La Universidad del curso que viene
Mariana Urquijo Reguera
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lacajadelostruenosyahooes/18/18/24
sábado 12 de junio de 2010, 15:32h
La Universidad, esa institución que siempre ha estado ahí, tan antigua como las más viejas catedrales españolas, como la propia lengua, esa, hoy no es ni el más pálido reflejo de sí misma.
Miles de estudiantes irán a la universidad por primera vez en septiembre pero no saben muy bien a qué. Ni los propios profesores lo saben. La implantación de Bolonia ha creado más sombras que luces, ha extenuado en disputas absurdas a gran parte del personal docente e investigador de las universidades que hoy están tan desorientados como los jóvenes que empiezan sus estudios superiores. Los cambios legislativos han torcido con su intervencionismo el devenir de una institución que luchó por su autonomía y que ahora que la tiene no la sabe aprovechar.
Esta semana miles de estudiantes han hecho los exámenes de selectividad. La palabra ya se las trae pero la realidad es peor (el realismo no cesa de imponerse ante los nominalistas que presiden gobiernos y academias, y es una manía que por muy manida que esté, no deja de asombrarme lo presente que está en todos los poderes de la sociedad y del estado).
Ahora bien, ¿qué se selecciona en estas pruebas? Antes (y hablo ya cual viejecita hablando de una bella época pasada que fue mejor aunque nunca existió), se consideraba una prueba de madurez, hoy, es un test de habilidad para solucionar unas pocas pruebas que juegan más con la probabilidad que con las destrezas y sapiencias de las nuevas generaciones.
El año que viene irán a una universidad, que si fuera la Complutense por ejemplo, de la deuda tan inmensa que tiene, está decidida a prescindir de 9 de cada 10 profesores que se ausenten (entiéndase por ausencia la falta de presencia tanto temporal como definitiva, es decir, enfermos o jubilados no serán reemplazados), está determinada a no contratar a más profesores, incumpliendo una de las promesas al aire que lanzara el plan Bolonia: más profesores por alumnos, “la vuelta al maestro de toda la vida” que decía recientemente el Ministro Gabilondo en una comida en la Fundación José Ortega y Gasset.
Y yo no es que no crea las palabras de unos y de otros, si a mi el señor ministro me convence una y otra vez, pero es que la realidad se empeña en quitarle la razón y poner de relevancia la mediocridad que reina en las aulas y que no logra remontar el vuelo hacia un modelo de enseñanza que no sólo se aleje de la sociedad, medianera y perdida, sino que se oponga al mercantilismo de la enseñanza que prepara para “el mercado laboral”, que fomenta las “carreras con salida”. Porque la única salida de la mediocridad es una única, es decir, una creativa, individual, en la que el futuro alumno, el futuro profesional, tenga conocimientos y habilidades propias para desarrollar y seguir adquiriendo toda la vida. El título de licenciado uno lo guardará en el fondo del armario y lo sacará dos o tres veces más en su vida, pero será la persona la que se enfrente a la realidad en cada segundo de su vida. Una realidad que no cesa y que se empeña en ser más real que las palabras.
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Filósofa, profesora e investigadora.
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