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La fundación ortega y gasset se une a la fundación gregorio marañón

Varela Ortega y Marañón: "Hoy en día, no hay cultura sin proyección científica"

Elena Viñas
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elenavinaselimparciales/11/5/11/23
viernes 16 de julio de 2010, 15:49h
José Varela Ortega y Gregorio Marañón celebran estos días la feliz unión de las dos instituciones a las que representan. La Fundación Ortega y Gasset y la Marañón se fusionan con el mismo talante que las ha caracterizado hasta ahora y con el firme propósito de situarse como un punto de encuentro de referencia en el que prime el diálogo y el entendimiento. Las humanidades y la ciencia se hermanan en una institución que viene a situarse en el escalafón más alto de la cultura española.
Ustedes dos son amigos desde hace años. ¿Con esta fusión su relación ha salido fortalecida?

José Varela Ortega: Lo que se ha fortalecido ha sido la fusión. La amistad que compartimos ha sido el centro de todo. Hay que tener en cuenta que es una amistad de tres generaciones, de abuelos a padres y de padres a hijos. Eso lo ha hecho muy fácil. Gracias a esta fusión se une con el apellido Marañón un abanico científico muy importante para el desarrollo de la nueva Fundación. Además, los intereses académicos de don Gregorio que están hoy muy de moda. No hay que olvidar que fue un adelantado en el tema de los hábitos de vida, en el interés por el cuerpo y en las relaciones psicosomáticas. Temas que hoy están dentro de la cultura común, pero que en su época fueron muy novedosos.

Gregorio Marañón: La amistad que nos une es extraordinaria, así que es complicado que salga fortalecida con esta fusión porque ya lo estaba desde antes. Esa óptima relación personal ha hecho muy fácil lo que es excepcional en el ámbito fundacional: acometer un proceso de integración como el que aquí se ha planteado.

Alejandro Fernández de Araoz, miembro del patronato, ha dicho que, de haber sido testigo de esta fusión, Gregorio Marañón la habría calificado de “admirable”.

Marañón: Habría sentido una profunda satisfacción al ver que de nuevo se entrelazan historias personales e institucionales como las que aquí confluyen.

Gregorio Marañón conversa en presencia de José Varela Ortega (Foto: Manuel Engo)


Han comentado que esta nueva fundación presta un servicio a la sociedad. ¿A qué se refieren?

Varela Ortega: La mejor ilustración de eso es la exposición sobre Marañón que ha terminado en la Biblioteca Nacional y que ahora se traslada a Toledo, donde se abrirá en septiembre. No se trata sólo de santificar las figuras y hablar de su obra, que también, en la medida en que hay muchos documentos inéditos que faltan por recoger, seleccionar e investigar. Pero el mejor homenaje que podemos hacer a ambos pensadores es hablar de temas de nuestro tiempo, así como de cuestiones que a ambos les preocuparon mucho y que eran, además, muy modernas. Como digo, esto se ilustra muy bien en la exposición sobre Marañón, ya que no versa sólo sobre él, sino también sobre su entorno y su contexto. Es algo que se ha desarrollado en la Fundación a través del Instituto Universitario Ortega y Gasset, como plataforma de debate, docencia e investigación y que continuará haciéndose en la nueva fundación.

Marañón: Más que ser una fundación dedicada al culto de unas personalidades de tal envergadura, el mejor homenaje que podemos brindarles es proseguir su andadura. Hacerlo con la mirada puesta en el hoy y en el mañana, además de en las necesidades de la sociedad en la que vivimos; lo que no impide que tengamos siempre la referencia de Ortega y de Marañón.

Esa buena comunión que se ha alcanzado se refleja en un patronato en el que tienen cabida humanistas, economistas y científicos.

Varela Ortega: Sí, tiene su reflejo en el patronato que se acaba de formar. Ahora hay más científicos que lo que había antes en el patronato de la Fundación Ortega y Gasset. Se han sumado una serie de nombres que vienen de la Fundación Gregorio Marañón. Hay varios científicos que se han unido para llevar a cabo esta labor y también, en un futuro, la de profesorado. Tenemos previsto hacer un plan académico que inserte la ciencia como parte de la cultura porque, hoy en día, no hay cultura sin una proyección científica. Y quien dice ciencia debe entender pensamiento universal: por eso el 40 por ciento de nuestros estudiantes –y una proporción similar de nuestros profesores- proceden de fuera de España; y no diremos que son extranjeros porque en la universidad el único pasaporte es el de la ciencia y el saber. Esa vocación internacional e insobornable compromiso con la libertad es un genotipo cultural que nos viene de nuestros titulares y un rasgo que debe conservar siempre nuestra institución.

