La calle Alcalá de Madrid alberga un tesoro: la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Con más de dos siglos de historia, esta institución merece el el apelativo de imprescindible en la cultura española, no sólo por quienes se formaron en ella, sino también por lo que hoy alberga en sus colecciones y por su labor en conservación y educación. A buen seguro, el Paseo del Prado de Madrid añora no tenerla en los costados de su calle, como sí lo están el Museo del Prado y el Thyssen.el
La exposición “Restauramos” que la
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando puso en marcha en mayo y que iba terminar este lunes se amplía hasta el 31 de julio, para volver a la oferta cultural madrileña del 1 al 12 de septiembre, con la oportunidad de visitarla con motivo de la celebración de la Noche en Blanco, el día 11. No es la única exposición temporal que ha acogido esta institución. Antes, otras se inauguraron con éxito de acogida, como la del retrato moderno español o la del settecento veneciano.

La labor en investigación y en
conservación es uno de los pilares de esta institución, como también lo es la educativa y la expositiva, dado el volumen de lienzos y esculturas que alberga en su colección.
Monedas, dibujos, marcos, pinturas y esculturas, que componen la exposición
"Restauramos", han sido tratadas durante los últimos años para alcanzar el esplendor del que gozaron en su día. El resultado es sorprendente. La muestra permite apreciar el antes y el después de este proceso de restauración, los materiales utilizados para llevarlo a cabo y el resultado a simple vista.
Pese a que la Real Academia tiene su propio equipo de conservación, dos de los
"murillos" de su colección están siendo tratados en el Instituto del Patrimonio Cultural de España para que se sometan a un lavado de cara.
Murillo es uno de los artistas españoles que cuentan con obras en sus fondos, pero no es el único. Las tres plantas en las que se divide el museo de la academia albergan pinturas de
Goya, entre las que se incluyen dos autorretratos y “El entierro de la sardina”, de
Zurbarán, como el “Agnus Dei”, o de Ribera, como una “María Magdalena”. El siglo XX está representado en lienzos de
Sorolla y
Picasso, entre otros, y la escuela italiana y flamenca en nombres tan conocidos como Rubens, con “Susana y los viejos”, Tintoretto y
Arcimboldo y su “Primavera”; la estrella de sus fondos.

Además de pintura, esta institución ha tenido reservado desde su origen un espacio muy importante para la
escultura. Obras de Manuel Pereira, Pedro de Mena, Mariano
Benlliure e, incluso, Picasso descansan en el museo sin una ubicación acotada y salpicadas por sus salas y demás recovecos. La sala dedicada a los vaciados sorprende por la luminosidad que aportan las esculturas expuestas, todas de un blanco inmaculado, así como réplicas en yeso de piezas tan conocidas como la puerta del baptisterio de San Juan, en Florencia, o el laocoonte, que descansa en los Museos Vaticanos.
La variedad de obras que alberga permite hacer un recorrido a través del arte desde el siglo XVI al XX. Mucho han tenido que ver en ampliar estos fondos las progresivas
donaciones que llevan a cabo sus académicos, además de lo que adquiere la academia a través de la herencia que recibió de
Fernando Guitarte, mecenas y benefactor del arte que legó su fortuna a esta institución.

Las sorpresas se suceden. Los tapices, cuadros y esculturas que descansan en las escalinatas que dan acceso a las plantas superiores dan muestra del volumen de obras que posee la academia:
1.400 pinturas, 600 esculturas y
15.000 dibujos. Un paseo por sus laberínticos pasillos lleva al visitante a toparse con una capilla y con reducidas salas que muestran desde el legado musical de académicos a un curioso instrumento de madera utilizado para contar votos.
La música, la fotografía y el cine han sido las últimas disciplinas en adherirse a esta institución, que celebra la entrada de académicos relacionados con estas materias. Sus miembros se reúnen como un
órgano consultivo que, repartido en comisiones y entre otras actividades, concede premios y asesora en materias como, por ejemplo, el patrimonio.
Conscientes del peso del Prado, del Thyssen y del Reina Sofía en la oferta turística, el talante de esta institución es modesto, aunque consciente de su peso en la cultura. Fuentes de la academia confirman que es un lugar "tranquilo" para los
visitantes, donde no hay cabida para aglomeraciones. Los extranjeros y los grupos son los que con más asiduidad la visitan, a diferencia de los madrileños, quienes no terminan de dejarse caer. Todo un reto a batir.