"Artículos selectos"
La Fundación Santander revela al crítico insobornable de la Generación del 27
martes 02 de marzo de 2010, 11:43h
“Artículos selectos” es la primera antología dedicada al poeta, narrador, crítico y articulista, Juan José Domenchina (Madrid 1898- México D.F. 1959) desde que vieran la luz por última vez sus famosas Crónicas de Gerardo Rivera, seudónimo que utilizó para los periódicos el Sol y la Voz, en México en 1946. Que fuera secretario personal de Azaña, la guerra y el destierro tuvieron mucho que ver en su olvido literario hasta que, ahora, la Fundación Banco Santander y su Colección Obra Fundamental recuperan lo mejor de su crítica literaria insobornable.
Juan José Domechina fue uno de los escritores más ricos y prolíficos que dio la generación del 27, pero también uno de los menos conocidos y más solapados. Un volumen editado por la Fundación Santander que se presenta este martes recupera los artículos de este autor. Con este nuevo volumen, “Artículos Selectos”, de la Colección Obra Fundamental, la Fundación Banco Santander recupera la figura de Juan José Domenchina, poeta, crítico, articulista y una de las voces más olvidadas de la prosa española de la Generación del 27.
A las 19:30 serán Francisco Rico, Antonio Carreira, Amelia de Paz y Javier Aguado quienes presentarán en la Residencia de Estudiantes este volumen que, por primera vez desde la última publicación de Las crónicas de Gerardo Rivera en México (1946), recoge una antología de la obra crítica y periodística que Domenchina escribió para periódicos de tanto prestigio como La Voz o el Sol.
Amelia de Paz, doctora en Filología, lleva estudiando veinte años la obra de Juan José Domenchina y ha sido la encargada de realizar el prólogo y la antología del que fuera secretario personal de Azaña durante un tiempo e insobornable crítico que en el año 1935 alcanzó la culminación de su carrera aún muy joven con la publicación bajo seudónimo de Gerardo Rivera de sus artículos y críticas en la editorial Aguilar.
En palabras de Paz, “no hay medias tintas en su ideario…firmemente establecido sobre la base de dos principios: veracidad e independencia…”. Gabriela Mistral saluda entusiasmada ese “agrio y violento” azote de La Voz que pone en escrito lo que otros no se atreven siquiera a pensar. Uno de sus comentarios a la poesía de San Juan de la Cruz, editada por Salinas, surge como pretexto para que Alberti, Altolaguirre, Cernuda, Guillén, Neruda o Bergamín arremetan en tromba contar él en El Heraldo de Madrid, lo cual originó un movimiento de reacción que organizó un banquete en su honor y en el que figuraron popes de la clase intelectual española de entonces y apoyos confesos como JRJ, Azorín, Ricardo Baeza, Antonio Espina, Antonio y Manuel Machado, Gregorio Marañón, José Moreno Villa, Max Aub o el propio Gómez de la Serna.
Poco antes, la exquisita Signo publicaba sus poesías completas con prólogo y epílogo de Juan Ramón Jiménez (1936) y era nombrado delegado del Gobierno en el Instituto del Libro Español. En abril de 1937 aceptará también la jefatura del Servicio Español de Información arreciando aún más las críticas contra él. En palabras de la prologuista, Amelia de Paz, se convierte “en el paladín de la decencia”, y a los antiguos defensores como Américo Castro, Menéndez Pidal y otros grandes prebostes de la intelectualidad española les obliga a justificar comportamientos. Incluso al propio Ortega diciéndole cosas de este fuste, “no me encocores con monsergas. ¿Pero tú crees, jesuitilla, remedadorzuelo, que nosotros los humildes españoles exentos de tu flamante proclividad turística o ambulatoria, y de tus recursos camaleónicos, padecemos la fea y estúpida costumbre de succionarnos el dedo?”.
