Un candelabro
Ricardo Ruiz de la Serna
x
ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
viernes 19 de febrero de 2010, 21:38h
Un artista cuyo nombre olvidaré ha decidido promocionar su obra gracias al prejuicio, el estereotipo y el mal gusto. Todo puede valer en arte, pero no todo es arte. El creador ha alumbrado una obra en que una menorá –el candelabro judío de los siete brazos- brota de la bocacha de un arma de fuego. Muy original, ¿eh? El ingenio desplegado en esta creación revela, sin embargo, ciertos problemas de nuestra cultura.
Por ejemplo, la relación entre el arte, la memoria y la Historia. Una de las obras más famosas del arte romano muestra el botín tras el saqueo del Templo. Entre las piezas identificables, hay una menorá. En ella, queda simbolizado todo el pueblo judío, humillado por las legiones romanas y expulsado de su tierra.
Durante dos mil años, la menorá escuchó el voto que cada noche de Pascua se hace confiando en el futuro y en un Todopoderoso que protege pero a veces se esconde: el año que viene en Jerusalén.
Las pocas menorot (plural de menorá) que sobrevivieron al Holocausto son un recuerdo de lo que el Viejo Continente hizo con los judíos europeos: muchos los exterminaron; muchísimos miraron para otro lado, y unos pocos memorables contribuyeron a salvarlos –o al menos lo intentaron- a riesgo de su propia vida. Los nazis pretendían conservar algunos símbolos judíos –por ejemplo, éste que nos ocupa- como material para estudiar a los infrahumanos.
Hoy, un inmenso candelabro de éstos recibe a quien visita la Knesset, el Parlamento israelí, la cámara de la única democracia libre de Oriente Medio. El Estado judío democrático –sospechoso habitual de quienes nunca preguntan por las víctimas israelíes- discute y decide a la sombra de este candelabro. El escudo del Estado es una menorá flanqueada por dos ramas de olivo.
No se trata, pues, de un símbolo religioso. He visto este candelabro en casas de amigos que sólo creían en Woody Allen pero guardaban el shabat (el sábado) porque ser judío es –dejemos ahora el debate de fondo- acoger una tradición. ¿Acaso no debe respetar y aun admirar todo esto un artista?
Nada hay más fácil que destruir; lo más sencillo hoy es transgredir lo que sea, sobre todo si se trata de lo religioso. El transgresor queda impune porque su acción encierra una suerte de esclavitud: carece de la libertad de crear sin destruir. Cualquiera construye en un solar previamente dinamitado aunque los cimientos puedan resentirse. No hay mérito en la profanación ni en la ofensa: cualquiera puede hacerlo sin necesitar más que el ingenio o aun la habilidad. Creo que el talento es otra cosa.
Un arma de fuego de cuyo cañón brota un candelabro judío. Si esto es arte, la obra de Chillida o de Oteiza tiene que ser otra cosa. Hay que precisar los nombres porque tiene que haber diferencia entre Chikilikuatre y Mahler ¿Lo ven? Cualquiera puede hacer una crítica ácida: la obra del señor que expone en ARCO es como la de Chikilicuatre y el arte es otra cosa… Lo que ocurre es que así no avanzamos. Así, nos convertimos –como esto que se expone en ARCO- más en parte del problema que en parte de la solución.
Querría invitar a este creador –aunque el Único que crea sólo cosas buenas es el Todopoderoso- a visitar Israel. Me gustaría que viese los museos y que viviese allí, en esa tiranía que da asistencia médica gratuita a los palestinos y acoge partidos árabes en su Parlamento. Ojalá pudiese acompañarlo a Abu Gosh, el pueblo árabe cercano a Jerusalén cuyos habitantes se quedaron en Israel y hoy siguen ahí trabajando y viviendo como los judíos capeando el temporal de la crisis que azota el mundo. Si este transgresor fuese, descubriría que pocos pueblos se ríen de sí mismos como los judíos y que ninguno puede ser más transgresor, pero vería también que el judío transgresor y artista se conmueve frente a ciertas cosas como el sufrimiento palestino, el israelí, el español y el de cualquier ser humano. En Yad Vashem podría ver las caricaturas que los judíos pintaron en los campos para contar el horror que las palabras no abarcaban.
Quién sabe. Tal vez este hombre que expone en ARCO estuvo en Israel pero no preguntó por la responsabilidad del liderazgo palestino en la miseria de su pueblo ni por el destino de los fondos europeos ni por Irán ni por tantas otras cosas que, al parecer, no merecen obras de arte ni denuncias comprometidas. Sin embargo, no pierdo la esperanza de que vaya, vea y escuche. Estoy seguro de que, si lo hace sin prejuicios, la menorá –compañera del pueblo judío durante más de dos mil años- brotaría de un lugar más noble y más bello.
|
Analista político
|
ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
|