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Patrimonio de la Humanidad

Cuenca y sus Casas Colgadas

viernes 09 de abril de 2010, 15:50h
Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Cuenca fue esculpida sobre la piedra caliza, en lo alto, protegida, custodiada por el Júcar y el Huécar, imponente; aún con posibles orígenes remotos, fueron los árabes quienes impulsaron por vez primera a la ciudad que también vio de cerca la legendaria guerrilla del Empecinado; hoy son sus museos de la Ciencia y de Arte Abstracto, o su condición de ciudad universitaria lo que la convierten en sede de la cultura; mientras, el metálico puente de San Pablo nos enseña sus emblemáticas, pintorescas e inolvidables Casas Colgadas...
La capital de la provincia homónima, situada en el centro geográfico de la provincia, es también su centro administrativo, político y cultural. En la confluencia de los ríos Júcar y Huécar, en la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, Cuenca se encuentra a mil metros de altitud sobre el nivel del mar.

Después de la crisis de su sector textil, la industria perdió importancia. La elaboración de quesos, el trabajo sobre la madera y el mimbre, la industria farmacéutica y del caucho, y el turismo son actualmente la base de su economía.

Los orígenes más antiguos se refieren a Anitorgis, Sucro y Concava como primitivos nombres de la ciudad. También se ha hablado de que fue la capital del feroz pueblo de los concanos, que se mantenían alimentándose de sangre de caballo mezclada con leche.

Pero con certeza se sabe de Cuenca desde el año 784, cuando se tiene noticia de que existía la alcazaba de Kunka, plaza fuerte construida por los árabes aprovechando su privilegiada posición, con la defensa natural que suponen las hoces del Júcar y el Huécar, y la seguridad que otorga la altura.

Fue en el siglo XII cuando las tropas cristianas tomaron la población, estableciendo en ella una sede episcopal. La ciudad creció demográfica y económicamente durante los siglos XV y XVI, con la explotación forestal, las telas, las armas y el papel como principales elementos de crecimiento.

Con la invasión de las tropas francesas en 1808 Cuenca fue saqueada e incendiada por el ejército napoleónico de Moncey, para después ser recuperada por la guerrilla del Empecinado y el regimiento de cazadores de Cuenca. Es en 1855 cuando llega el ferrocarril, hito histórico, dados los múltiples problemas y las grandes carencias que ha arrastrado siempre en sus comunicaciones. La ciudad, que sería asaltada en el transcurso de la tercera guerra carlista, sería republicana durante toda la Guerra Civil española.

A lo largo del siglo pasado se fue consumando el traslado a la parte baja de la ciudad del centro económico y social de Cuenca. Mientras su parte alta se convertía en testimonio del pasado, la ciudad moderna se extiende por la llanura, alrededor de los campos cultivados en torno al antiguo Camino Real.

A través de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, ubicada en el antiguo edificio de Carmelitas en la parte vieja de la ciudad, se celebran en Cuenca múltiples cursos, seminarios y encuentros de las más variadas disciplinas científicas y humanísticas. La Universidad de Castilla-La Mancha y la UNED tienen también su sede en Cuenca.

La ciudad vieja
Los ríos Júcar y Huécar rodean el rocoso y empinado conglomerado sobre el que se asienta la ciudad medieval. Llegamos a la parte antigua de la ciudad a través del puente de la Trinidad, sobre el río Huécar, entre restos de la muralla medieval. Empezamos a subir, y nos encontramos primero con el edificio Palafox, antigua posada y actual sede de la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE), después con el edificio de la Audiencia Provincial, y más tarde con la antigua puerta de San Juan o de Al-Jara, una de las nueve puertas del recinto amurallado; junto a ella, la torre del mismo nombre, lo único que queda de la vieja iglesia parroquial.

