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Calidad de la administración pública y competitividad

martes 27 de octubre de 2009, 19:48h
“Todos valemos para todo”. Al fin y al cabo, para una tradición católica que se basa en la igualdad, ahora recogida desde luego por los socialistas y en gran medida por los populares (por no hablar de los nacionalistas) el prestigio basado en el esfuerzo individual es de las cosas peor vistas y menos aceptada. De ahí quizás, la aversión por Norteamérica, donde es precisamente el sacrificio, el trabajo, el riesgo, lo que cualifica a una persona y, socialmente, permite que quienes así lo hacen consigan el éxito en muchas ocasiones.

Aquí, teníamos la Administración Pública como elemento tradicional de promoción social basada también en el sacrificio individual. A eso respondían las tradicionalmente denominadas “oposiciones”. Pero el problema que presentaban para arribistas y estómagos agradecidos es que eran difíciles, exigían enorme sacrificio, imponían competitividad y competencia con otros, en fin, que era una lucha cualificada en la que normalmente ganaba el mejor. Y eso, desde luego, es muy arduo. Porque resulta infinitamente más cómodo que todo te lo haga el Partido. El Partido Político, te lo da todo a cambio de pedírtelo todo, como en el Fausto (no lo han leído la mayoría de los políticos pero usted sí). Y para ser político se necesita muy poco. Por ejemplo, usted está en un pueblo, decide con su amigo incorporarse a la sede local y, a partir de ahí, “ancha es España”. Si has logrado, por vía de contrato ser auxiliar administrativo es fácil y frecuente – conozco varios ejemplos – que te hagan, durante años, Secretario General de una Consejería. Y a vivir, que son dos días. Como alto cargo, tus prebendas tienden a multiplicarse hasta el infinito: todos los días, tienes el placer de ver como Ingenieros, Arquitectos o Abogados tienen que soportar tu ignorancia militante y creciente, tu desconocimiento y el desprecio que sientes por el Derecho, la Técnica o el conocimiento. Lo que cuenta, lo único que cuenta, es la fidelidad al jefe, al Partido y a bocas llenas decir que eres de “izquierdas” o “nacionalista” o “del partido”. Esta es la vía de promoción social. A diferencia de Francia, donde la izquierda respetó siempre a la Administración, aquí, por pobreza y por tanto por envidia, lo que cuenta es tener el carnet, que es la “tarjeta de oro” que te permite vivir bien, por muchos años. Incluso, si tu pareja es también del Partido, pueden colocarlos a los dos (y conozco casos bien fáciles de identificar y, seguro que usted lector, también).

La pregunta es ¿y qué hacer? Porque las respuestas son variadas, siendo la más frecuente encogerse de hombros, mirar a otro lado, escabullirse, escaquearse y dejar que todo se vaya poco a poco cayendo de forma que al menos a ti no te pille por medio. No hay que pensar que los jueces contencioso – administrativo vengan tampoco a resolver la situación; al fin y al cabo, son los más cercanos al poder y no quieren variar su estatus. De manera que la nulidad de los actos administrativos realizados por ignorantes o con desidia, siguen viviendo como si nada. La pregunta sigue en pie. Y desde luego no se le ocurra nunca enfrentarse directamente. Quizás en el mundo de los sueños, pueda pensarse que algún día viviremos en un país más honrado, menos pícaros, más excelente. En fin, soñemos

José Eugenio Soriano García

Catedrático de Derecho Administrativo

JOSÉ EUGENIO SORIANO GARCÍA. Catedrático de Derecho Administrativo. Ex Vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia. Autor de libros jurídicos.

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