José Varela Ortega conversa en presencia de Gregorio Marañón (Foto: Manuel Engo)


Casi se podría afirmar con rotundidad que no hay referencia a Marañón que no incluya un apunte sobre Ortega y viceversa.

Varela Ortega: Fueron gentes que tuvieron un desarrollo muy paralelo y que tenían una relación muy íntima. Abrigaron proyectos de todo orden, tanto intelectual como político, en el sentido cultural y educativo de la palabra.

¿Un hombre de humanidades y otro de ciencia que comparten tanto es hoy raro de ver?

Marañón: La clave está en lo que les unió a los dos: el humanismo y la ciencia. Es decir, consideraron que no hay ciencia sin humanismo y viceversa. No podríamos comprender bien lo que es la concepción humana, en el sentido más profundo, sin entender la biología o la medicina. No veo bien que hoy esto no sea así. Una cosa es que las disciplinas académicas tengan su programa académico, pero las personalidades que más pueden enseñar y figurar como elementos de referencia deben compartir ambas disciplinas.

Varela Ortega: Quizá lo que ocurre es que los planes de estudio están disociados o divorciados de lo que es la sociedad. Hoy día, temas como la alimentación o la cultura del cuerpo están hasta en la televisión. Eso quiere decir que el conocimiento de uno mismo cada vez es más popular.

Juan Pablo Fusi dijo en una ocasión que Marañón “elevó el nivel histórico de España”. ¿Qué le debemos, a grandes rasgos, a Ortega?

Varela Ortega: Él decía que metió tres o cuatro ideas “en la mollera de los españoles”. Trató de divulgar la pasión por el razonamiento y la disciplina del pensamiento riguroso. Hizo algo que no se había dado hasta su presencia: una filosofía en español. Fue un intelectual muy inserto en el debate filosófico argentino, colombiano y mexicano, además del alemán y francés. Es decir, un pensador en español pero en Europa y América.

Marañón: No hay duda de que es el pensador más importante que ha tenido la cultura española, además de una figura que tuvo un gran reconocimiento internacional.

José Varela Ortega, arriba, y Gregorio Marañón, abajo (Foto: Manuel Engo)

¿Creen que lograron hacerse comprender?

Varela Ortega: Escribían continuamente en periódicos. En esa época, el pensamiento se transmitía por la rotativa. Creían que había que seducir a través de la prensa. Querían convencer, sugestionar y atraer. Escribían muy bien, eran gentes que le daban mucha importancia a la comunicación. Quizá esa fue su grandeza y también su servidumbre.

Marañón: La misión más patriótica que tuvieron fue la necesidad de elevar el nivel cultural del país. Ese sentido pedagógico se ve en ambos. En el caso de Marañón, hay una parte en su obra de investigación científica pura que, evidentemente, no está hecha para ser divulgada, sino para que la ciencia avance. Pero hay otra parte que es pura pedagogía. En el caso de Ortega, pasa lo mismo. En su obra hay pensamientos profundos, pero también una parte que responde a ese esfuerzo por que la ciudadanía se interesara por el ámbito de la cultura y por que se educara, progresara y fuera capaz de construir un país mejor.

Varela Ortega: Esta dimensión pedagógica es fundamental. La idea les viene a ambos del espíritu institucionista, en el sentido de que consideraban que con el instrumento educativo se lograba un país con mayor igualdad de oportunidades, que no de resultados. Entendían la educación como el instrumento más serio para lograr esa igualdad en libertad. Creo que fue algo en lo que creyeron ambos y que lo practicaron sistemáticamente durante toda su vida.

¿Se sintieron satisfechos? ¿Hubo una buena recepción de su mensaje por parte de la sociedad del momento?

Varela Ortega: Creo que se hubieran sentido satisfechos ahora, si no lo estropeamos. Esto les hubiera parecido un sueño inimaginable o, incluso, algo mejor que sus mejores sueños. Me refiero al mundo europeo y español, tal y como es hoy desde hace 30 ó 40 años.

