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Abusos y despidos sin indemnización

Entrenador de fútbol: la profesión de riesgo del Siglo XXI

viernes 03 de septiembre de 2010, 19:17h
Juan Ramón López Caro, ex entrenador del Real Madrid, está experimentando el último abuso que una entidad deportiva inflinge a un preparador. El técnico español sufre una campaña de acoso –incluyendo “mobbing”- en su club actual, el Vaslui rumano. Los malos resultados han provocado que la directiva quiera forzar su salida “voluntaria”, ahorrándose el pago de un millón de euros en caso de producirse el despido. Pero este no es el único caso sufrido por un preparador nacional, ya que Vicente del Bosque y Luís Aragonés sufrieron situaciones similares en sus aventuras turcas. Incluso Carlos Queiroz ha denunciado una trama orquestada desde la federación portuguesa para derrocarle como seleccionador luso. No son buenos tiempos para ocupar un banquillo.
La labor del entrenador ha cedido terreno en el universo futbolístico actual salvo ilustres excepciones –Pep Guardiola, José Mourinho o Alex Ferguson-. La imagen tradicional de experto del balompié y conocedor absoluto de sus futbolistas, encargado de los fichajes y constructor del estilo de un equipo ha sufrido una erosión absoluta. La figura del preparador se ha convertido en el primer objetivo de los dardos de los medios de comunicación deportivos y de los dirigentes de los clubes. La idiosincrasia por la que un entrenador es la piedra angular de una entidad ha sido sustituida por directivas que no pasan un mal resultado y retiran todo apoyo a las primeras de cambio.

Helenio Herrera, Arrigo Sacchi o Johan Cruyff son iconos del balompié por guiar a sus equipos hacia la gloria con un estilo particular y ganador. Eran culpables absolutos de la gloria de Inter, Milán y Barcelona, y como tal han sido respetados. Sin embargo, la cintura de las directivas de los clubes se han endurecido y los primeros en sufrir las consecuencias son los entrenadores.

El ejemplo más extremo de la escasa paciencia para con la labor de un entrenador es Juan Ramón López Caro. El técnico sevillano, que pasó por los banquillos de Real Madrid (2005) y de la selección española Sub-21 (2008-2009), decidió apostar por una aventura exótica en el fútbol rumano para dar un giro a su carrera. El destino fue el Vaslui FC, una entidad fundada en 2002 con el objetivo de alcanzar el éxito en el balompié. Tras finalizar en tercera posición en la pasada temporada, el club firmó como la piedra angular de su nuevo proyecto a López Caro. Para afianzar el proyecto, el preparador español solicitó algunos fichajes procedentes de nuestra liga (Alejandro Campano, David Rivas, Roberto Delgado o Bodipo).

Sin embargo, los fastos iniciales pronto se tornaron en un ambiente enrarecido. Los malos resultados deportivos, que sitúan al Vaslui en la 14ª posición de la liga rumana y eliminado de la Europa League a las primeras de cambio, han supuesto un giro absoluto en la cordialidad de la directiva y el técnico andaluz. En una semana nefasta, López Caro ha descubierto las peores prácticas posibles en un club de fútbol: el presidente Adrian Porumboiu quiere que el ex seleccionador sub-21 dimita para ahorrarse la indemnización por despido (un millón de euros).

La táctica empleada por el máximo dirigente arrancó el martes pasado con la organización de una manifestación en el campo de entrenamiento del equipo en protesta directa contra en entrenador sevillano. Pero el nivel de acoso ha alcanzado el grado sumo al darse a conocer –desde el club rumano- que López Caro había dimitido. Los rumores han sido desmentidos de inmediato: "Que quede muy claro que no he renunciado a ser el primer entrenador del Vaslui".

"Los vestuarios y las oficinas estaban cerradas, todos saben el motivo, ya que no han venido al entrenamiento; todo esto va contra el derecho al trabajo". Esta es la declaración del mister español tras descubrir que nadie acudió al entrenamiento previsto para el pasado 31 de agosto. Tan solo acudieron al campo de entrenamiento los españoles Campano y Rivas. No pudieron acudir jugadores como Bodipo, que fueron despedidos por decisión unilateral del presidente, sin permiso del técnico andaluz.


La campaña de acoso y derribo que está sufriendo López Caro ha traspasado las fronteras y recuerda a otros casos sufridos también por técnicos españoles. El “pionero” en sufrir los abusos de clubes exóticos fue el seleccionador que llevó a España a la conquista del Mundial de Sudáfrica, Vicente del Bosque. En el año 2004, el salmantino decidió viajar hasta Turquía para probar suerte en el Besiktas, club actual de Guti. Los malos resultados se cruzaron nuevamente en el camino de un técnico español –eliminado de la UEFA y la Copa turca- y la reacción del club otomano fue tajante: despido tras cuatro meses de trabajo. El preparador campeón del mundo y sus ayudantes (Toni Grande y Javier Miñano) se vieron en la calle y sin compensación económica de ningún tipo. La solución adoptada fue recurrir al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), que dictaminó la obligación a la entidad turca de indemnizar al entrenador español (4,91 millones de euros). La jugarreta otomana fue castigada aunque tarde.


Otro ilustre de nuestros banquillos y campeón de la Eurocopa, Luís Aragonés, también sufrió las artimañas de los clubes de aquella latitud. En 2008, tras triunfar con la selección española, el técnico madrileño decidió aceptar el proyecto del Fenerbahçe, junto a Roberto Carlos y Dani Güiza. Club habitual de Champions League y dominador del balompié otomano, Luís confió en el buen hacer de sus dirigentes. La discreta actuación del equipo provocó una nueva ruptura de contrato por decisión unilateral del presidente del club. Sin embargo, la efectiva redacción del contrato entre Aragonés y el Fenerbahçe obligó a los turcos a llegar a un acuerdo con el “sabio de Hortaleza”. La entidad acordó el pago íntegro del segundo año de contrato y los meses incumplidos del primero. La razón por la que la directiva otomana rectificó su abuso fue la amenaza de Luis de recurrir al TAS, que metería en un buen lío al Fenerbahçe gracias al certero contrato.

Estas situaciones no son propias del profesionalismo de uno de los deportes que más repercusión social tiene alrededor del mundo. El riesgo –aparentemente controlado- que acarrea aceptar propuestas de clubes de tierras lejanas se confirmó en estos casos tristemente famosos y sufridos por técnicos españoles. Sin embargo no hay que irse demasiado lejos para conocer situaciones similares: Carlos Queiroz –ex entrenador del Real Madrid y segundo de Alex Ferguson en el gran Manchester United- denunció un complot del vicepresidente de la Federación Portuguesa de Fútbol (Amandio de Carvalho) para obligarle a dejar su cargo de seleccionador luso.

Estas lamentables prácticas que sufren los entrenadores actuales están erosionando la imagen del fútbol. El olor a suciedad que desprende la actitud del Vaslui rumano con Juan Ramón López Caro sienta un precedente muy preocupante en las relaciones entre directivas y preparadores. El entrenador es la figura que permite a los futbolistas crecer y deslumbrar al público disponiendo a sus pupilos en el ajedrez de césped. Un club de fútbol no sería grande sin un técnico que explote sus recursos.
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