Si nos encaminamos a la izquierda llegamos al antiguo barrio del Alcázar, pasando por la plaza del Carmen y Zapaterías, para llegar a la torre de Mangana, construida sobre la explanada en la que se elevaba el antiguo alcázar árabe. Frente a ella, el moderno monumento a la Constitución. Volvemos a la Puerta de San Juan para continuar ahora de frente por la calle Alfonso VIII, y llegar a la iglesia de San Felipe Neri, del siglo XVIII, obra de José Martín de Aldehuela, con decoración rococó en su interior. Detrás, la iglesia de San Andrés, que alberga los pasos procesionales de Semana Santa. Más adelante, otros dos edificios dignos de reseñar, el palacete de los Clemente de Aróstegui y la casa del Corregidor.

La subida continúa, y alcanzamos la Anteplaza; el callejón de la izquierda conduce a la Plaza de la Merced. Aquí se encuentra la iglesia del mismo nombre y el seminario de San Julián, construcción del siglo XVIII. Uno de los principales y modernos atractivos de la ciudad también lo hallaremos en este lugar: el Museo de la Ciencia de Castilla-La Mancha, de los más importantes de todo el Estado de los dedicados al mundo de la ciencia.

De nuevo en la Anteplaza, los tres arcos del Ayuntamiento nos conducen a la Plaza Mayor, centro neurálgico de la ciudad, en donde encontramos la Casa Consistorial, edificio barroco del siglo XVIII, la Catedral, y el Convento de Religiosas Justinianas o Las Petras, del siglo XVI.

La Catedral de Cuenca, 'dedicada' a Nuestra Señora de Gracia, presenta una extraña mezcla de estilos y elementos. Comenzó a construirse a finales del siglo XII, en plena transición entre románico y gótico, pero fue modificada después con elementos renacentistas, barrocos... Su fachada actual es de estilo neogótico, y su actual altar mayor fue proyectado por Ventura Rodríguez en 1752 y construido con mármol de la serranía de Cuenca y de Carrara (Italia). La más importante de sus cuarenta capillas es la de los Caballeros, fundada en el siglo XIII y reconstruida en el Renacimiento.

Retomamos nuestro camino por la calle de San Pedro; a ambos lados, las bonitas vistas de las hoces del Júcar y su afluente, el Huécar. Aparecen las ruinas de la iglesia de San Pantaleón, que fue la primera de la ciudad, construida en el siglo XIII, hoy acondicionada como jardín público. Pasamos después cerca del tranquilo rincón que es la Plaza de San Nicolás, el antiguo Colegio de Jesuitas y la fachada de la Cofradía de la Epifanía. Al final de la calle llegamos a la Plaza del Trabuco, donde se encuentra la iglesia de San Pedro, de origen gótico, pero reconstruida en el siglo XVIII por José de Aldehuela.

Por fin, nos detenemos ante el Castillo. El primitivo castillo árabe de la ciudad fue utilizado más tarde por los reinos cristianos, para que en 1575 se construyese un nuevo edificio como sede de la Inquisición de Cuenca. Antes de convertirse en el Archivo Histórico Provincial fue también cuartel y cárcel militar. Aquí nos encontramos también con la puerta de Bezudo o del Castillo.

Desde aquí podemos bajar hasta la ermita de las Angustias, paseando por la Ronda del Júcar, con vistas a la playa artificial del río, por una fuerte pendiente que acaba en la plazoleta donde se encuentran la citada ermita, de estilo barroco, y el antiguo convento de los Franciscanos Descalzos, del que se conserva la portada y la cruz del Convertido.

De nuevo en la Plaza del Trabuco se nos presenta la opción de regresar a la Plaza Mayor en esta ocasión por la Ronda de Julián Romero o del Huécar. Este camino comienza en la actual sede de la Universidad Menéndez Pelayo, antiguo convento de las Carmelitas Descalzas. Mientras disfrutamos de las bellas vistas sobre el Huécar, llegamos primero a la Posada de San José, y más tarde, junto a la Plaza Mayor, a la iglesia de San Miguel, de origen románico.

