizo de grandes cuadros como “Las bodas de Caná”, como tampoco la gran sala dedicada a sus retratos; un tema pictórico en el que destacó por su técnica así como por la indiferencia que le producía pintar a desconocidos. Era entonces cuando perdía todo interés en lo que hacía, demostrando así la diferencia tan marcada en su obra entre el trabajo público y privado. Algo que es prácticamente único en la historia del arte.