Marañón: No es sólo es la satisfacción por ese sueño cumplido, tal y como lo concibieron, sino también por haber logrado un reconocimiento público por parte de la ciudadanía.

Varela Ortega: En su vida tuvieron ilusiones, pero también desencantos, ya que la vida desde la I Guerra Mundial, en España hasta la Transición y en Europa hasta el año 50, fue terrible. El siglo XX es un siglo de totalitarismos que alumbró enormes ilusiones y que produjo desencantos sangrientos. Fue algo que experimentaron y padecieron.

¿Entonces consideran posible que sintieran frustración o creen que el conocimiento les alivió?

Varela Ortega: Como decía Quevedo, hablar con los muertos a través de los libros es algo muy gratificante. Es evidente que estas dos personas, con unas capacidades muy sobresalientes, se refugiaron muchas veces en sus libros.

Marañón: Un verso de René Sastre dice que la lucidez a veces puede ser un deslumbramiento, una luminosidad que hiere. Cuanto más consciente eres de lo que está sucediendo a tu alrededor o de lo que podría estar sucediendo, la herida se hace más profunda.

José Varela Ortega, a la izquierda, y Gregorio Marañón, a la derecha (Foto: Manuel Engo)


¿Quizá porque temieron que se repitieran errores pasados?

Varela Ortega: Eso de repetir los errores conduce a la melancolía. Ellos debieron de sufrir al ver que iban a pasar cosas muy terribles que conocían de otras situaciones. Ortega afirmaba que lo más importante de la historia es aprender de los errores, así que posiblemente lo decía en ese sentido.

Marañón: Hay algo curioso en esto. Marañón vivió cinco años más que Ortega. En sus últimos tres o cuatro años de vida, recuperó cierto optimismo, casi profético. Pensó que en las manos de esas nuevas generaciones que estaba conociendo y que comenzaban a surgir en la universidad habría una recuperación de la España liberal y democrática. Esto fue quince años antes de que comenzara la Transición.

Varela Ortega: Sí, probablemente esos cinco años de diferencia entre la muerte de uno y otro le dieron a Marañón la perspectiva de que las cosas se estaban abriendo, aunque fuera de una manera desesperadamente lenta. Un ejemplo es el año 59, cuando comenzaba una liberalización económica y asomaba la reconstrucción del estado de derecho.

Marañón: También hubo por aquel tiempo una mayor inclinación europeísta. Se comenzó a salir del aislamiento y surgieron movimientos estudiantiles que se manifestaron por primera vez.

Varela Ortega: En el año 60, cuando muere don Gregorio, ya el Tratado de Roma tenía cinco años. Este dato es importante porque fue testigo del nacimiento de eso que tanto habían querido y añorado, lo que es hoy la Unión Europea.

¿Cualquier pensador hoy en día tiene esa capacidad para adelantarse a su tiempo o es una característica escasa de la que gozaron ellos?

Varela Ortega: En su caso ocurrió porque fueron dos personas con características privilegiadas, gentes de una dotación intelectual muy excepcional. A los historiadores de hoy nos pagan por predecir en el pasado, no en el futuro. Por continuar reflexionando sobre el sufrimiento del que hemos hablado antes, fueron gentes que experimentaron problemas relativamente similares y reflexionaron sobre ellos. Eso educa el razonamiento. No enseña nada, pero educa la manera de plantearse problemas porque muchos de los problemas que ahora padecemos vienen, a veces, de tiempos inmemoriales y ha habido gente que ha reflexionado sobre ellos. Leer y reflexionar sobre experiencias pasadas educa el razonamiento y, a veces, evita repetir disparates.

Pero la Generación del 14 ganó en optimismo respecto a la del 98…

Varela Ortega: Sí, fue una generación preparada. Fue gente que salió al extranjero y que contó con una formación muy sólida. Esto responde a una España cambiante, optimista y muy transformada aunque, desgraciadamente, luego despeñada en una guerra fratricida y una posguerra sórdida y vengativa.

Gregorio Marañón y José Varela Ortega (Foto: Manuel Engo)

Si tuvieron oportunidad de coincidir con ellos en vida, ¿qué sensación les dejaron?

