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la deportividad y la épica, de moda

El deporte de los caballeros acapara todos los [i]flashes[/i]

sábado 13 de febrero de 2010, 11:11h
El rugby se ha puesto de moda en las últimas fechas. Con el estreno de “Invictus” y la histórica final de Superbowl en Miami, que se convirtió en el programa de televisión más visto de la historia de Estados Unidos, este deporte ha multiplicado sus seguidores convirtiéndose en la estrella de lo que va de año. En febrero se disputa la edición de esta temporada del mítico Seis Naciones, la competición que realza la nobleza, el honor patrio y la deportividad de este juego. Una nueva oportunidad para disfrutar del espectáculo y la pureza del rugby.


Los focos del universo deportivo están filmando en primer plano al rugby desde finales del año pasado. El éxito de público de este deporte, sobradamente demostrado en el extranjero y muy discreto en España, está experimentando un aumento impresionante que no parece tener freno. La repercusión de este juego alcanza cotas muy elevadas en las islas británicas y en Australia, Nueva Zelanda o Sudáfrica, y ha marcado hitos históricos de seguimiento por televisión en Francia en su Mundial. Además, desde el pasado día diez de febrero se está celebrando una de las citas más importantes del panorama deportivo mundial, el Seis Naciones.

Pero sin duda el gran boom mediático del rugby se ha producido el pasado domingo siete de febrero. Ese día se disputó la final de la Super Bowl (de fútbol americano, la variante estadounidense del rugby) entre los Saints de Nueva Orleans y los Colts de Indianápolis. La sorprendente victoria de los primeros fue seguida por más de 106,5 millones de espectadores. La mareante cifra ha supuesto un hito absoluto en la televisión americana, tras superar el seguimiento alcanzado por la emisión del capitulo final de “M-A-S-H” en 1983. Además, lo que ha constituido la sorpresa más notable es que el deporte ganó casi ocho millones de espectadores con respecto a la Super Bowl de febrero de 2009, reflejando el aumento espectacular de los fieles a este juego que ya anunciaba la cadena televisiva americana CBS.


Este gran hito (en cuanto a seguimiento) de este deporte de contacto disfruta del aliño perfecto del estreno de la película “Invictus” de Clint Eastwood, aclamada por crítica y espectadores como una de las mejores del año. La cinta refleja el acontecimiento histórico que define a la perfección el espíritu del rugby. Encuadrada en un Sudáfrica fracturada socialmente por el racismo, el juego del oval fue la herramienta elegida por Nelson Mandela para curar sus profundas heridas. El icono de la lucha africana delegó en el capitán de la selección sudafricana, François Pienaar. Inculcando los valores de pelea y reconciliación necesaria, el jugador construyó un equipo ganador y escribió una de las páginas más memorables de este juego y del deporte en general, uniendo los valores de solidaridad y esfuerzo del rugby y los de una nación que quería crecer en la igualdad.

Además este deporte está de enhorabuena en relación al movimiento olímpico. En el pasado mes de octubre se hacía oficial el retorno del rugby a los Juegos Olímpicos de la mano de la candidatura vencedora, Rio 2016. De esta forma, y tras 92 años de exilio olímpico, este juego volverá a ofrecer el paisaje espectacular de su intensidad, esfuerzo solidario e identificación nacional con medallas de por medio. La propuesta brasileña lo incluyó en su programa en la modalidad de rugby a siete (a diferencia del más extendido de 15 jugadores por equipo). El bagaje histórico de este deporte en los JJOO se limita a cuatro ocasiones, en las que obtuvieron la victoria Francia (1900), Australia (1908), y Estados Unidos (1920 y 1924).

La historia del rugby como actividad a la sombra del fútbol en lo que a seguimiento mundial se refiere se está matizando considerablemente -en la pasada Copa Confederaciones de fútbol el público surafricano prefirió ver el enfrentamiento entre la selección local y un combinado británico de rugby, a disfrutar de Kaká o el equipo de Del Bosque-. El juego de la pelota oval representa valores que están alejados del atleta individual protagonista que persigue y ensalza la publicidad deportiva. Es por ello que los jugadores de rugby no protagonizan las grandes campañas publicitarias que elevan la proyección de un deporte de manera exponencial. Sin embargo, los componentes de las selecciones de este deporte se convierten en ídolos muy cercanos para millones de personas que sienten los triunfos y las derrotas de forma incomparable a cualquier otro deporte. Cada resultado se interpreta en sentido fraternal, como si la victoria o la decepción se hubiera producido en el seno de la familia de cada uno. Esta concepción surge por los valores que enarbola el rugby, alejados de la opulencia individualista.


"Es una mezcla perpetua de individualismo y disciplina, que combina la necesidad de cada hombre de anticiparse y decidir, con la de subordinarse al pensamiento del capitán”. Así definía a este deporte el creador de los Juegos Olímpicos modernos, el francés Pierre de Coubertain, principal culpable de la absoluta implantación de este juego en el adn francés. De hecho, durante el Mundial de rugby disputado en el país galo, la televisión francesa TF1 alcanzó un récord al lograr congregar ante las pantallas a 16,5 millones de personas en el partido entre los anfitriones e Irlanda. También es reseñable, dentro del protagonismo deportivo del rugby, que la afamada selección de los All Blacks de Nueva Zelanda consiguió llenar el estadio milanés de San Siro en su partido de exhibición frente a Italia. Un partido de rugby consiguió lo que no alcanza el Milán o el Inter a lo largo de todo un año, meter a 80.000 personas en su estadio.

El éxito actual de este juego es la culminación de la evolución de uno de los deportes más puros que existen. Definido por un antiguo dicho británico como “un juego de villanos practicado por caballeros” (a diferencia del fútbol, que es un “juego de caballeros practicado por villanos”), eleva su espectacularidad en unos cimientos de respeto al rival, solidaridad en el esfuerzo, deportividad absoluta y el juego en equipo. Muchos son los ejemplos de valores positivos y encuadrados en el movimiento olímpico de este deporte –que cuenta con un listado detallado de leyes de actuación y el denominado “Documento del juego”, que precisa las cuestiones éticas del deporte-, pero destacan dos aspectos por encima de los demás, el “tercer tiempo” (reflejado en las normas del rugby, por el cual tras el partido ambos equipos efectúan un acto de confraternización en el que beben y comen juntos), y la ausencia absoluta de juicios y protestas sobre las decisiones arbitrales por parte de aficionados o profesionales.

La imagen de deporte violento y tosco que durante décadas ha azotado al rugby ha quedado ya obsoleta. El horizonte de este juego se presenta despejado de prejuicios, con la nobleza deportiva por bandera y con el aumento sin parar de espectadores que son seducidos por su pureza ética.

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