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Y en estas reapareció Gallardón

martes 06 de abril de 2010, 00:34h
La Semana Santa no parece haber acabado para todos. No para del PP, desde luego, que afronta estos días su particular “semana de pasión” con el levantamiento del secreto -es un decir- del “caso Gürtel” y la millonaria fianza de Matas. Es un momento especialmente delicado para el partido que preside Mariano Rajoy, quien puede sufrir un considerable desgaste según vayan desencadenándose los acontecimientos. Lo que necesita ahora el PP no son precisamente sobresaltos internos, sino cohesión entre sus filas y unidad de acción. Premisas éstas últimas con las que nunca se ha sentido identificado el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, quien se descolgaba ayer lunes con unas declaraciones en las que afirmaba que iba a pedir a Manuel Cobo, actualmente suspendido de militancia del PP por sus críticas públicas a Esperanza Aguirre, que vaya en la candidatura de su partido para las elecciones municipales.

Habrá quien piense que Gallardón ha tenido el don de la inoportunidad con semejante anuncio en un momento tan crucial para su partido, pero no es así. El regidor madrileño domina como nadie el tempo político y es perfectamente consciente de lo que dice y cuándo lo dice. Marca su territorio y, fiel a su particular estilo “outsider”, aprovecha cualquier ocasión que se le presenta para enarbolar su propia bandera en lugar de la del PP. Y ahí está precisamente su error. A Gallardón, por lo demás una de las cabezas mejor amuebladas de la derecha española, no le pierde su ambición, algo desmedida, eso sí en su caso, aunque consustancial en todo político, sino su total egocentrismo. Por mucha valía personal que tenga, Alberto Ruiz Gallardón es quien es gracias a las siglas que tiene detrás, y a las que debería mostrar más fidelidad. Ese es uno de los motivos por los que despierta tantos recelos entre los suyos; Gallardón no sirve al PP, sino que se sirve del PP. Aunque en este caso, parte de la responsabilidad la tiene Rajoy por no haber sancionado con la contundencia que merecían los insultos de Cobo a su presidenta regional. Si el líder nacional le tolera, el municipal se crece y se ve fuerte para seguir haciendo de las suyas. Por el bien del PP, sería deseable que Rajoy dedicase un momento a algo que, pese a parecer un asunto menor, puede dar la verdadera medida de su liderazgo al frente de los populares.
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