Marañón: Estoy seguro de que he coincidido con Ortega en alguna visita suya al Cigarral de Toledo, pero no recuerdo mucho más. De cualquier forma, me siento muy cercano a él a través de sus familiares y de su obra. A quien sí traté más fue a su mujer, a quien veía con frecuencia en casa de mi abuela. Sobre Marañón no me gusta hablar porque lo último que hemos elegido en nuestra vida es ir de nietos. Creo que son personajes que nos desbordan y que no pertenecen a la familia, sino a la sociedad. Recuerdo pasear en mi juventud con él todos los fines de semana del año en El Cigarral. Tenía una dimensión profundamente cercana. No era consciente de la estatura pública que tenía aquel personaje porque para mí era el abuelo más cariñoso. Cuando éramos niños, nunca nos dijeron que no hiciéramos ruido porque él estuviera con visitas o estudiando. En ese sentido, guardo un recuerdo entrañable de una persona que, sin duda, ha sido absolutamente clave en mi convicción de la vida.

Varela Ortega: Me ocurre lo mismo. La casa de mis abuelos, en la que comía todos los días por la cercanía de mi colegio, era muy divertida. El ruido de los perros, que les gustaban mucho, y de nosotros jugando era habitual. Era una casa muy movida y entretenida. Teníamos una relación muy entrañable porque eran gentes muy cercanas. De cualquier forma, los recordamos como abuelos. A don Gregorio lo veía en su casa e, incluso, alguna vez como paciente durante la infancia. Íbamos con mi abuela continuamente a la casa que tenían en la Castellana, semana sí semana no. Recuerdo que su mujer, doña Dolores Moya, era de una generosidad, un entusiasmo y de un talante positivo contagioso. Lo que no había con los abuelos era una sensación de distancia o de verlos como en un pedestal. Eran, a fin de cuentas, relaciones familiares. Cuando murió mi abuelo me di cuenta de que era un personaje público. Para mí aquello fue casi una sorpresa.

Han hablado de las mujeres de ambos. ¿Qué importancia tuvieron en sus vidas?

Varela Ortega: En ambos casos, sus mujeres fueron para ellos personas centrales e importantísimas.

Marañón: En el caso de Marañón, su mujer formó parte del desarrollo de la propia vocación de su marido y actuó como motor de su superación.

Varela Ortega: Las mujeres fueron determinantes en momentos trágicos. Durante la guerra, cuando permanecieron en el exilio, tuvieron una serenidad, una disposición y una presencia de ánimo muy importante en aquel momento trágico y delicadísimo.

Ambos pensadores tuvieron presente la importancia de fortalecer la identidad española. ¿Cómo han vivido la victoria de la selección de fútbol? ¿Creen que ha sido un buen ejemplo de esto?

Varela Ortega: Me parece esperanzador que en vez de “la furia” española sea el orden y el trabajo bien hecho, la inteligencia, la modestia y el buen juego lo que se ha representado. Vicente del Bosque ha sido un ejemplo de modestia y de una objetividad casi conmovedora, sin ningún triunfalismo. Eso le produce a uno un callado pero legítimo orgullo. La reacción de la gente ha sido impresionante, sobre todo que las banderas hayan alcanzado la significación que tienen de una manera saludable, sin connotaciones agresivas ni complejos absurdos de generaciones hipotecadas por una historia triste. Se ha visto la bandera de la España Constitucional, “la bandera de la libertad”, como decía Marianita Pineda, la de todos, con la misma naturalidad que se exhibe en Francia o en los Estados Unidos.

Marañón: Hay que destacar que se ha logrado sustituir “la furia” española como elemento de revolución por el mejor fútbol. A mí eso, desde el punto de vista social y deportivo, me parece admirable. El uso generalizado de la bandera tiene, además, una cierta trascendencia. No conozco a nadie que no se haya alegrado del triunfo y de haber participado en este fenómeno social.

Varela Ortega: No hay que olvidar que en el último partido contra los holandeses, que fue muy bronco por parte de ellos, la selección reaccionó con serenidad, contención y buen juego. No se puede pedir más.

Marañón: Cuando el esfuerzo, la inteligencia, la calidad y el trabajo en equipo se unen y se premia, es para sentirse legítimamente satisfechos.
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