El gobierno italiano ha aprobado una polémica medida para acabar con la violencia en su fútbol y mantener bajo control e identificados a los ultras. Los aficionados que quieran ver a su equipo en los partidos fuera de casa deberán figurar en los datos de hinchas “afiliados” que el club proporcionará a la federación. A pesar del rechazo inicial, los clubes han aceptado que la medida comience la próxima temporada, aunque un amplio sector de los tifosi lo consideran un ataque a los derechos humanos.

El
carné del hincha (
tessera del tifoso) es el arma que el Parlamento italiano ha ideado para que la historia de violencia y descontrol que ha erosionado sistemáticamente la imagen del fútbol italiano llegue a su fin. Con el ministro de Interior,
Roberto Maroni , como artífice de la iniciativa, los aficionados del fútbol italiano que quieran acompañar a su equipo fuera de su estadio deberán facilitar los datos al club y presentar su carné de aficionado a la entrada del estadio, que
funcionará como el documento nacional de identidad.
El carné, que será
obligatorio a partir de la próxima temporada y no lo podrán conseguir las personas con antecedentes de disturbios en estadios, pretende convertirse en “una herramienta para controlar mejor los movimientos de los seguidores violentos”, pero el hecho de que no sólo los ultras deberán identificarse ha generado una gran polémica.
Maroni, que inicialmente trató de imponer la medida desde el próximo mes de enero, se muestra exultante por la aceptación conseguida desde que se aprobó la iniciativa en el Parlamento italiano. “
En verano tenía a tres clubes a favor y a los aficionados en contra. Ahora tengo a todos los clubes a favor y a un pequeño grupo de aficionados en contra".
Pero la situación no es tan idílica en el mundo futbolístico italiano. El
presidente del histórico
Torino,
Urbano Cairo, ha sido uno de los dirigentes que se ha mostrado contrario a la medida al argumentar que el carné “
hará que se reduzcan un 20% más los espectadores que van a los ya medio vacíos estadios italianos”. Además, miles de aficionados se manifestaron el pasado 15 de noviembre en diversas ciudades italianas en protesta. Los representantes de los tifosi manifestados, algunos pertenecientes a grupos ultra, expresaban su rechazo con pancartas que aludían a una
erosión de derechos humanos y acusaban a la iniciativa de
querer “fichar” a todos los aficionados que acuden a los estadios.

Pero también se han recogido testimonios favorables de algunas personalidades del fútbol italiano. El
presidente del Lazio, Claudio Lotito, uno de los clubes con más ultras del país transalpino, ha explicado que “
no es un medio de represión sino de prevención y aumentará la relación transparente del club con sus aficionados”. También se ha mostrado de acuerdo el seleccionador
Fabio Capello, quien en el pasado octubre declaró que “
los ultras hacen lo que le quieren en Italia”. "Siento mucho lo que está pasando en Italia. Las autoridades y los clubes tienen que tomar decisiones si se quiere que la gente vuelva a llenar los estadios en Italia", explicaba el entrenador en referencia a la relación entre la violencia y la escasa asistencia de aficionados a los estadios italianos.
Con el carné del hincha parece que los mandatarios italianos han cumplido el deseo de
Capello de atender el problema de la violencia. Pero no es nuevo que el ejecutivo transalpino tome decisiones con mayor o menos dureza sobre los aficionados del “calcio”. Tras la primera jornada de liga de la temporada pasada, la liga de fútbol italiana y el Ministerio de Interior
cerraron los fondos del estadio San Paolo de Nápoles durante varias jornadas debido a los graves disturbios -destrozos por medio millón de euros- que los tifosi napolitanos provocaron en varios trenes con trayecto
Nápoles-Roma en el mes de agosto de 2008, el día que su equipo jugaba contra la Roma en la capital italiana.

Desde aquel día, el Ejecutivo
prohibió a los grupos de seguidores organizados del Nápoles viajar para seguir a su equipo en los partidos fuera de casa hasta el final del campeonato. La venta de entradas se restringió a seguidores afincados y nacidos en la provincia del equipo local. Esta medida, no exenta de polémica y que restringía el movimiento de aficionados para seguir a su equipo fuera de casa, ha continuado con la imposición del carné del aficionado actual.
Incluso
Romano Prodi, ex primer ministro italiano, prometió “robustas” medidas para frenar la violencia en el
calcio del año 2007. El mundo del fútbol se hallaba conmocionado en aquella época por los graves enfrentamientos ocurridos en el fin de semana de derbi siciliano entre el
Catania y el Palermo. En aquel nefasto primer viernes de febrero, decenas de seguidores del
Catania atacaron a los seguidores del
Palermo y a la policía con
piedras, bombas de humo y artefactos explosivos. Producto de esos ataques
murió un policía, Filippo Raciti. Tras el arresto al día siguiente de 10 personas y la victoria del Palermo, el sábado se saldó con
más de 100 personas heridas, 71 de las cuales terminaron en el hospital.

Una sinrazón que acompaña al fútbol italiano desde hace mucho tiempo y que sistemáticamente hace acto de presencia y emborrona la figura de los grandes jugadores que pasan por el
calcio.
Maradona, Van Basten, Zidane o Kaká han visto como
ultras del Inter lanzaban una motocicleta desde un anfiteatro en 2001, en el estadio milanés de San Siro; como
moría el aficionado del Lazio Gabriele Sandri en una gasolinera de camino al estadio milanés, a manos de un policía tras unos enfrentamientos entre tifosi del Lazio y de la Juventus; o han sufrido el histórico sonrojo tras
suspenderse el partido entre Milán e Inter de los cuartos de final de la Champions League de 2005 debido al lanzamiento de bengalas al terreno de juego.
El carné del hincha al fútbol en Italia es una iniciativa adecuada y justa para unos, y restrictiva y digna de la censura para otros. Acompañada de gran polémica y un complicado camino hacia la aceptación del deporte transalpino, es sin duda una apuesta más del Ejecutivo italiano para acabar con la actividad de los ultras que, cada año, colocan al “calcio” en los primeros puestos de las competiciones con más
heridos –en la temporada 2004-05 se registraron 209 en 38 jornadas- y no en la de mayor seguimiento de aficionados en los estadios.