Continuamos nuestro recorrido por la calle Clavel y la calle Obispo Valero, pasando junto al Palacio Episcopal. Seguimos, dejando a nuestro lado los museos Arqueológico y Diocesano, para acceder a la Plaza de la Ciudad de Ronda, desde la que se contempla una interesante panorámica del casco antiguo. Es aquí donde se encuentra uno de los rincones culturales de mayor valor de la ciudad manchega, el Museo de Arte Abstracto, que alberga una riquísima colección de pintura y escultura abstracta, recopilada por los pintores Zóbel y Torner. En su interior encontramos obras de artistas como Chillida, Tàpies, Feito, Saura o Sempere.

Por fin, nos hallamos ante el reclamo por excelencia de la ciudad, las Casas Colgadas. Desde la Plaza de Ronda, y a través de un pasadizo horadado en la roca, accedemos al metálico Puente de San Pablo, desde el que podemos gozar de la belleza de las Casas Colgadas al Huécar, así como de la panorámica del resto de edificios construidos al borde de la hoz. Estas pintorescas casas, emblema conquense, datan del siglo XIV, y recibían el nombre de Casa del Rey y Casa de la Sirena.

Después de que se derrumbara el primitivo puente de piedra del siglo XVI se transformó en 1902 en la actual pasarela de hierro y madera que conduce al convento de San Pablo, actual parador nacional de turismo. El convento fue fundado en 1523 para los dominicos y consta de una de las fachadas más bellas de la ciudad, en estilo barroco.

El último destino en el casco antiguo de la ciudad será el barrio de San Martín, donde encontraremos el Jardín de los Poetas o la iglesia de San Martín. Bajamos para llegar al valle del Huécar, frente al auditorio moderno. Cerca de aquí se halla también la iglesia del Salvador, la más importante parroquia durante el siglo XIX. Las escalinatas del Gallo nos conducirán a la parte nueva de la ciudad.

La ciudad moderna
La calle Carretería, entre las plazas de la Constitución y la Hispanidad, y las calles Cervantes y Fermín Caballero constituyen el núcleo de la vida comercial y administrativa de Cuenca. Se puede visitar el puente de San Antón, junto a la iglesia de la Virgen de la Luz, en la que se halla la imagen de la patrona de la ciudad. Fue construida a principios del siglo XVI, aunque sería completamente reformada en 1764 por José Martín de Aldehuela.

La Casa de Beneficencia, fundada en 1777, y el hospital de Santiago son las últimas paradas monumentales en nuestro recorrido por Cuenca. El Hospital de Santiago fue destinado en un principio al hospedaje y restablecimiento de los cristianos rescatados del cautiverio en la época de la Reconquista. Además de sus puntos de interés histórico, estamos en la parte moderna de la ciudad, el centro de su vida cotidiana

La Semana Santa de Cuenca
Es una de las más reconocidas de las que se celebran en España, declarada de Interés Turístico Nacional. Los orígenes de esta tradición se encuentran en el siglo XVII, cuando agustinos y trinitarios fundaron las primeras cofradías y se constituyeron las dos primeras procesiones. El domingo de Ramos llega la primera procesión, con la célebre Borriquilla (imagen de Jesús entrando en Jerusalén).

El martes santo se celebra la procesión del Silencio, y el jueves santo la de Paz y Caridad. La más popular es la procesión del viernes a las cinco de la madrugada, conocida como el Camino del Calvario de forma oficial, y más vulgarmente, como la procesión de los borrachos, con sus turbas haciendo bailar la imagen del Redentor desde su salida de la iglesia del Salvador.

Ese mismo viernes se celebran, un poco más tarde, las procesiones del Calvario y del Santo Entierro. La Semana Santa conquense se cierra con la procesión del Encuentro del domingo de Resurrección. La mayoría de sus pasos tuvieron que ser construidos de nuevo después de la Guerra Civil, por escultores como Luis Marco Pérez o Federico Coullaut Valera.