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El chivato

¿Desunión de actores?

“Somos una” la candidatura radical de Vicente Cuesta ha ganado las elecciones para tutelar la “Unión de Actores” y, entre otros proyectos, convertirla en sindicato independiente, para no depender de los mayoritarios, más moderados que los del pensamiento único; esos que se autodenominan “Somos una”. No hay más que mirar la lista ganadora para especular sobre el sarcástico enunciado de la candidatura de los cejiadictos del “ahora sí”.

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¿El principio del fin de la SGAE?

La Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), derivada de la verdadera Sociedad General de Autores de España, es una entidad de gestión, que según sus estatutos fundacionales (y la Ley) no puede tener ánimo de lucro ni patrimonio. Por ello debe obtener del Ministerio de Cultura, año tras año, el permiso para recaudar.

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¿La historia se repite?

Mientras el cine español pierde millones de espectadores cada año, el teatro sigue, en parecida proporción, su ritmo ascendente, a pesar del desproporcionado trato que recibe de quienes destinan las regalías gubernamentales a los fiascos cinematográficos. Sus actores, directores y guionistas –del cine- no se percatan de que, las películas de las que viven, a costa del dinero de todos, salvo raras excepciones, apenas gustan a nadie. No es casualidad que en los periodos socialistas sufridos (Felipe+ZP), las subvenciones al cine hayan superado en dos ocasiones a las recaudaciones obtenidas por taquilla.

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Robots versus actores

En un teatro de Varsovia han debutado dos robots; unos actores sin alma y sin sexo que, al no lucir género se adaptarían a la normativa aprobada por los responsables -es un decir- de la baraúnda andaluza. Sin riesgo de recibir reprimendas o sanciones, un maestro andaluz podría consentir, a sus alumnos, el uso del epiceno “actores” para designar a la hembra y al macho actuantes, cuya diferencia de género es la misma que existe entre una clavija y su correspondiente base de enchufe (de femenino nombre ambas). Los protagonistas obtienen a diario el mayor éxito registrado en un teatro polaco los últimos años.

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También el canon al teatro

El próximo mes cumplirá tres años el establecimiento del denostado canon aplicable a grabadoras y a sus soportes, a teléfonos, a memorias portátiles y a cuantos utensilios capaces de grabar y reproducir imágenes, sonidos o datos.

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Por un despacho... un escenario

Los políticos, a quienes sólo interesa el teatro cuando lo utilizan, si de izquierdas distinguiendo a sus gentes y, si de derechas, premiando también a las mismas gentes; esos que mandan ahora y detentan el poder sobre el teatro como amos de sus escenarios, han hurtado de las tablas a Blanca Portillo, una de nuestras buenas actrices, a quien premian con una canongía remunerada, enriquecedora del bagage artístico de Portillo pero distanciadora de los escenarios que, ya solo vislumbrará desde su despacho de directora del Festival de Teatro Clásico de Mérida.

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Cambian los tiempos y los gestos

Desde antiguo, los hombres han utilizado gestos, además del lenguaje, para saludar en son de paz. Ya los romanos saludaban brazo en alto, con la mano abierta y extendida, para mostrar que no portaban armas; que su intención era pacífica. Costumbre más cercana fue la de quitarse el sombrero al presentarse ante el visitado. También los militares de distintas épocas establecieron saludos castrenses de diversos formatos y los histriones e histrionisas han venido empleando el singular “saludo de la ceja” como gesto de admiración y apoyo a su elegido gobernante.

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Aquellos mentideros

Según el diccionario, mentidero es el “sitio o lugar donde se junta la gente ociosa para conversar”. Algunos mentideros madrileños, mientras existieron, ofrecieron una rica y veraz fuente de noticias, cuya difusión e intercambio se producía de viva voz cara a cara. Así ocurría en las célebres gradas de San Felipe el Real, en plena Puerta del Sol, entre las actuales calles Correo y Postas, donde los propios reyes Felipes, II, III y IV, enviaban a sus confidentes, que daban parte -de primera mano- de cuanto acontecía en la villa, antes de que se extendiera al resto de las Españas.

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Publicidad mejor que dádivas

La práctica viene demostrando que las miserables subvenciones que, a modo de dádivas, conceden las sobredimensionadas Administraciones, sirven apenas para cubrir unos pocos de los gastos menores. Desde la cúpula ministerial hasta la concejalía de cultura del menor de los municipios, ninguno da un paso para proveer al teatro de publicidad; precisamente lo más caro y necesario.

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Don Juan no acudió a la cita

Los pocos empresarios “de paredes” que aún sobreviven a la voracidad de políticos y charangueros, ya no piensan en la tradición teatral que, “obligaba”, desde hace más de un siglo, a programar el “Don Juan Tenorio” de Zorrilla, en estas fechas. Apenas algunos Centros Culturales, unos cuantos teatrillos de provincias y las representaciones en la calle de: Alcalá de Henares, Las Palmas y Tenerife, se han atrevido este año a evocar al licencioso sevillano.