Nuevos aires en Honduras
jueves 28 de enero de 2010, 02:20h
La toma de posesión del nuevo presidente Hondureño, Porfirio Lobo, se saldó con una pobre representación oficial extranjera. Sólo unos cuantos países enviaron legaciones al más alto nivel; sirvan como ejemplo la mayoría de estados miembros de la Unión Europea, representados por sus respectivos encargados de negocios. Con todo, hay que señalar que no todos los estados europeos tienen delegación consular en Honduras, por lo que es compresible su no asistencia. Sirva lo anterior para desmontar el argumento de quienes pretenden arrojar dudas en la nueva etapa de Honduras haciendo referencia al escaso entusiasmo que ha despertado su nuevo gobierno.
El golpe de Estado dado por Manuel Zelaya -él es el golpista, por más que el chavismo y el ministro Moratinos quisieran hacer creer lo contrario- sumió al país en una espiral de confusión y violencia que sólo pudo reconducirse con la celebración de las elecciones que ganó Porfirio Lobo. Dichas elecciones fueron limpias y con un alto grado de participación, por lo que no acaba de entenderse el exceso de prudencia de la comunidad internacional a la hora de otorgar un voto de confianza a las nuevas autoridades hondureñas. El propósito de Zelaya no era otro que el de convertirse en un satélite del venezolano Hugo Chávez, con todo lo que ello suponía para el pueblo de Honduras. Por fortuna, sus instituciones -con más sombras que luces, dicho sea de paso- reaccionaron a tiempo, aunque de forma heterodoxa, y evitaron que su país fuera infectado por la demagogia bolivariana, culminando dicha reacción con una jornada electoral en la que la normalidad fue la nota predominante. Por todo ello, Honduras merece una oportunidad. Y dicha oportunidad pasa por que su Gobierno empiece a ser reconocido como tal por la comunidad internacional, empezando por sus vecinos.