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Honduras y sus consecuencias

Sadio Garavini di Turno
viernes 30 de octubre de 2009, 19:53h
La visita de una comisión norteamericana a Honduras, presidida por el Secretario de Estado Adjunto Thomas Shannon, ha reabierto una pequeña ventana de oportunidad para un acuerdo negociado de la crisis política hondureña. Al escribir estas líneas, todavía no se conoce el resultado final de la visita, sin embargo quisiera analizar aquí algunas de las potenciales consecuencias del acuerdo o del no acuerdo. Antes que nada, la misma visita demuestra que la denostada “intervención” del mal llamado imperio norteamericano, por cierto “curiosamente” reclamada por el propio Zelaya y demás voceros del Alba, parece ser todavía necesaria para resolver una crisis en un país latinoamericano. El posible acuerdo negociado gira más o menos alrededor del Acuerdo de San José, presentado por el Presidente Arias de Costa Rica. La propuesta incluye, una amnistía general, el retorno condicionado de Zelaya a la presidencia, desistiendo de sus intenciones de reformar inconstitucionalmente la Constitución, la estabilidad de las personas en la máxima dirección de las instituciones del Estado, salvo algunos casos, como el de Micheletti, y el respeto al proceso electoral en curso. Zelaya ha aceptado los lineamientos básicos del acuerdo, la resistencia está en Micheletti y el grupo más radical que respalda su gobierno. El objetivo de este grupo es hacer pasar el tiempo en negociaciones estériles, hasta llegar a las elecciones, entregarle el gobierno al Presidente electo y esperar que el tiempo obligue a los gobiernos de la comunidad internacional , poco a poco, quien antes y quien después, a reconocer realistamente el inexorable “fait accompli” del nuevo gobierno. Este grupo no parece tener un sofisticado sentido de la política. Recordemos que, controlando todos los poderes del Estado, incluyendo las Fuerzas Armadas, cometió la estupidez de defenestrar “nocturnamente” a Zelaya , en cambio de enjuiciarlo, por su evidente violación de la Constitución. Además, uno de sus miembros, integrante todavía del gabinete, fue capaz de calificar a Obama, como “un negrito”, que no sabe donde queda Tegucigalpa. Este grupo no parece advertir que para un país pobre como Honduras, la pérdida prolongada de la ayuda internacional, de los créditos del BID, del Banco Mundial y las otras instituciones multilaterales, la inseguridad jurídica y la inestabilidad política tienen y van a tener consecuencias desastrosas en la economía hondureña, ya afectada por la crisis internacional. Estas consecuencias económicas tienen efectos políticos. En Honduras, la izquierda radical, hasta ahora, ha representado un porcentaje mínimo del espectro político y el propio Zelaya, antes de la crisis, no tenía el respaldo de más de un tercio del electorado. El apoyo a la izquierda y a Zelaya ya ha aumentado, pero si no hay acuerdo, el deterioro de la situación económica será “endosado” políticamente a los que apoyaron al “golpe de Estado” y al nuevo gobierno, aumentando así las perspectivas de la izquierda radical. Además, el fracaso del acuerdo tendría como un desafortunado “daño colateral”, el ocaso definitivo de la Carta Democrática Interamericana y, en general, de toda la institucionalidad hemisférica, que se demostró impotente para resolver una crisis en un pequeño país, aún con el apoyo unánime de los miembros de la OEA y del resto de la comunidad internacional.
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