Acaba de publicar su cuarta novela "Dime quién soy" (Plaza&Janés) tras lograr un éxito arrollador con sus trabajos anteriores. La fama no evita, sin embargo, que Julia Navarro continúe exigiéndose al máximo para dar lo mejor de sí misma a unos lectores con los que mantiene una relación "mágica", en palabras de la autora. En esta ocasión, da un giro a la temática de sus libros para relatar la apasionante vida de unos personajes sumidos en los avatares de la historia del siglo XX.
Para contar la historia del siglo XX ha hecho viajar mucho a los personajes de su novela.Creo que no se puede contar esa parte de la historia si no hablas de ciudades como Berlín, París o Londres, escenarios de gran importancia cuando nos referimos a la II Guerra Mundial o a la Guerra Fría. Mis novelas son viajeras y, en esta ocasión, para tratar acontecimientos que han tenido lugar en el convulso siglo XX, no he tenido más remedio que echar la vista a todas esas ciudades.
¿Ha hecho comprensible aquellos años?La historia es fundamental que la conozcamos para no repetir errores. Nunca me ha parecido que su conocimiento pueda resultar una carga pesada, sino todo lo contrario. En esta novela escribo historias inspiradas en la tragedia de este siglo que me conmueven y me tocan el alma.
Como la de su protagonista, Amelia.En realidad Amelia no es la protagonista. Es una novela sobre cinco hombres cuyas vidas confluyen en ella. A través de las vicisitudes por las que pasan he podido contar la historia del siglo XX. Gracias a Santiago, el marido de Amelia, relato el final de la II República; Pierre me sirve para describir lo que significó la Revolución Soviética y el estalinismo; con Albert James sitúo la escena en la Europa de entreguerras; con Max hablo de la II Guerra Mundial; y, por fin, con Friedrich cuento lo que fue la Guerra Fría. De manera que he tratado de narrar la historia de varios hombres cuyas vidas nunca habrían tenido ningún punto en común salvo Amelia.
¿Qué importancia han tenido en su relato los testimonios familiares?Para reconstruir el Madrid de la posguerra he echado mano de algunos recuerdos que escuchaba a mi abuela sobre cómo se vivía, la miseria que había, las dificultades por las que se pasaban y la tragedia de las familias rotas. En fin, todo aquello que escuchaba de niña me ha servido mucho para rescatar esas anécdotas de la memoria y situar a los personajes en la España de posguerra.
Ha dicho que su novela es una obra contra los totalitarismos pero hay también una búsqueda incesante de la identidad. ¿Es así?Considero que es un grito contra el estalinismo, el nazismo y el fascismo. En mi opinión, es una novela claramente contra los totalitarismos, dado que el siglo XX ha sido una etapa muy sangrienta en la que se ha escrito la página más negra: la del auge nazi y los campos de exterminio. Me impresiona tantísimo que haya podido suceder una cosa así que, cuando escribo, me siento en el compromiso de recordar aquello. En cuanto a la identidad, más que una búsqueda de la identidad de los personajes diría yo que es la búsqueda de la identidad de un siglo terrible que ha dejado cicatrices en todas partes.
Amelia se debate entre su vocación política y su vida familiar. De haber sido un hombre, ¿también habría tenido ese dilema?Para ella es importante el peso de la familia pero también para los hombres que describo en el libro. Creo que no nos podemos explicar sin nuestro entorno familiar.
¿Cree que llega a perder el control de su vida en algún momento?Es una mujer que intenta retomar las riendas de su vida pero nunca lo consigue. Vive en una huida permanente y atormentada por el peso de la conciencia por cometer errores que ella misma no se perdona. Creo que he escrito un libro en el que los personajes no se perdonan las decisiones que toman y los pasos que dan, así que el peso de la conciencia está muy presente.
Cada capítulo lleva el nombre de un hombre, entre los que no está el hijo de Amelia, Javier, a quien abandona.Javier es un sueño, el dolor que ella llevará clavado toda su vida en el alma y del que nunca se curará.
Le preguntan mucho por qué no describe escenas eróticas. ¿Le sorprende?Creo que escribir una escena erótica con talento y elegancia no es fácil. No lo hago porque no me sale y así dejo que cada lector se imagine lo que quiera. Me parece innecesario tener que relatar lo que pasa dentro de la habitación de mis personajes.
¿Le agrada que sus personajes sean para sus lectores alguien siempre distinto?Claro. Lo maravilloso de un libro es que cada lector le pone los colores a lo que escribes. Es algo que siempre digo a los jóvenes cuando se sientan delante de la televisión y ven lo que alguien ha coloreado para ellos. Un libro, sin embargo, te invita a que dejes volar la imaginación.
En este caso, tratándose de un relato sobre la Guerra Civil, serán muchos los que vean en Amelia a sus madres o abuelas.Creo que muchas personas van a sentir esta novela muy cercana porque trata de un tema doloroso del que todos tenemos memoria.
¿Se ha exigido más por el hecho de escribir sobre la Guerra Civil?Sí. Me resultaba más difícil porque creo que la mayor tragedia a la que se puede enfrentar un pueblo es una guerra civil. Me estremece pensar que hace no tanto tiempo padres han luchado contra hijos y hermanos contra hermanos, y que este país estaba partido por la mitad. Sales a la calle, miras a tu alrededor y no te explicas que una brutalidad así haya pasado. He abordado ese tema con cuidado, con emociones encontradas y mucha cautela. Al final, lo que he hecho ha sido describir la historia de una familia que puede ser la de cualquiera.
Dicen que es muy exigente. Con los millones de lectores que la siguen, ¿teme defraudar?Sí, tengo un enorme sentido de la responsabilidad y no, no quiero defraudar a mis lectores. Han sido muy generosos conmigo al convertir mis libros en éxitos, así que a la hora de publicar me pregunto si les va a gustar y qué van a pensar, sobre todo porque esta novela es un punto y aparte respecto a las anteriores.
Ha dicho que es su novela más personal. ¿Qué significa?Que es una novela más emocional en la que no se trata de dejar volar la imaginación, sino de escribir una historia de nuestra historia.
¿Tiene idea de qué escribirá después?Tengo la idea de la próxima novela pero no me voy a poner todavía a escribir. Voy a dejar que pase un tiempo para que descanse la mente, así que hasta finales de año no me volveré a sentar delante del ordenador.
Una curiosidad. Cuándo entra en una librería, ¿le gusta observar a quien se detiene en sus libros?(Risas). Cuando entro a las librerías casi ni miro dónde están mis novelas porque me da cierto pudor. Tengo mucha confianza en “Dime quién soy” porque creo que es un buen trabajo, así que espero que en esta nueva etapa los lectores también me sigan.