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La vulgaridad, un respeto

Mayte Ortega Gallego
martes 06 de octubre de 2009, 20:44h
Éste es el título del capítulo II.7 de la primera parte del último libro de Javier Gomá. El libro en cuestión se llama Ejemplaridad pública y se presentó el pasado martes 29 en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Todo el acto fue un compendio de ejemplaridad pública, de gente bien dispuesta y mejor avenida. Todos los ponentes ensalzaron la calidad de libro, expresaron la demanda urgente de seres cívicos y se mostraron menos optimistas que el autor en la posibilidad de redención de la sociedad actual. Otros se fueron antes de tiempo. Mal.

Carmen Iglesias intervino para hablar de la secuela de Tocqueville en Gomá, del miedo a la igualdad total en sociedad, del miedo a darnos cuenta de que somos más libres pero no mejores. Andaba pensando en quién sería el audaz político que se atrevería a decir esto en un mitin, arengando a su parroquia: “os hemos traído la democracia, y sois más libres para ejercerla, pero no sirve de mucho porque cada vez sois peores”. Banderas enfervorecidas al aire, la gente en pie coreando al líder. Y se me viene otra imagen y perdonen el encadenamiento de absurdos: la del pueblo de “Amanece que no es poco” gritando a su alcalde: “- ¡Alcalde: Todos somos contingentes, pero sólo tú eres necesario”.

No pretendo resumir 2500 años de filosofía pero la ausencia de un bien común en la sociedad actual pone en peligro el objetivo de Gomá y así se lo recordó Fernando Vallespín. No hay una idea unitaria de bien pero sí que se impone el gusto de la mayoría y si la mayoría es vulgar, pues hay que respetarlo. Y si la mayoría prefiera a Belén Esteban que a John Stuart Mill, pues hay que aguantarse. Sólo los que conocen a ambos tendrán capacidad de discernimiento. Lo contrario, insisto, es idear un pueblo filosófico al estilo del creado por José Luis Cuerda y que encaja perfectamente con el que Gomá pretende en su libro y que Aristóteles propició en su Ética y Platón expuso en sus Leyes. Un gobierno de los mejores, todos ejemplo de todos, organizado porque la anarquía conduce irremediablemente a la servidumbre. Un pueblo donde los guardias civiles hablen así: “Le dije a usted, cuando me pidió permiso para ejercer de escritor en el pueblo, que era mejor que hiciese lo que hacen los otros sudamericanos, que unos días van en bici y otros huelen bien. [...] Y ahora me dicen que ha escrito usted "Luz de agosto", la novela de Faulkner, ¡de William Faulkner! [...] ¿es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Faulkner?”

Mayte Ortega Gallego

Coordinadora de programas de la Comisión Europea

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