La polémica que iniciara la FIFA con el veto a los mensajes religiosos en las camisetas de los jugadores que disputen el Mundial de Sudáfrica, ha vuelto a saltar a escena esta semana. El balompié italiano ha empezado a aplicar la ley anti-blasfemias que expulsa a todos aquellos deportistas que pronuncien el nombre de Dios en vano. La organización del calcio ha castigado a un futbolista y un entrenador de la primera división con un partido de suspensión tras ser sorprendidos blasfemando en televisión. Esta medida usa la discutida prueba televisiva tras finalizar los partidos.

El universo futbolístico siempre ha contado con pinceladas religiosas en los estadios, clubes y profesionales que lo conforman. Desde los inicios del balompié, cientos de futbolistas se
santiguaban antes de salir al terreno de juego pidiendo ayuda divina. También los entrenadores han incluido a las deidades en sus agradecimientos cuando cosechaban triunfos. En los últimos años algunos jugadores
señalaban al cielo en señal de gratitud ante un gol anotado e incluso se han colocado camisetas interiores con mensajes religiosos. Pero en ocasiones lo sacro ha sido incluido en expresiones insultantes o de rabia ante algún contratiempo deportivo. Ha sido este último punto el desencadenante de la polémica en el calcio italiano en las últimas semanas.
A principios del presente año el presidente del
Comité Olímpico Italiano (CONI), Gianni Petrucci, alentó a los máximos dirigentes del fútbol transalpino a revitalizar y hacer efectiva una norma en desuso: la
ley anti-blasfemia, que decreta la expulsión a todo aquel que profiera alguna blasfemia en un estadio de fútbol.
Petrucci explicaba que no era de recibo ver como futbolistas y entrenadores se santiguaban al comienzo del encuentro y reaccionaban con palabras injuriosas a Dios o la Virgen en cuanto que el árbitro señalaba algo contrario a sus intereses. Esta petición fue escuchada y puesta en práctica por la
Federación Italiana de Fútbol (FIGC), que ha expresado que la
FIFA incluye a las blasfemias en su artículo 12 del reglamento, relativo a los “
comportamientos ofensivos”. Su máximo dirigente,
Giancarlo Abete, ha comentado que la norma tiene como fin último
“dar ejemplo a los jóvenes” y “mejorar el nivel de los comportamientos de los deportistas”.

La polémica, sin embargo, surgió con la superestrella transalpina
Gianluigi Buffon como protagonista. El guardameta de la Juventus y la selección azzurra fue sorprendido blasfemando en una repetición de la retrasmisión televisiva. El vídeo fue analizado por expertos en
lectura de labios que no pudieron determinar su a uno de los mejores porteros del mundo se le escapó una blasfemia.
Buffon finalmente reconoció haber usado el nombre de Dios en vano y se disculpó alegando que “
el deporte profesional crea a veces situaciones de presión que pueden hacer perder la lucidez”. Pero el debate sobre la norma anti-blasfemia ya se había desatado, ya que el vídeo del guardameta se convirtió en uno de los más vistos en los programas deportivos italianos.
La norma establece que un futbolista o entrenador será expulsado con tarjeta roja si el árbitro le escucha profiriendo alguna injuria a Dios, la Virgen o los santos. Además se podrá utilizar la ayuda de la retrasmisión televisiva para sancionar, posteriormente, al deportista blasfemo. Esta segunda opción es la que se discute con mayor fiereza en Italia y la que ha provocado la primera expulsión por ofender a Dios en un estadio de fútbol. El entrenador del
Chievo Verona, Mimmo Di Carlo, ha sido sancionado con un partido de suspensión porque el “
juez deportivo”-figura italiana encargada de revisar las jugadas sancionables en video- le acusó de blasfemar tras sufrir la expulsión de un jugador de su equipo. El uso de la prueba televisiva para sancionar a un jugador o entrenador es una práctica novedosa que cuenta con defensores (por su efectividad) y detractores (que consideran que lo que no se arbitre durante el partido no se puede arbitrar después).

Pero esta norma en defensa de lo divino, que castiga a todo aquel que insulta a Dios o la Virgen, también censura las expresiones favorables a la fe religiosa. La tercera vertiente de la ley prohíbe llevar o enseñar mensajes de carácter religioso a los futbolistas. Ningún jugador podrá dedicar su gol a ninguna deidad con una camiseta interior. Los mensajes que
Kaká hiciera famosos en las celebraciones de sus goles, seguidos últimamente por el también brasileño del
Stuttgart Cacau o el italiano
Legrottaglie, han sido censurados en el calcio como ya hiciera la
FIFA de cara al
Mundial de Sudáfrica.

Este veto a la manifestación pública de la fe religiosa, publicada en 2007, fue justificada por
Andreas Herren, portavoz de prensa del máximo organismo regulador del fútbol, de la siguiente manera: “
por respeto a todas las religiones, lo que para unos es valioso y sagrado, para otros es una provocación, esa regulación es el método más sencillo de prevenir problemas en el fútbol”. Además, Herren alegó que "
las sectas podrían utilizar el fútbol como publicidad", por lo que lo religioso quedará suprimido del fútbol en el próximo campeonato de Sudáfrica, en el que se darán cita casi todas las religiones mayoritarias del planeta. Si un futbolista muestra algún elemento relativo a su fe, la sanción golpeará a su club o selección, no a él en particular.
La
FIFA expresó el respeto por las diversas creencias enmarcándolas en el nivel personal del individuo, e incluso mostró su buena intención, tras establecer dicha prohibición, colocando una sala de oraciones en su sede de Zurich. Lo religioso, aceptado tradicionalmente en el deporte, está siendo desplazado de los estadios de fútbol. El balompié actual se está separando de lo divino a través de normativas oficiales y prácticas (como la prueba televisiva) que algunos consideran impropias del deporte. La polémica en torno a este tema parece no tener fin.