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El oeste africano, una región en entredicho

Víctor Morales Lezcano
viernes 30 de abril de 2010, 19:19h
Al sur, muy al sur de Tarifa, pasado el cabo de Arguin y la misma línea de costa mauritana, nos revela su fachada atlántica la república de Senegal: aproximadamente 197.000 km2, poblados por unos diez millones de habitantes, y con un PNB de cinco mil millones de dólares.

En las aguas jurisdiccionales de Senegal se inicia en puridad el orbe oeste africano -tal y como lo identifican geógrafos, economistas, e incluso historiadores en sus respectivas taxonomías de especialistas.

Este conjunto continental -heteróclito donde lo haya- lo constituyen 15 países, tanto marítimos (línea de costa Senegal-Nigeria) como continentales, cuales son Mali, Burkina Faso y Níger, los tres espacios del antiguo Sudán occidental, e internacionalmente los más preocupantes por su abandono generalizado, del que son responsables sus sectores dirigentes.

No obstante el desdoro que suponen los golpes de estado recidivos para los países de esta presunta Región del oeste africano, se impone recordar aquí, empero, la existencia funcional de una Comunidad Económica de Estados del Oeste Africano. Se trata de una experiencia “comunitaria” que, al menos, no ha fracasado todavía, a pesar de la inestabilidad política de algunos de sus miembros, como es el caso de Guinea (Conakry) y Níger; mientras que otros de ellos aparecen fracturados, sea por la orientación religiosa de sus habitantes (principalmente musulmanes y cristianos), sea por los prejuicios fratricidas de sus etnias, -y aquí, Nigeria es, lamentablemente, un botón de muestra elocuente de hasta dónde puede llegar la aniquilación del vecino próximo-.

La dependencia económica de este orbe oeste-africano de sus antiguas metrópolis europeas -Gran Bretaña, Francia y en menor medida, Portugal-, no le ha impedido ampliar su radio de atracción hacia otros actores e intereses internacionales que, como en el caso de China, están convirtiéndose en motor del cambio en latitudes ignoradas para ellos hasta hace diez años.

Cierto es que la riqueza forestal, petrolera y haléutica de los países de la Región africana a la que nos venimos refiriendo, hace de ella un objetivo territorial codiciado. Y cuenta tenida de la ausencia de escrúpulos elementales, como los que se incumplen en las transacciones de la economía de mercado, la Región de marras también está frecuentemente expuesta a disturbios internos que tanto condicionan la repetición ad nauseam de los golpes de estado.

Lo que es más -y lo subrayamos aquí, aun corriendo el riesgo de sonar repetitivos-, el interior del bloque oeste-africano (Sahel o frontera entre el Sahara y los territorios saharianos de Libia, Argelia y Mauritania) viene estando expuesto a la ley del desgobierno, de la anarquía salvaje. De tal modo que, de un tiempo a esta parte, se ha subrayado el fenómeno con frecuencia, como si de un punto incendiario para la estabilidad de los países situados al norte y sur del Sahel se tratara.

En un libro de bolsillo al que hemos dedicado no hace mucho una gaceta en El Imparcial (26-3-2010), hemos puesto de relieve el trasfondo histórico de lo que se nos presenta hoy como zona en estado de conflictividad internacional creciente. En las páginas de otro breviario que se ha publicado hace sólo unos meses (Terrorismo internacional en África. La construcción de una amenaza en el Sahel, eds. La Catarata), se abunda bastante en esta dimensión de inestabilidad política de las sociedades del oeste africano; sociedades agrupadas en Estados que emergieron súbitamente del proceso descolonizador, del que ahora celebramos su medio siglo.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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