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Zapatero, por favor, hazle caso a Sonsoles

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
martes 26 de enero de 2010, 21:50h
Es posible que las aparentes dudas manejadas por el entorno de Zapatero sobre su presunta renuncia a presentarse a las próximas elecciones sean una mera maniobra de imagen. Una estrategia de concitar la lástima para recuperar la simpatía hacia un presidente fracasado en la crisis. O para que sus anteriores votantes se sientan huérfanos del buenismo zapateresco y reclamen que el eximio líder no les deje solos.

Pero ya son muchas las fuentes que indican que, en efecto, el dirigente socialista está bastante quemado, donde más duele: en el entorno familiar. Y la definitiva mecha del incendio fue el espinoso (y no va con segundas) asunto de la fotografía de sus hijas en Nueva York y su posterior crucifixión en las redes sociales de internet.

En las decisiones políticas hay que bucear bajo todos los puntos de vista. “Cherchez la femme”, decían en estos casos los clásicos. Pues todo dirigente, español o extranjero, tiene su trastienda psicológica. Felipe González la eludió (la presión familiar) gracias al desprecio manifiesto de su mujer por la apariencia política (aunque luego fuera tentada levemente por ella). Aznar lo hizo gracias a la comilitancia de su esposa, con cargos ahora ejercidos. Pero la esposa de Zapatero, Sonsoles Espinosa, es gente discreta y de canto. O sea, que es de música y no de prosa, y le gusta la ficción operística, como cantar los coros del Trovador-Zapatero, pero no ver a su marido quemándose en la pira. Y ella me entenderá, como lo harán los que han oído algo de Verdi.

Es previsible, por tanto, que la esposa de Zapatero prefiera que su marido dedique sus próximos quinquenios a dar conferencias o a dirigir una Fundación universal sobre la Paz, el Cambio Climático o la negociación con Ben Laden.

Y hay que decir aquí que la esposa de Zapatero, la discreta Sonsoles Espinosa, tendría, de desear este porvenir para su marido, toda la razón. En primer término, por su felicidad familiar y, en segundo, aunque no necesariamente último lugar, por la felicidad colectiva de los españoles.

Cuando alguien es mejor padre de familia que presidente del Gobierno no debe rechazar su destino. Cuando alguien carece de conocimientos sobre la gestión pública, pero adora la predicación sobre la naturaleza humana, no debe enrocarse en la política: más le conviene una orden misionera o, lo que es parecido, una legación de la ONU sobre la pobreza en África. Y ambas cosas son necesarias, abordar los conflictos humanos y dirigir a una nación. Lo que sucede es que no tiene por qué cargar sobre los mismos hombros esta doble e ingente tarea.

Vamos, que Zapatero aliviaría mucho a muchos con una razonable salida del escenario político, lo que, de paso, sería una bendición democrática, pues un jefe de Ejecutivo más de ocho años en el poder es un peligro para la renovación democrática del sistema, como bien vio Aznar, aunque su gesto de renunciar quedase enturbiado por la tragedia prefabricada contra él y contra los suyos.
Sin embargo, Zapatero, como dirigente político, no está exento de una cierta bigamia. Su familia y su partido. En el primer caso, la presión es en su casa y en su cama. En el segundo, en los despachos y en las moquetas. Y hay que recordar que los sillones oficiales se pegan al dorso como sanguijuelas, y que más de uno y más de dos matarían por un coche oficial.

Sonsoles está, en esta batalla, virtualmente derrotada. Zapatero ya no es dueño de su destino, pues el PSOE, al que ha dejado como un desierto de liderazgo al acumularlo él, le necesita patológicamente. Y, además, el propio Zapatero, ha ejercido su cargo de forma mesiánica, como paseando sobre las aguas sin mojarse, y ha tenido un sueño: cambiar España, cambiar Europa y cambiar el Mundo. Y aunque es cierto que cuando cuenta todo esto más bien produce una cierta perplejidad condescendiente, también es verdad que se lo cree, que se cree que va a ganar la Guerra Civil española, que va a cambiar el concepto de familia (menos la suya), que va a salvar al mundo de la hoguera ambiental, que va a salvar a Europa de la crisis gracias al coche eléctrico…

Zapatero parece, por tanto, preso de su destino. Se arrojará en manos de los verdugos votantes para redimirles en su falta de fe, aunque le cueste la crucifixión electoral. Ninguna esposa puede detener este destino, y mira que lo sentimos.
Porque, de verdad, Sonsoles Espinosa tiene toda la razón. Una retirada a tiempo sería inteligente y honrosa. Hazle caso, presidente. Por ella, por tus hijas y por los españoles.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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