reseña
Eva Illouz: El consumo de la utopía romántica. El amor y las contradicciones culturales del capitalismo
viernes 30 de octubre de 2009, 09:41h
Eva Illouz: El consumo de la utopía romántica. El amor y las contradicciones culturales del capitalismo Traducción de María Victoria Rodil. Katz Ediciones. Madrid, 2009. 430 páginas. 23 €
¿Cómo se dio el encuentro del amor con el capitalismo? Esta es la pregunta a la que Eva Illouz trata de dar respuesta en El consumo de la utopía romántica. El amor y las contradicciones culturales del capitalismo, ensayo sociológico-cultural dirigido tanto al lector especializado como al público en general, y cuya publicación le valió ser premiada por la American Sociological Association. No se trata de un estudio sobre la fenomenología del amor, ni tampoco sobre el amor romántico tal como lo definen los historiadores de la cultura; y el tema de la sexualidad no se aborda frontalmente, sino de manera indirecta, subordinada a los mismos discursos culturales de autorrealización, hedonismo y autoconocimiento que constituyen nuestra cultura del amor.
La tesis de la que parte Illouz es que el llamado “amor romántico” conforma un campo colectivo en el que entran en juego las divisiones sociales y las contradicciones culturales propias del capitalismo. Así, en la primera parte se plantea que el poder tenaz del amor puede explicarse, al menos en parte, por el hecho de que constituye un elemento privilegiado para la experiencia de la utopía. Las partes segunda y tercera muestran que los enamorados contemporáneos presentan al mismo tiempo la personalidad de consumidores posmodernos y la de trabajadores racionales; experimentan cambios cíclicos entre el concepto del romance como rito de trasgresión y el concepto del romance como trabajo.
El amor romántico precede al capitalismo propiamente dicho, pero articula dos tópicos recurrentes que luego resonarán entre sus postulados ideológicos centrales: por un lado, el de la soberanía del individuo frente al grupo, que se reafirma en las relaciones sexuales “ilícitas” y en la resistencia a las normas de endogamia que aquél le impone; por otro lado, el de la distinción –central para la ideología burguesa– entre los sentimientos y el interés, el altruismo y el egoísmo, plasmados en la esfera privada y en la esfera pública, respectivamente.
Si, al comienzo, el libro presenta un interrogante sobre el sentido del amor en la cultura contemporánea, desde una perspectiva durkheimiana, la conclusión corresponde al legado intelectual weberiano, que transmite la idea de que los beneficios de la modernidad también constituyen pérdidas. Esas pérdidas son el precio que pagamos por el mayor control de nuestra vida romántica, el mayor autoconocimiento y la igualdad entre los sexos. Preguntarnos si estamos dispuestos a pagar o no ese precio es importante, pero resulta vano: porque ya lo hemos pagado.
Por Ana Collado Jiménez