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Psicología del amor y del enamoramiento

martes 02 de febrero de 2010, 16:32h
Eros, en la mitología griega, es el más antiguo de todos los dioses porque no tiene ni padre ni madre. Así lo dice Platón en El banquete. Lo mítico esconde siempre una significación profunda y en este caso se sugiere que Eros está en el origen de todo, sería una especie de potencia universal. Existimos por Eros, existimos por amor, aunque a veces sea sólo por amor erótico.

La atracción sexual está ligada profundamente a lo biológico. El amor erótico es pura biología y está más cerca de lo sensorial que de lo sentimental, sería una especie de sentimiento sensorial. Por encima de los sentimientos sensoriales encontramos los sentimientos vitales. Lo vital es fronterizo entre lo biológico y lo psicológico, y es aquí donde encontramos el tipo de amor que llamamos enamoramiento. Cuando estamos enamorados sentimos un revuelo en el pecho, el cuerpo está más ligero, pareciera que pesáramos menos, todo brilla más. Nuestra manera de estar en el mundo cambia, se altera, se trastoca.

En el enamoramiento se produce una idealización masiva de la persona amada. Proyectamos sobre ella todo tipo de virtudes, descubrimos que es un ser perfecto, único y completo. Cuando estamos en su compañía nada nos falta y en su ausencia todo es carencia. Y todo esto se produce sin que apenas conozcamos a la persona amada, por eso es proyección, por eso es idealización, por eso es virtual, por eso es ilusión. Y por eso, alguien ingenioso dijo aquello de que el enamoramiento es un estado psicótico transitorio. El ejemplo literario de ese enamoramiento idealizante-proyectivo, sin rastro alguno de conocimiento, es el de Don Quijote con su Dulcinea, a la que por cambiarle le cambia hasta el nombre, ella era Aldonza Lorenzo. También lo son Romeo y Julieta, que en un segundo, en la primera mirada, sin hablarse siquiera caen fulminados por Cupido. Cervantes mata a Don Quijote, primero, y al hidalgo Alonso Quijano, después, sin haber convivido, el uno, con su amada Dulcinea, y al otro, sin conocer a penas a su Aldonza Lorenzo. Y William Shakespeare, que sabía del poder de la tragedia, suicida a los dos adolescentes en el cenit de su enamoramiento. Pero cambiemos por un momento el final de la historia e imaginemos a Romeo convertido en el marido de Julieta, o a Julieta señora de Romeo Capuleto, y no recién casados sino tras siete u ocho años de matrimonio. Ciertamente, lo que sentirían el uno por el otro sería muy distinto. El enamoramiento es generalmente efímero, y lo hubiera sido así hasta en Romeo y Julieta.

No resulta fácil verlo porque a simple vista parece lo contrario, pero el enamorado no ama al otro, sólo ama la proyección que hace sobre el otro. Ama a un espejismo que él mismo, inconscientemente, recrea. No ama a algo real, sino ideal. Ama a “su” ideal. Lo que ama está más cercano a un yo que a un . Es un amor que no se fundamenta en el conocimiento, es apariencia, es virtual. En la palabra castellana se esconde el sentido de lo que quiero expresar: enamoramiento = en-amor-miento.

Amar es muy distinto a estar enamorado. El amor y el enamoramiento son sentimientos casi opuestos en algunos sentidos. Amas a quien conoces y te enamoras de quien aún apenas conoces. El enamoramiento es emoción pasional, mientras que el amor es sentimiento apacible. El enamoramiento es efímero, transitorio, mientras que el amor tiende a ser duradero y estable. El amor tiene vocación de eterno, el enamoramiento se cree eterno mientras dura. El enamoramiento se parece a los fuegos artificiales, explosivos, brillantes, espectaculares y estruendosos. El amor es como una noche estrellada: silenciosa y serena. Para amar hay que salir de uno mismo, conocer y querer a un otro real, cargado de virtudes y de defectos. Para estar enamorado no es necesario todo eso, es mucho más fácil, ni siquiera hay que salir del yo.

El amor erótico podemos situarlo en el plano biológico, es el primer escalón. El enamoramiento estaría en el segundo escalón, en el ámbito de los sentimientos vitales. El Amor estaría en un tercer escalón, entre los sentimientos psíquicos. Pero los tres amores pueden darse simultáneamente. Hay parejas muy afortunadas que se aman, que además conservan en parte el enamoramiento y que, por si fuera poco, se desean sexualmente. La simultaneidad de los tres amores no es la suma de los tres, el resultado es distinto a la suma de los sumandos. Cuando el erotismo y el enamoramiento se suman al Amor, necesariamente se produce una transformación en ellos. Eros y Cupido crecen en la ausencia y decrecen con la satisfacción y con la presencia. El Amor, sin embargo, es y crece con la presencia. El amor es sentimiento pero también es conocimiento y voluntad. Es un darse que exige renuncia. Es salir del yo, para descubrir un tú y formar un nosotros.
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