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Expertos analizan en El IMPARCIAL los valores de la cruz

El crucifijo, más allá del símbolo religioso

domingo 06 de diciembre de 2009, 10:56h
Una vez más, una iniciativa parlamentaria ha planteado una guerra hasta ahora inexistente. El Congreso ha aprobado esta semana retirar de todos los colegios de España el crucifijo, un símbolo que hasta ahora era contemplado con indeferencia o con respeto. Un grupo de expertos analiza en EL IMPARCIAL los valores culturales, morales e históricos de la cruz, pilar fundamental de la identidad occidental.
La educación para la tolerancia centra en gran medida el curriculum escolar. En el colegio se busca, entre otras cosas, enseñar al niño a convivir con el diferente, a aceptarlo tal y como es, y a respetar la identidad del otro mientras uno se construye la suya. Los símbolos son esenciales para la edificación identitaria. Símbolos como la cruz que, tal y como exige la proposición no de ley aprobada este miércoles en el Congreso con los votos del PSOE, ERC- IU-ICV y BNG, debe ser retirada de todos los colegios españoles.

Consideran los diputados que el crucifijo en las aulas atenta contra el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones y por ello, solicitan su retirada de los centros públicos, privados y concertados.

Hasta ahora, explica a EL IMPARCIAL el catedrático de Derecho Eclesiástico de la Universidad Complutense de Madrid, Rafael Navarro Valls, “el crucifijo en las paredes era contemplado con indiferencia o con respeto, pero no con animosidad”. Sin embargo, esta iniciativa parlamentaria plantea “una batalla en algo pacífico y levanta una polvareda que confunde a los observadores. La realidad es la que es. No convirtamos en casus belli lo que es una cuestión pacífica para la gran mayoría”.



Para él, esta proposición “es el típico ejemplo de lo que se llama en sociología jurídica ‘gobernar desde los márgenes’: el poder, presionado por el aguijón de una minoría que representa a muy pocos, lesiona las convicciones de la mayoría y crea una situación límite e injusta”.

La única explicación que encuentra por su parte el sociólogo Amando de Miguel es el hecho de que “la izquierda está agotada y lo único que busca es crispar. Ya no quieren siquiera oír hablar de cuestiones que ellos mismos defendían, como la igualdad o la laicidad. Ahora buscan cortinas de humo, como esta de los crucifijos o la del reconocimiento de los moriscos. Intentan con ello tapar los verdaderos dramas de nuestra sociedad”.

El presidente de la plataforma cívica HazteirOir.org, Ignacio Arsuaga, va más allá y afirma que los socialistas y sus aliados “entienden que el enfrentamiento con la Iglesia les produce un beneficio electoral”.

La cruz, pilar de la civilización occidental
Pero el crucifijo, explica el sociólogo, no es sólo un símbolo religioso, se trata de un elemento cultural de Europa como lo es la media luna roja en los países musulmanes, por ejemplo. Retirar este elemento significa querer borrar no sólo los valores puramente religiosos representados en la cruz sino también una forma de pensar, una historia compartida y pinceladas fundamentales de la cultura europea que han ido forjando con el paso de los siglos la identidad de nuestra civilización.

El propio Tribunal de Estrasburgo tiene una deuda con la cruz. Explica Navarro Vals que con la polémica sentencia sobre el crucifijo, que aún no es firme, el Tribunal ha caído “en las redes del activismo político al alentar a los Estados a tolerar la manifestación pública de valores morales que no sean religiosos o que estén desprovistos de su connotación religiosa, a pesar de que esos valores constituyan, paradójicamente, el humus donde el mismo Estado tiene su origen. Una curiosa percepción de la laicidad del Estado que permite quedarse con los frutos siempre que se tale el árbol. Quedarse con el mensaje pero matando al mensajero”.

En esta misma línea, el responsable de la asesoría jurídica de la plataforma cívica Profesionales por la Ética, José Luis Bazán, argumenta para EL IMPARCIAL que esa sentencia aboga por “quitar los pilares de la civilización que ha hecho posible que el propio Tribunal existiera”.

Por eso, añade De Miguel, la cruz forma parte, incluso, de la base identitaria del no creyente que puede identificarse con la cruz como lo puede hacer con “los símbolos celtas, romanos o griegos que constituyen también los pilares de nuestra civilización”.Escudo de España

Tanto el sociólogo como Navarro Vals han querido destacar que la cruz ha sido escogida como emblema de una de las organizaciones internacionales más respetadas del mundo, la Cruz Roja. “Menudo lío se organizaría si alguien quisiera cambiarle el nombre, a ella o, por ejemplo, a la Media Luna Roja”, señala el profesor de Derecho.

Pero la cruz también está presente en las banderas de Noruega, de Suecia, de Grecia, de Dinamarca, de Malta, de Suiza y de Escocia, sin olvidarse de la española, en cuyo escudo tres cruces presiden sus tres coronas. “Es una muestra más de que la cruz se ha insertado en el código genético de Occidente sin traicionar nada”, apunta el catedrático.



”No obliga a nadie”
Efectivamente, como explica De Miguel, “todos estos símbolos son positivos siempre y cuando no violen los Derechos Humanos. Y el crucifijo no lo hace”.

Al contrario, como recuerda para EL IMPARCIAL Navarro Vals, en 1988 Natalia Ginzsburg escribía en "L'Unità", el diario fundado por el Partido comunista italiano, que “el crucifijo no genera ninguna discriminación. Calla. Es la imagen de la revolución cristiana que diseminó por el mundo la idea de la igualdad entre los hombres, hasta entonces ausente”. Por eso, añade el profesor de Derecho, “junto a su valor religioso, la cruz representa en Occidente toda una serie de valores civiles trascendentales como la tolerancia, la solidaridad y la igualdad”.

Por su parte, el presidente de la Confederación Española de Padres Católicos, Luis Carbonel, ha afirmado que “el crucifijo no obliga a nadie” como sin embargo lo hace “el laicismo del Gobierno” que, según Ignacio Arsuaga, estaría "imponiendo su ideología por la fuerza en una clase en la que el cien por cien de los padres y de los profesores están a favor de mantenerlo porque entienden que es positivo para la educación de sus hijos”.