Don Sabino, mi jefe y amigo
lunes 26 de octubre de 2009, 14:32h
He tenido la oportunidad y la suerte de estar con Sabino Fernández Campos mucho tiempo y muchas veces a lo largo de los últimos años. En ocasiones, en las presentaciones de los libros de su mujer, María Teresa Álvarez, en otras, en actos públicos o en conferencias. También, en algo tan curioso como el Jurado del Premio Prestigio Rioja. De una manera muy especial, cuando conoció a su mujer de los últimos 22 años, una mujer excepcional, periodista, que trabajaba en televisión y en radio. Una excelente escritora y, sin duda, su mejor compañera y la que alegró todos estos últimos años de Sabino.
Pero mi recuerdo es para una época en la que le veía todos los días o, mejor dicho, todas las noches.
Cuando yo era Director General de Televisión, en el año de la Transición, entre junio del 76 y junio del 77, Sabino era mi Subsecretario, el Subsecretario del entonces Ministerio de Información y Turismo. En el mes de mayo del 77, pasó a la Casa Real.
Durante el tiempo que convivimos, él como Subsecretario y yo como Director General, nos veíamos, prácticamente, todas las noches. Cuando yo acababa mi larga jornada en el edificio de Radio Televisión Española en Somosaguas, desde las 7 de la mañana hasta las 9 de la noche, me trasladaba al edificio del Ministerio de Información y Turismo y me reunía durante varias horas con Sabino Fernández Campos. Él era el que me aconsejaba y me decía la forma y modo en que la Radio Nacional y la Televisión Española debían tratar los temas y las noticias, especialmente en lo que hacía referencia a los militares. En alguna de esas reuniones estaba también el Teniente General y Vicepresidente del Gobierno, Gutiérrez Mellado.
Pocas veces he conocido una persona con más sentido común, más serenidad, más lealtad a la Monarquía y la Democracia y más generosidad. Creo que sin él, yo hubiera cometido muchos más errores y que, probablemente, la Transición habría sido mucho más complicada.
Naturalmente, los grandes protagonistas de la transición fueron el Rey y la Corona, que garantizaron la concordia y un marco jurídico y político de referencia estable y, sin duda, Adolfo Suárez, uno de los políticos con más intuición, más claridad y más inteligencia política que yo he conocido en mi vida. Un político para la historia y otro extraordinario amigo tanto mío como de Sabino.
Quiero contar una anécdota.
Cuando su Majestad el Rey iba a visitar las instalaciones de Radio Televisión Española de Somosaguas, pensamos recibirle con la Marcha Real incorporando una letra. Naturalmente, la que escribió, en su día, José María Pemán. Y así lo hicimos. Luego el tema no pudo continuar porque, según me dijo Sabino, el incorporar la letra al Himno requería tal cantidad de trámites, incluido la aprobación por un Congreso de los Diputados que en ese momento no existía. Todavía vivíamos con las antiguas Cortes Españolas.
La segunda estrofa de esa letra dice así: “Gloria a la patria que supo seguir sobre el azul del mar el caminar del Sol”. Difícil explicar de una manera más bella y más poética la aventura del descubrimiento de América.
En ese largo camino de “seguir sobre el azul del mar el caminar del sol”, estoy seguro de que don Sabino habrá descubierto ya su nuevo mundo, el cielo.
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Presidente de la Academia Iberoamericana de Gastronomía, presidente de Honor de la Academia Internacional y presidente de la Comunidad Europea de la Nueva Gastronomía.
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