Llevan preparando el Bicentenario desde 2005. ¿Es una de las conmemoraciones más mimadas? Hemos querido considerar los tres grandes bicentenarios que se van a celebrar en una misma línea porque realmente todos ellos forman parte del mismo fenómeno histórico. El primero de todos es el de la llamada “Guerra de la Independencia”, el segundo “las independencias americanas” y el tercero se inicia en 1810 y cuaja en la primera Constitución que es la de Cádiz. Todo ese proceso es uno de los más apasionantes y definitorios de España en su conjunto, de transición del Antiguo Régimen a la modernidad.
¿En qué medida se puede comparar ese proceso al de la Revolución Francesa? España no estaba tan desconectada de los procesos sociales europeos como se ha dicho…
Por fortuna, cada vez más la tendencia general historiográfica es que la historia de España no es tan diferente a la del resto de Europa. España forma parte no sólo de la historia de los países de su área mediterránea sino que incluso comparte muchas más cosas de lo que parece con los países centroeuropeos y los países del norte. Las aportaciones en los últimos diez años de historiadores como Juan Pablo Fusi, David Ringrose, Santos Curial o José Varela o Álvarez Juncos están siendo fundamentales para explicar la historia de España en claves europeas y en claves de la historia occidental, y eso es un éxito.
Y, sin salir de Francia, ¿en qué medida podemos comparar su 14 de julio con nuestro Dos de mayo? ¿La SECC apuesta por igualar ese espíritu de celebración, de conmemoración patriótica?La tarea de conmemorar vincula dos actividades muy importantes. Una es sin duda
memoria, que debe ir vinculada con
conocimiento. Las conmemoraciones tienen que ser un lugar de encuentro de los ciudadanos para que juntos vinculen dos cosas que creo que son muy importantes: tradición y futuro. Es decir, que la tarea de la Sociedad es ofrecer a todos los ciudadanos la conciencia de una tradición, que les permite construir su futuro común y con una conciencia histórica siempre crítica, no tiene que ser mítica. En cuanto a la fecha de celebración por antonomasia, creo que hay un consenso con el 12 de octubre. Nuestro 14 de julio es el 12 de octubre, que nos une con el patrimonio común iberoaméricano: compartir una civilización, una cultura, incluso en muchos casos una lengua.
Usted ha remarcado que los actos que ha programado la SECC destacan el paso de los españoles de “súbditos a ciudadanos”. Hay, motivos, pues, para celebrar esa conquista…
La causa española frente a la invasión fue determinante. Los españoles lucharon juntos por la libertad, una libertad que se oponía a la anterior vivencia como súbditos.
¿Cómo se traduce ese espíritu en actos conmemorativos? Hemos procurado contar con muchos de los estudiosos para aportar rigor científico de una forma divulgativa en nuestras exposiciones. Estas exposiciones están diseñadas más allá de Madrid y Barcelona, con presencia en muchas ciudades españolas. Hemos incorporado toda una línea de estudio para entender la Ilustración, y que se valore la obra de, por ejemplo, Jovellanos. Es muy importante que se entienda la nueva sociedad que refleja la obra de Moratín, en teatro, y por eso vamos a reponerla con la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Vamos a llevar música de la época incluso vamos a estrenar una ópera hecha sobre la Guerra de la Independencia, hecha en la época. Pretendemos que los ciudadanos realmente sean conscientes y conozcan cómo se fue construyendo esa tradición. Tampoco olvidamos aspectos de la guerra, precisamente porque no queremos más guerras. Goya nos ayuda mucho en eso.
Más allá de los actos del Bicentenario, 2008 tendrá hueco para otras actividades. Sí, vamos a conmemorar los cien años de nacimiento de Raúl Lapesa, que quizá no sea muy conocido por un público amplio, pero fue un estupendo filólogo y un español ejemplar. También, desde febrero, se celebra el centenario de Pedro Laín Entralgo.
El año pasado se cumplieron 80 años del nacimiento de la Generación del 27. ¿No pasó algo inadvertida? Yo pienso que no. Los 80 años es una cifra redonda pero tampoco es una cifra imprescindible. A la SECC no le obsesionan las cifras, su tarea es ofrecer a la ciudadanía esa vinculación tan importante entre memoria y conocimiento. En torno al “27” hemos trabajado mucho y hemos sacado una edición facsímil de la revista “Litoral” de Málaga, acabamos de celebrar los cien años del nacimiento de Manuel Altolaguirre con una exposición extraordinaria… En cuanto a la Generación del 27, el trabajo de la Sociedad es continuo.
Uno de los más próximos a ese movimiento cultural, Pepín Bello, murió hace semanas. Usted fue amigo suyo, ¿cómo lo recuerda? ¿Le gustaba tanto la soledad como decía? A él le gustaba la soledad, y decidió vivir independiente. Pero también debido a su inteligencia y a su enorme fuerza de voluntad, pudo vivir independiente y solo hasta los 103 años, con una familia extraordinaria a su alrededor. Él quería continuamente la visita de su familia y de sus amigos y él insistió en la importancia de cultivar las amistades. Tuve la gran suerte de aprender mucho de la vida de él, aprender a disfrutar de la vida en un sentido que yo denominaría epicúreo.
Se dice que La Generación del 27 fue una emanación de la Institución Libre de Enseñanza. La educación, tanto institucional, como académica, familiar, es fundamental. ¿Cómo asegurar su salud?Muchos de ellos se formaron en la Residencia de Estudiantes, que era inspiración de la Institución Libre de Enseñanza y de carácter público. Lo que no cabe duda es que el espíritu de la residencia es un espíritu de la Institución Libre de Enseñanza. En el caso de Bello, en concreto, no se educó en la Institución sino en la residencia pero su padre fue amigo de Cisneros de los Ríos y en su casa vivió toda la vida el espíritu de la Institución. En cuanto a la educación actual, creo que algunos de los principios de la Institución siguen plenamente vigentes y creo que seguimos necesitando del aliento de algunos de sus principios. No comparto la idea de que el alumno es el verdadero protagonista y que el gran experimento de nuestro sistema educativo es el profesor. Un artículo genial de Cossío de hace cien años titulado “El maestro y el material de enseñanza” decía que si el maestro no estaba bien cuidado y no era lo suficientemente competente, todo el material de enseñanza no valía para nada, por muchas tecnologías que tuviera. En la educación no debe haber un momento en que ésta se detenga, como apoyaba Giner de los Ríos, que apostaba por que el aprendizaje durase hasta la muerte. En eso estamos.