Terpsícore era hija de Zeus, dios de dioses del Olimpo y de Mnemosina, diosa de la memoria. Desde las culturas más antiguas, la danza se amalgama con la vida del hombre y comienza a ser un sello de reconocimiento propio. Entra a ser parte del mismo, le sirve para comunicar el sentimiento, las creencias y el tributo al ser superior, la diversión pública y popular y propicia sus relaciones con los demás como ser social. La Biblia cuenta cómo bailar era una actividad común entre los hebreos. El rey David bailaba y lo hacían las vírgenes en los acontecimientos importantes.
Así como en el discurso habitual se utiliza un tono de voz y unos ademanes adecuados, la danza se sirve del atuendo, del color, del ritmo de la música, de las evoluciones, para enviar información hacia el espectador. Bailar es una actividad natural del hombre ligada a él desde sus orígenes. Cuando hablar no era posible, el gesto y el contacto físico permitía hacerse entender por el otro. El movimiento le enseñó al hombre a imitar, a recrear la realidad que lo rodeaba.
Haciendo notorias las percepciones del mundo, a través de la danza, el hombre conoció su entorno y a la vez descubrió su propio cuerpo. La danza permitió que desde la Edad de Piedra los primitivos grupos humanos organizaran sus códigos comunicativos y se apropiaran del espacio para dominarlo. Así el hombre pudo cazar al oso en compañía, invitando a sus amigos; a través de la danza pudo avisar que se acercaba una tormenta o explorar y someter de forma organizada todo lo que la naturaleza le brindaba.
Como a Hesíodo de Beocia, se me apareció ayer el espíritu de Terpsícore en la levedad del ser de una danzarina rumana, Alina Cojocaru, la musa que llegó hasta el Teatro de Madrid, desde el Royal Ballet de Londres, para volar por sobre un escenario madrileño, junto a la excelente compañía del Ballet Nacional de la Ópera de Bucarest y al bailarín danés Johan Kobborg, también del Ballet londinense. Fue una fiesta solemne, una ofrenda a los dioses del Olimpo que, solo durará tres días.
Mariano Torralba