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Zapatero, Moratinos y la “Realpolitik”

Álvaro Ballesteros
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cronicasdelmundogmailcom/16/16/22
jueves 29 de julio de 2010, 21:36h
Los medios de comunicación internacionales nos traen desde hace unos días noticias de Sudamérica que vuelven a hacer sonar todas las alarmas. El régimen del megalómano Hugo Chávez vuelve a amenazar a Colombia con la guerra por las denuncias de Bogotá sobre lo que se sabe desde hace años: que Venezuela apoya a las FARC de modo esencial en su lucha para desestabilizar Colombia. Una polémica esta de la que la España de 2010 no puede retrotraerse (por mucho que le interese al gobierno de Zapatero y a su Ministro Moratinos) ya que es imposible olvidar las denuncias judiciales en nuestro país afirmando que Hugo Chávez da cobertura también a ETA. Un secreto a voces, me permito añadir yo.

Lo último de nuestro excelso Ministro de Exteriores es lo de la anunciada reforma del Servicio Exterior español (cuando encarrila ya la recta final de su segundo mandato ministerial), sin haberse planteado reformar antes sus alianzas internacionales desde que llegara al poder de la mano de Zapatero en 2004. Algunos ya lo han olvidado, pero hace un año (el 2 de agosto de 2009), el Ministro Moratinos concedió al diario El País una entrevista que va camino de convertirse en pieza única de cara al futuro para intentar explicar el desvarío imperante en Política Exterior durante estos años bajo la batuta del dúo Zapatero-Moratinos.

Me refiero a aquella entrevista en la que nuestro Ministro de Exteriores se permitía alabar la defensa de la libertad de expresión en Venezuela al tiempo que los secuaces de Hugo Chávez cerraban medios críticos y atacaban en la calle a los periodistas no afines al régimen dictatorial chavista. La entrevista del 2 de agosto de 2009 incluía otras perlas que merecerán ser recordadas e incluso estudiadas en el futuro, sin perder de vista que estamos en 2010, no en 1960. En ella, Moratinos pretendía erigirse en paladín de la “REALPOLITIK”, sin ningún tipo de cortapisas a la hora de echarle un cabo ante la opinión pública española a regímenes tan indefendibles como los de Raúl Castro, Hugo Chávez y Teodoro Obiang: toda una triada capitolina para nuestro insigne Primer Ministro Zapatero, cuya psique deberá ser estudiada en el futuro para intentar entender cómo se han hecho las cosas que se han hecho en la política hispana de cara al mundo desde 2004. Mucho discurso dogmático-ideológico sobre derechos y valores, y mucha canción de Ana Belén en los mítines del PSOE, pero a la hora de articular la Política Exterior de la España del siglo XXI, el (des)gobierno de Zapatero ha pretendido jugar a la “REALPOLITIK” desde 2004 de un modo atroz.

En la mencionada entrevista de agosto de 2009, Moratinos se permitía la osadía de recordarnos a los que criticábamos las violaciones de los Derechos Humanos en la Venezuela chavista, que el propio Presidente Chávez estaba en el poder porque “ha ganado las elecciones, y no una sino varias”. Tal vez se olvidaba nuestro gran diplomático de que Adolf Hitler también llegó al poder tras ganar las elecciones en Alemania. Y tal vez también, para nuestro lúcido Ministro de Exteriores, el próximo líder a abrazar sea el atómico Mahmud Ahmadineyad, que ya saben ustedes: “ha ganado las elecciones, y no una sino varias”. Y las que le quedan por ganar, me permito añadir yo, visto lo visto.

Pero para mí, la nota quizás más preocupante de toda la diatriba de pseudo-estadista contenida en la entrevista del 2 de agosto de 2009, es la explicación que hacía Moratinos de por qué nuestro gobierno reforzaba los lazos con regímenes (tan poco sospechosos de ser democráticos) como los de Marruecos y Venezuela. Ante la pregunta del periodista sobre si podíamos fiarnos de Hugo Chávez, Moratinos contestaba: “No hay que fiarse de una personalidad o un líder político. Hay que generar una trama de intereses que sirva de garantía. Si no hay intereses sólidos, las relaciones pueden entrar en crisis. El colchón de la interdependencia es lo que permite amortiguarlas. Esta fórmula la hemos aplicado con Marruecos y también vale para Venezuela”. Y es aquí que se nos mostraba de modo cristalino el complejo cacao mental de nuestros gobernantes, que se aprenden los párrafos de memoria pero se olvidan de partes esenciales de las frases, precisamente esas partes de marcan la diferencia entre una política digna de un Estado democrático y la de una república bananera.

Varias cosas han de ser aclaradas en la España de 2010 si queremos aspirar a hacer una Política Exterior mejor en el futuro. Es cierto que hay que generar una red sólida de intereses internacionales y que estos ciertamente amortiguan las crisis en las relaciones entre países. Pero ello es así solo cuando hablamos de relaciones entre Estados aliados y gobiernos democráticos. El clásico ejemplo de Francia y Alemania tras la Segunda Guerra Mundial sirve para explicar que cuanto más fuerte es esa trama de intereses mutuos, más fuerte es la capacidad de amortiguar nuevos choques. Otros ejemplos clásicos en el siglo XX son los de las relaciones entre Grecia y Turquía, el Reino Unido y Francia, e incluso España y Portugal. Sin embargo, hacer este tipo de argumentación política en referencia a Estados que difícilmente pueden ser catalogados de democráticos a día de hoy, como Venezuela y Marruecos, no es más que un intento inaceptable de justificar lo que no es justificable, porque se parte de unos parámetros erróneos.

