Excavar la mayor tumba inédita de la dinastía XVIII de Tebas, en Luxor, ha seducido a una expedición arqueológica dirigida por el Instituto de Estudios del Antiguo Egipto. Entre arena, piedra y caliza, científicos españoles han hallado más de 3.000 fragmentos en un monumento que ocupa, según sus estimaciones, cerca de mil metros cuadrados. A lo gratificante del descubrimiento se añade la satisfacción de poder dar un paso más en disipar el vacío histórico de parte del reinado de Amen-hotep III.
El interés por la
arqueología y la egiptología no ha hecho sino aumentar en los últimos años. Cada vez son más los científicos que logran permisos para llevar a cabo excavaciones en Egipto. El
Instituto de Estudios del Antiguo Egipto (IEAE) es uno de ellos. Su proyecto en la
mayor tumba inédita de la dinastía XVIII de la antigua Tebas, hoy Luxor, ha dado sus primeros resultados.
Durante los trabajos de excavación de esta tumba de 3.400 años, que perteneció al visir
Amen-Hotep Huy, se han hallado más de
3.000 fragmentos, entre los que se cuentan momias, huesos, papiros, recipientes o estatuillas. Una cantidad de objetos de los que
700 pueden considerarse notorios, según Francisco Martín Valentín, director del IEAE y de esta excavación. De todo lo hallado hasta ahora, este egiptólogo afirma que una estatua de marfil de hipopótamo, aparentemente de una concubina, se ha ganado el calificativo de "joya de la corona".
Pero falta aún mucho por descubrir. En esta primera campaña se ha trabajado en 54 metros cuadrados excavados y los resultados han sido "extraordinarios", en palabras de Martín Valentín. Queda por delante una ardua labor. En
octubre de este año se llevará a cabo la segunda campaña que consistirá en “una comprobación técnica y arquitectónica para establecer la situación de los elementos constructivos”, explica este experto.

La tumba en la que se hallan ahora trabajando ha estado durante siglos relegada al olvido. Pese estar situada en las inmediaciones del templo de
Hatshepsut, uno de los más visitados de Egipto, la arena la había cubierto por completo. No fue hasta 1978 cuando un egiptólogo de Berkley celebró su hallazgo. Según estimaciones de este equipo de científicos españoles, mide cerca de
mil metros cuadrados y tiene una profundidad de seis metros. En tamaña extensión, la tumba, que quedó inacabada, se compone de un corredor, un patio de 528 metros cuadrados y una capilla compuesta por 30 columnas. Un conjunto arquitectónico que, según Martín Valentín, cuenta con “relieves de calidad única" y un "valor artístico muy refinado".
Los reiterados saqueos y su uso como cantera han provocado heridas irreversibles en su estructura. De las
treinta columnas que decoraban la
capilla que, a juicio de Martín Valentín, es "sobrecogedora", hoy sólo quedan dos en pie. El humo generado por las hogueras que en un tiempo centellearon en este preciado habitáculo cubrió los textos que la adornaban, lo mismo que los relieves. De la misma manera que el calor derritió la piedra caliza de paredes y techos. Pese a todo, Martín Valentín tiene esperanzas de que todo pueda ser recuperado, incluidos los colores.

Además de excavar
"hay que recrear y devolver la vida a este monumento", dice convencido este experto. Arqueólogos, historiadores, ingenieros, traductores, inspectores del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto (SCAE) y cuarenta empleados trabajan para escribir una nueva y merecida página sobre esta inquietante civilización. Su labor, encaminada a dilucidar un periodo de la historia egipcia, es de vital importancia por el hecho de que esta tumba
nunca antes había sido explorada. Si a eso se añade que la época en la que vivió el visir Amen-Hotep Huy es una de las más desconocidas, la motivación para estos científicos aumenta, si cabe, aún más.