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El chivato

¿El principio del fin de la SGAE?

lunes 21 de marzo de 2011, 21:36h
La Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), derivada de la verdadera Sociedad General de Autores de España, es una entidad de gestión, que según sus estatutos fundacionales (y la Ley) no puede tener ánimo de lucro ni patrimonio. Por ello debe obtener del Ministerio de Cultura, año tras año, el permiso para recaudar.
Pero, desde hace algún tiempo les ha entrado a sus gestores una codicia recaudatoria que no se detiene solo en exigir arbitrios por “el canto del gallo”: “Lo único que no paga derechos de autor”, como rezaba en el austero gabinete de los penúltimos presidentes (desde Guerrero a Alonso Millán) desmantelado tras la reforma del palacio Longoria comandada por el entonces vicepresidente Bautista.

Al no conseguir diezmos por las dianas del gallináceo cantor y a causa de que la Sociedad General de Autores y Editores, no puede obtener lucro ni tampoco la jácara de la Fundación Autor, comienza a crear sociedades mercantiles que, sí, pueden obtener beneficios de incierto acomodo. Según el diario “Público” la “SGAE es solo la punta del iceberg de un entramado societario”, entramado que, vice presidido ahora por la experta consultora Cristina Hoyos, parece un efugio para sortear la Ley que obliga a que “las entidades de gestión carezcan de ánimo de lucro”. Pero el tal ánimo de lucro, presente en la mayoría de las entidades, aun en las gobernadas por los altruistas progres, es condición humana y de la SGAE. Por eso, ante la carencia de beneficios, la tentación sugiere crear sociedades mercantiles. Nace así “Iberautor Promociones Culturales, S.L., sociedad pionera (hay medio centenar más) de “Arteria Promociones Culturales, S.L.”. Tanto Iberautor como Arteria son sociedades de responsabilidad limitada cuyo fin es ganar dineros con el respaldo de los avales de la SGAE.

El exministro colombiano Ramiro Osorio, director general de Arteria, dice que: "Arteria no es una empresa pura y dura, pero no tiene ánimo de pérdida, ni económica ni cultural”. Ya suman una docena los teatros alquilados o comprados en las principales ciudades de cuatro países intercontinentales.

La Comisión Nacional de la Competencia (CNC) elaboró un informe tildando a la SGAE de monopolista, por lo que considera que debe suprimirse “la obligatoriedad de la gestión colectiva a través de entidades de gestión y el actual sistema de autorización administrativa”. ¿Será este el principio del fin del “monopolio” y del chollo societario urdido por la SGAE?”.



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