Aunque Zapatero y sus ministros consigan ignorarla, la realidad nos muestra sin lugar a dudas hoy (como lo hacía en el verano de 2009) que los regímenes de Venezuela y Marruecos no son democráticos: se violan los Derechos Humanos, se viola la libertad de expresión (de modo aceptable, según parece, para Moratinos), y la división de poderes no es más que papel mojado. La realidad actual y la Historia con mayúsculas también nos muestran que lo de “las tramas de intereses compartidos como garantía para amortiguar futuras crisis” deja de funcionar cuando nos relacionamos con regímenes de corte dictatorial que no se rigen por los tradicionales parámetros democráticos occidentales. Las decisiones de Hugo Chávez en 2009 y 2010 (de cortar las exportaciones de crudo a Colombia, de frenar las importaciones de productos colombianos en Venezuela y de poner constantemente al ejército venezolano en alerta roja en la frontera con su vecino) utilizadas en Caracas como armas arrojadizas en la escalada de tensión con Bogotá, sirven para mostrar que las tramas de intereses a las que se refería Moratinos no tienen peso fuera de los regímenes democráticos. Por si quedase alguna duda, las recientes reivindicaciones de Marruecos sobre Ceuta y Melilla (violando sin problema la integridad territorial española) vuelven a demostrar en 2010 que la mencionada “trama de intereses” de Moratinos ha servido para que muchos políticos hagan jugosos negocios con Marruecos, pero no así para defender los intereses básicos del Estado. Ignoran en La Moncloa una pregunta clave: ¿qué empresarios y qué opinión pública va a alzarse ante las decisiones de Hugo Chávez en Venezuela o ante las de Mohamed VI en Marruecos? Esta es la pregunta esencial que nuestros gobernantes han conseguido ignorar desde hace tantos años.

Los intereses entrelazados son solo una garantía de estabilidad futura cuando en países democráticos, la opinión pública puede ejercerse de modo que tenga un impacto en las decisiones de sus gobernantes elegidos democráticamente. En regímenes en los que el gobernante lo controla todo y además no duda en recurrir a legiones de “juventudes hitlerianas” para acabar con las voces críticas, las redes de intereses entre naciones no tienen ese valor que nuestro Ministro de Exteriores se permitía comentar en 2009 como si hubiese descubierto la Atlántida. Para que esas redes de intereses comunes tengan valor, se requiere la existencia previa de ciudadanos que puedan ejercer sus derechos y voluntades con libertad, y que puedan influir en las decisiones de sus gobernantes. Eso es lo que falta en regiones como Oriente Medio, África y otras muchas partes del globo donde el desgobierno, el caos y la corrupción parecen ser omnipresentes. Asumir la postura que Moratinos ha pretendido justificar desde 2004 equivaldría a darle la razón a aquellos gobiernos que no tuvieron en su momento reparos para relacionarse estrechamente con todas las dictaduras que los socialistas españoles denunciaban en el pasado públicamente. Aunque hasta esas criticas históricas del PSOE deben de tomarse con cautela en la España de 2010, con un Moratinos que recibe al Presidente ruandés Kagame, imputado por genocidio; y con Un Zapatero que da la bienvenida al Primer Ministro etíope Zenawi (que gobierna Etiopía con mano de hierro desde hace dos décadas) pretendiendo otorgarle la condición de “líder progresista” al más puro estilo occidental.

Una actuación exterior ciertamente fascinante la del gobierno Zapatero y la del PSOE desde 2004, ambos en una deriva muy preocupante para España a nivel político, en un país como el nuestro en el que la actual Administración parece haber perdido el norte hace mucho, sin crítica interna y haciendo una total dejación de los intereses del Estado. La solución en Política Exterior no es defender lo indefendible y hacer arrumacos con gangster políticos, sino asumir y entender las capacidades y limitaciones de una potencia media como España; abrir nuevas oportunidades de mercado para nuestras empresas en regiones hasta ahora inexploradas por nuestros empresarios para potenciar una diversificación que nos libere de los vínculos con regímenes no democráticos; y recomendar precaución a quienes pretenden medrar en las economías de dichos regímenes no democráticos, explicándoles que España no puede defender sus intereses a cualquier precio. Es ciertamente increíble que sean los que se auto-proclaman como progresistas y socialdemócratas los que hayan defendido desde 2004 la “REALPOLITIK” y el hacer negocios con regímenes de tan dudosas credenciales democráticas como los de Rabat, Caracas, La Habana o Malabo. El PSOE de Zapatero y Moratinos ha perdido por completo el norte, aunque muchos líderes históricos y votantes socialistas hayan preferido ignorarlo.

Obviamente, queda mucho por hacer para regenerar la democracia en nuestro país, y cualquier futuro gobierno debe empezar por desarrollar una Política Exterior coherente y digna del papel que España debe jugar en el mundo en 2010. Muchos ciudadanos no alcanzan a verlo y nuestros políticos nacionales pretenden ignorarlo, pero nos va demasiado en ello.

Álvaro Ballesteros

Experto en Seguridad Internacional y Política Exterior

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