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El chivato

¿La historia se repite?

lunes 07 de febrero de 2011, 18:35h
Mientras el cine español pierde millones de espectadores cada año, el teatro sigue, en parecida proporción, su ritmo ascendente, a pesar del desproporcionado trato que recibe de quienes destinan las regalías gubernamentales a los fiascos cinematográficos. Sus actores, directores y guionistas –del cine- no se percatan de que, las películas de las que viven, a costa del dinero de todos, salvo raras excepciones, apenas gustan a nadie. No es casualidad que en los periodos socialistas sufridos (Felipe+ZP), las subvenciones al cine hayan superado en dos ocasiones a las recaudaciones obtenidas por taquilla.
La causa del actual batacazo –el anterior está amortizado-, puede deberse a la escasez de talento, al sectarismo de algunos, al majadero cordón sanitario, o a la engañosa memoria histórica. El público todo, aun dividido en opciones políticas, no suele aceptar fanatismos intransigentes, en los argumentos de ficción y menos en sus otrora admirados intérpretes. Cada vez se tolera menos tanta elevación de cejas a cambio de las sustanciosas ayudas unidireccionales de la ministra sectaria.

También el teatro acusa el rechazo a los sectarios y la falta o escasez de talentos creadores, dedicados a las sencillas y bien remuneradas cosas de la televisión. Pero, el teatro es otra cosa y lo aguanta todo desde siempre. Ya en la época más florecida de nuestra literatura, el Siglo de Oro, los politicastros acusaban sus interesadas preferencias. En el madrileño Mentidero de Comediantes, lugar de chismorreo, noticias o contratación de autores, histrionisas, saltatrices, cantatrices y actores (representantes) –donde no se permitía fumar cigarros de tabaco, al igual que en los corrales de comedias-; en ese Mentidero que estuvo situado en la esquina de la calle del Prado –antes Cantarranas- con la del León, se murmuraba y protestaba por todo: contra las “ninfas esmirriadas que toman chocolate y se untan de benjuí, a costo y costas de ciertos lechuguillos babosos”; contra los comensales del Mentidero (Cervantes, Lope de Vega, Calderón, Quevedo, Góngora…) que, pudiendo, no impedían ante el Rey los privilegios a favor de las doce compañías reales de comediantes, en contra de las cuarenta y dos que “andan por esos pueblos de Dios, por trochas y derrumbaderos, muriéndose de hambre”. Y es que, ¡la historia se repite!


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