México en elecciones regionales: la normalidad democrática
viernes 09 de julio de 2010, 20:04h
Quince estados mexicanos fueron a elecciones el pasado domingo. En doce de ellos para el cambio de Gobernador, diputados y municipios; dos con elecciones intermedias y en otro la elección de dos municipios. Al final del proceso hubo de todo: gobiernos que cambiaron de partido, candidatos que ganaron con amplio margen, otros que reconocen resultados adversos y quienes se sienten en el derecho de impugnar los resultados cuando estos son muy cerrados. Sin embargo, la constante es que se trata de elecciones competidas, con alternancias, uso intensivo de medios de comunicación y un electorado que acude a votar.
Frente a los nubarrones de abstención e incluso de suspensión de las elecciones por la amenaza de la violencia y de los señores del narcotráfico –terrorismo a la mexicana- , no pasó nada: el día de elecciones la gente salió a votar, porque está convencida que es más importante un voto que una bala y que de la suma y participación de todos se logrará el retorno a la pacificación del país por la vía de la democracia y el respeto a la ley.
Por otra parte, progresivamente se concentran todas las elecciones, sean la nacional, regionales o locales, en una sola fecha, con el consiguiente ahorro de recursos, tiempo y energía social: el primer domingo de julio.
Las maduras instituciones electorales mexicanas, construidas durante las últimas dos décadas, ejercen su función de árbitros. Ahora existe un referente legal y organismos que todos aceptan y que regulan las prácticas ordinarias de una campaña para ganar el voto: mítines, anuncios y propaganda, debates, encuestas, financiamiento, propuestas y también descalificaciones: prácticas que se han vuelto cosa cotidiana en el periodo electoral.
Y es que México se inauguró en la democracia con la Alternancia del año 2000, cuando el partido gobernante reconoció el triunfo de un partido oposicionista que le ganó la Presidencia de la República, dándose la primera alternancia en ese nivel en más de 70 años. Ahí quedo de manifiesta el compromiso democrático tanto del PRI que perdió como del PAN que asumió el gobierno: transferencia pacífica y suave, modelo de transición democrática.
Esta elección de hace unos días confirma la mutación de Mexico, antes un país centrista, a una federación donde los fenómenos políticos locales poco a poco van modulando la política nacional.
Así, con honestidad, vemos como el proceso conducido por miles de ciudadanos que organizaron la elección se traduce en resultados aceptados por todos los participantes, sean ciudadanos o candidatos; partidos o medios de comunicación. La transparencia en la constante de estos procesos.
Ganó Mexico y ganaron los ciudadanos que eligieron libre y pacíficamente sus nuevas autoridades. El elector tuvo opciones e indiscutiblemente las aprovechó. Así, por ejemplo, el PRI perdió tres gobiernos estatales y ganó nueve –tres que están en manos de otros partidos. El Gobernante PAN perdió dos estados y ganó en coalición con el izquierdista PRD otros tres. Tal como es la democracia: unos ganan y otros pierden; ningún triunfo es para siempre y tampoco es pensable que los electores siempre votarán de la misma manera.
ameza@mexico.com