La protección de patrimonio cultural continúa siendo una tarea pendiente para países que, por una u otra circunstancia, desdeñan atender al valor artístico y turístico que poseen algunos de sus monumentos o edificaciones más características. Otros lo hacen, aunque no siempre con buenos resultados. La lista de patrimonio en peligro elaborada por la UNESCO va en aumento. Ya son dieciséis los yacimientos y restos arqueológicos sumidos en el olvido y condenados por la desidia.
El
patrimonio histórico y cultural se resiente. Pese a las medidas adoptadas por organismos internacionales y por gobiernos, lo cierto es que edificios, construcciones y monumentos de medio mundo han sido relegados al olvido. La lista sobre patrimonio en peligro, que elabora la
Unesco desde hace años, da muestra de la voluntad de la comunidad internacional por proteger lo que en su día gozó de esplendor e importancia histórica.
Afganistán, Irán, Iraq, Pakistán y Yemen son algunos de esos países que la Unesco tiene en el punto de mira por su desinterés por recuperar, o bien adecentar, su patrimonio. En los casos de
Afganistán e Iraq, sumidos hasta hace bien poco en la guerra, sus joyas arquitectónicas y artísticas se han visto afectadas por saqueos y destrucción, por lo que llama al compromiso de estos países por proteger lo que les queda.

Los huecos esculpidos en roca arenisca donde descansaron los budas de
Bamiyan, al noroeste de Kabul, hasta que en 2001 los talibanes los demolieron, forman parte de esta lista roja del patrimonio, además de las cuevas donde aún residen vecinos de la zona. También el
minarete de Jam, en la provincia afgana de Gawr, exponente del arte islámico y considerado por la Unesco un monumento fundamental para comprender el desarrollo del arte y arquitectura en esta zona. Con 65 metros de altura y nueve siglos de antigüedad, esta peculiar y solitaria construcción está localizada en un profundo valle que realza, aún más, su riqueza arquitectónica, caracterizada por ladrillo en sus paredes y una franja de cerámica azul en el remate.
En
Iraq, este organismo internacional cita otros dos enclaves arqueológicos de estas características. A orillas del Tigris, la ciudad de
Ashur, antigua capital religiosa de los asirios, sirvió como centro comercial entre los siglos XIV y IX a.C. La escasa protección de los restos que allí descansan y la futura construcción de un embalse en la zona llevaron a la Unesco a poner la voz de alarma sobre la necesidad de atenderla.

Los 41,5 kilómetros que ocupa
Samarra –norte de Iraq-, capital de las provincias del Imperio Abisida, también están en peligro. Según datos de la Unesco, “queda excavar el 80 por ciento del sitio arqueológico”. Su importancia es indudable. Conserva dos de las mayores mezquitas, Al-Malwiya y Abu Dulaf, así como inusuales minaretes, además de los mayores palacios del mundo islámico. Pese a su trascendencia, la guerra pasó por alto su valor artístico e histórico al ser ocupada, según la Unesco, por fuerzas armadas para operaciones militares.
En
Irán, en el extremo sur de la meseta, se encuentra
Bam, una de las ciudades fortificadas más prósperas del país durante los siglos VII y XI, hoy devastada por un terremoto de 6,6 grados que la asoló en 2003 y que dejó en pie apenas un 30 por ciento de las estructuras, murallas y edificaciones.

El caso de
Abu Mena, al sudoeste de Alejandría (
Egipto), es uno de los que más atención genera por el hecho de localizarse en un país donde las expediciones arqueológicas se multiplican y el cuidado del patrimonio se ha situado entre las tareas primordiales del país. Desde finales del siglo IV, este complejo monástico fue considerado centro neurálgico de los peregrinos cristianos. Se trata de un conjunto de edificios de los que poco queda ya y que ocupa 182.7200 hectáreas. La Unesco lo incluyó en 2001 en su lista de patrimonio en peligro por el impacto que había tenido en la estructura de sus edificios el aumento de agua acumulada en el subsuelo de la zona. El suelo arcilloso en el que se halla se resiente cuando se humedece y, como consecuencia, las estructuras se ven afectadas por el exceso de agua.

Sudamérica no se salva de la lista.
Venezuela,
Chile y
Perú cuentan con vestigios sobre los que se ha puesto la voz de alarma. La Unesco define la ciudad venezolana de
Coro, fundada en 1577, como “el único ejemplo subsistente de una fusión lograda de las técnicas y estilos arquitectónicos autóctonos, mudéjares españoles y holandeses”. La zona arqueológica peruana de
Chan Chan como “la capital del reino chimú, que conoció su máximo esplendor en el siglo XV, poco antes de sucumbir al poder del Imperio Inca”, y las oficinas
salitreras chilenas de Humberstone y Santa Laura como el lugar “donde se forjó la cultura comunitaria de los pampinos, caracterizada por su creatividad, la riqueza de su expresión lingüística, los vínculos solidarios entre sus miembros y su lucha por la justicia social”.

En
Pakistán, el fuerte y los
jardines de Shalamar en Lahore conforman un complejo en el que se cuentan palacios y mezquitas de mármol con mosaicos y dorados, y que no se encuentra en su mejor estado. Lo mismo que la ciudad histórica de Zabid en Yemen.
El caso de la ciudad vieja de
Jerusalén y sus murallas, en Israel, es uno de los más sangrantes por el hecho de llevar en la lista roja desde 1984, a diferencia de los monumentos históricos de Mtskheta, en Georgia, que han sido incluidos en 2009.
Georgia y
Serbia son los dos únicos países europeos en contar con parte de su patrimonio en peligro. A los monumentos georgianos se suma los medievales de Kosovo, reflejo del apogeo cultural de la región balcánica entre los siglos XIII y XVII.

Otros restos en peligro se encuentran en
Tanzania: las ruinas de los puertos Kilwa Kisiwani y Songo Mnara; y en
Filipinas: los arrozales en terrazas, construidos en laderas de las montañas desde hace 2000 años.
Fotos: UNESCO