La batalla antidopaje del ciclismo enfrenta también a equipos y corredores
jueves 01 de abril de 2010, 10:12h
El deporte de la bicicleta ha sufrido en grado sumo la lacra del dopaje en las últimas décadas. El dramático final del campeón italiano Marco Pantani, el destape del caso Festina con los “asaltos” a ciclistas en el Tour de Francia y las últimas sanciones que han golpeado a los corredores más destacados, han obligado al recrudecimiento de la lucha contra los tramposos que enturbian la imagen de esta heroica actividad. Pero esta semana se ha producido un histórico punto de inflexión en esta guerra: un equipo ha denunciado a uno de sus ciclistas –suspendido por dopaje- y le ha obligado a indemnizar a la entidad con 100.000 euros. El triste protagonista es el español Manolo Beltrán y su ex equipo, el Liquigas italiano. La justicia transalpina abre un nuevo camino a seguir para derrotar la lacra de este deporte.
El ciclismo es uno de los deportes que requieren un grado máximo de esfuerzo y sacrificio para alcanzar el profesionalismo. Sin embargo, la proporción entre la dedicación que exige y la recompensa que recibe el ciclista no es ni mucho menos equilibrada. En esta actividad los grandes sueldos corresponden a los que ganan alguna de las tres grandes carreras -Tour de Francia, Giro de Italia y Vuelta a España- o a los que consiguen muchas victorias de etapa -como Mario Cipollini, Erick Zabel o Mark Cavendisk-. Debido a esta descorazonadora realidad hay muchos profesionales que todavía no han dado el salto a campeón de gran carrera o que por edad, están progresivamente cediendo su lugar a los jóvenes, que recurren a las sustancias dopantes para alcanzar el premio económico y la gloria deportiva.
El descontrol de antaño ha provocado que el dopaje en el ciclismo alcance cotas esperpénticas, con corredores que se inyectan sangre en forma de autotransfusiones. El terrible problema fue descubierto en la década de los 90 y desde entonces la lucha inicial se ha convertido en una guerra a los tramposos. Desde que en los días previos al comienzo del Tour de 1998, la policía francesa arrestara a un camión cargado con productos dopantes en la localidad francesa de Nauville-en-Ferain, los organismos ciclistas han multiplicado los planes contra el dopaje y los escándalos. En aquella carrera, marcada por el “caso Festina” en el que se detuvo a toda una organización ciclista con registros y arrestos nocturnos, se comenzó a tomar verdadera constancia del drama del dopaje en el ciclismo.
La legalidad en los países con competiciones y equipos ciclistas endureció la reglamentación en torno al dopaje de manera ostensible. En España se aprobó en noviembre de 2006 una ley contra el dopaje que contempla sanciones no solo a deportistas, sino también a los inductores, sin excluir las penas de cárcel. En 2008, el Tour decidió que los controles antidopaje –cada vez más frecuentes- fueran responsabilidad de la Agencia Francesa de Lucha contra el Dopaje (AFLD) y no de la UCI. Además, el seguimiento a los corredores es exhaustivo durante todo el año, se les requieren controles rutinarios y sorpresa.
La mecánica sancionadora en este deporte golpea primero al corredor dopado, y tras él, casi siempre se enfoca a los médicos del equipo e incluso a los directores. En otros casos el equipo expulsa automáticamente al ciclista y le da la espalda en cuanto a la sanción posterior. Sin embargo esta inercia se ha interrumpido en el histórico caso de Manolo Beltrán y el Liquigas italiano. En el Tour de Francia de 2008 el corredor español dio positivo por el uso de EPO -la sustancia dopante del ciclismo por excelencia-, y fue sancionado con dos años de inhabilitación. Inmediatamente después, el equipo italiano quiso dejar claro que la responsabilidad era por completo de Beltrán, ejecutando la histórica demanda a su corredor por daños y perjuicios a la imagen de la escuadra ciclista. Liquigas, que pidió medio millón de euros y ha conseguido una indemnización de 100.000, ha marcado un punto de inflexión en lo que a lucha contra el dopaje se refiere. Se ha desmarcado totalmente del corredor al ser sancionado, y además ha castigado el error del ciclista con una demanda. Esta sentencia del Comité de Arbitraje de la Federación Ciclista Italiana abre una nueva perspectiva a las organizaciones ciclistas.
La historia negra del ciclismo actual La muerte de Marco Pantani en extrañas circunstancias, la descalificación y sanción posterior al campeón del Tour de 2006, el estadounidense Floyd Landis, y la expulsión del Tour en 2007 de dos de sus máximos favoritos, el danés Michael Rasmussen y el kazajo Alexandre Vinokourov –dio positivo en dos ocasiones-, han sido los últimos golpes terribles a este deporte tan castigado. Sin embargo el punto de inflexión en este turbio mundo lo marcó la “Operación Puerto”. En esta trama, la mayor de la historia en el deporte y que sumió al ciclismo en una grave crisis, fueron sancionados el campeón del Giro Ivan Basso, Scarponi y Caruso en Italia, y Jorg Jaksche en Alemania. En la red de dopaje, controlada por el médico Eufemiano Fuentes, también fueron implicados el campeón del Tour Jan Ullrich y algunos de los españoles más destacados: Oscar Sevilla, Francisco Mancebo y Ángel Vicioso. Incluso el actual campeón de la ronda española Alejandro Valverde ha sufrido una sanción de dos años sin correr en Italia, ratificada por el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) que da la razón al Comité Olímpico Italiano (CONI) cuando relaciona a Valverde con la “Operación Puerto”.
La década de los 90 y comienzos del nuevo milenio ha representado una época negra para este deporte, que veía como sus grandes estrellas caían en sanciones por dopaje, y a la vez el desarrollo de la guerra a los tramposos. En 2008, año en que fue sancionado Manuel Beltrán, el secretario de Estado francés para el deporte, Bernard Laporte, dio una de las claves en torno al engaño en el ciclismo: "Beltrán es de la vieja escuela y para esa generación el dopaje formaba, por desgracia, parte de sus vidas". La generación de la que habla Laporte incluye al siempre sospechoso Lance Armstrong. En los años posteriores a sus victorias en la ronda gala, gran parte de los compañeros que endurecían la carrera para ponérsela a placer han caído por dopaje. Antes que Beltrán, escudero del americano, cayeron el estadounidense Tyler Hamilton, positivo en la Vuelta a España de 2004, el español Roberto Heras, cazado en la de 2005, y el también estadounidense Floyd Landis, positivo tras su triunfo en el Tour de 2006.
Sin duda todos ellos son nombres de un ciclismo oscuro, de otra época, en la que las carreras se preparaban de otra forma, jugando con las sustancias dopantes para tratar de pulir la fórmula del resultado deportivo y evitar el control. El ataque del Liquigas a su corredor descalificado quizá marque la senda del nuevo ciclismo. La senda de nombres como Alberto Contador o los hermanos Schleck, de la juventud que necesita un deporte muy castigado en décadas pasadas. Como homenaje a este deporte, he aquí uno de los ciclistas más espectaculares de la historia