Sin duda, fue esto lo que le granjeó gran parte de enfados en los círculos literarios españoles y lo que le dejó entre el olvido de las generaciones del 98 y el 27. En 1939 abandona España y llega a México, donde será acogido por Alfonso Reyes (anterior libro editado en Obra Fundamental) en su Casa de México desde la que tanto ayudó a los exiliados españoles. Ayudará a Ernestina Champourcín, su mujer, a la relación de títulos editados para el Fondo de Cultura Económica, Historia de Europa, desde las invasiones al siglo XVI, de Henri Perenne o Las elegías de Duino de Rilke, por poner algunos ejemplos.
Ediciones de la poesía de Fray Luis de León, Unamuno o sus Cuentos de la Viaje España, las semblanzas entregadas a Las Españas sobre las figuras de Antonio Machado o Unamuno, la trilogía dedicada en Hoy a la figura de JRJ tras su Premio Nobel o El extrañado, su legado poético son algunos de sus trabajos más notables, antes de morir el 27 de abril de 1959 en México D.F.
Antología de artículos selectos
Esta antología, de la que Amelia de Paz afirma que es la primera antología de Domenchina desde 1946, reúne lo que podría ser sólo un quinto de su obra y se da exclusivamente a sus críticas y artículos literarios.
Poesía, narrativa, historia, creación, crítica, oficio literario, la cultura, personajes insignes de la literatura española y extranjera, todo tiene cabida en la prosa vigorosa, cortante y a veces algo barroca de Domenchina. Marcel Proust, Goethe, La montaña mágica de Mann, la María Antonieta de Zweig, Kipling, Dostoiewski, Joyce o Elliot; la poesía de Jorge Guillén, Salinas, Alberti, León Felipe, Rubén Darío, y otros tantos nombres egregios de la literatura van pasando por las páginas de este volumen.
Cabe destacar por ejemplo, ahora que se cumple el centenario del nacimiento de Miguel Hernández (y como ejemplo de las virtudes de Domenchina como crítico sobresaliente y profético) entre loas continuas a la entidad del poeta, el artículo que le dedica al de Orihuela en un momento en el que todavía era un desconocido. En Anunciación y elogio de un poeta califica al vate como “soberbio y absorbente cantor”, terminando su artículo afirmando que “por lo que ya es Miguel Hernández y por la significación latente de su numen, me cumple escribir, sin reservas ni atenuaciones, el elogio de este singular poeta de España”.
O por qué no, entresacar también de su crítica sobre La destrucción o el amor (1934) de Vicente Aleixandre su defensa a la hora de oír forzosamente a un poeta como éste, que consigue, en su poemario “una arrebatada y arrebatadora lección de belleza”.
A Gerardo Diego le tilda de “complejo y original lírico” en su crítica Es un poeta janicéfalo. De Alberti y su poesía surrealista de Sobre los ángeles atisba que “en las pizarras, en las cañerías, en las carboneras, en los escombros, es, sin duda, donde están los ángeles. Y Alberti los caza con diabólica destreza”.
Otra cualidad que se advierte gracias a este libro revelador es la capacidad de análisis, detalle y el fondo lector de Domenchina en, sin ir más lejos, un artículo de Ortega sobre Goethe, en el que trae a colación la frase feliz del genio alemán, “cada uno gira en torno a su propio peso, sin premura, pero sin descanso, como las estrellas”, advirtiendo la transformación lectora que hace Ortega de esa frase, apropiándosela con su propia impronta, “hay que ir sin prisa y sin pausa, como la estrella”.
Estas son algunas de las bondades literarias que se pueden leer a lo largo y lo ancho de esta antología que rescata, por primera vez desde 1946, las reseñas, críticas, artículos y breves ensayos que colocan a Domenchina en el escalafón literario y crítico que merece.
Entre los próximos lanzamientos que está preparando la Colección Obra Fundamental debemos destacar lo mejor de la prosa de Fernando Vela, las crónicas y poesías de Juan Chabás o los artículos de Agustín de Foxá, entre otros, dentro de esta labor incansable de recuperación literaria en la que está embarcada la Fundación Banco Santander.