Mundo salvaje: Carta de Rato a la abuela
martes 02 de marzo de 2010, 17:26h
Sonaba el antes conocido como Cat Stevens: “Yes, I'm being followed by a moonshadow”. Nadie canta como Cat Stevens, quiero decir con una voz tan personal. Nadie excepto, quizá, Roy Orbison, pero no es este el debate que nos ha de ocupar hoy. Sonaba, digo, el converso Yusuf Islam: “moonshadow, moonshadow”. Entonces entró papá con el correo y le entregó una carta a la abuela: “esta es para ti”- dijo. La abuela abrió su correspondencia y se puso a leer. Yo, espiando con el rabillo del ojo, solo alcancé a ver el nombre del firmante, y me quedé helada: Don Rodrigo de Rato y Figaredo.
Me pregunté qué se traería mi nonagenaria abuela con Rato. Rápidamente descarté que el ex ministro ambicionara la fortuna familiar. En primer lugar, porque adolecemos de cosa tal y, en segundo, porque creo que Don Rodrigo ya va bien servido de posibles. Después de darle vueltas al asunto, decidí aparcar mi recelo y darle una oportunidad: si la abuela es feliz con él, quién soy yo para ponerle diques a su amor. Al fin y al cabo, Rato es un buen partido y, a pesar de que salió del FMI precedido de cierta fama de vaguete, no ha tardado mucho en hacerse con la vicepresidencia de Iberia y la presidencia de Caja Madrid.
Aquí me gustaría hacer un paréntesis para reparar en este dato, que me hizo reflexionar hondamente sobre lo mal repartido que está el mundo. Mientras gente como Rato se llena los bolsillos por rascarse la barriga, pobres como Camps viven con 900 euros en la cuenta y un coche de 15 años. Como dice El Roto: en la calle empieza a haber hambre, y encima cierran El Bulli.
Pero volvamos al tema que nos preocupa. Rato es hombre poderoso y, si bien confieso que me sorprendió que la abuela eligiera como compañero a un señor de derechas, bien es cierto que Don Rodrigo exhibe maneras más refinadas que las de sus agrestes ex compañeros Aznar y Aguirre. Así pues, decidida a desprenderme de mis prejuicios primarios, me disponía a felicitar por la buena nueva a la 'abueli' (así suelo llamarla yo); cuando de repente, y siempre por casualidad, cayó en mis manos la carta de la polémica. El hecho de que llevase impreso el membrete de Caja Madrid me desconcertó un poco. Sin embargo, no quise adelantarme a los acontecimientos y decidí leer hasta el final. Completada la lectura, fui plenamente consciente de mi error y, aunque entonces quise negarlo, he de admitir que suspiré aliviada.
Sonaba Cat Stevens. Sonreí. Subí el volumen: “oh, baby, baby, it's a wild world”.