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To be or not to be: entre el pacifismo de los Demócratas y el realismo de los Republicanos

Víctor Morales Lezcano
viernes 24 de septiembre de 2010, 19:49h
Recordemos. El presidente Obama pronunció el 4/ VI/ 09, en la Sala de Honor de la Universidad de Al-Azhar (El Cairo), un discurso tenido en cuenta como referente imprescindible en las relaciones americano-europeas con el Islam.

Conviene no olvidar que, en ese discurso, el primer desafío al sistema internacional que detectó Obama, fue “el del extremismo violento en cualquiera de sus manifestaciones”. De ahí, probablemente aquello de que la guerra en Afganistán es una guerra necesaria -siguiendo en parte la lógica bélica del presidente Bush, aunque no fuera precisamente aplicable a Iraq-.

Cierto es que a partir del 11-S, Washington y sus instituciones políticas, el Pentágono, la OTAN, el hemisferio euro-americano y varios puntos geográficos dispersos -Casablanca, Estambul, Londres y Madrid, entre otros-, han vivido con diferente grado de intensidad, el temor a la prueba del asalto en cualquier momento y no importa dónde.

Mas allá de que la intensificación de las campañas militares en Afganistán no garantice, sin embargo, el final de la guerra en el Oriente musulmán durante el transcurso de un año; e indistintamente de que las elecciones legislativas que se acaban de celebrar en aquel país-bisagra no garanticen, per se, la pulcritud de su procedimiento (verificado por una Comisión de seguimiento onusina), lo cierto es que, como puntualizaba Fareed Zakaria recientemente, la excesiva reacción americana al 11-S ha vuelto más segura (quizá, más defendible) el sistema internacional en general y sus puntos cardinales más significados. Abogando por una reconsideración del macro-atentado que se escenificó hace poco más de nueve años, Zakaria acaba de advertir que Ben Laden supo siempre que no podría debilitar América yendo directamente contra ella. Pero que, sin embargo, podría provocar una hiper-reacción que podría debilitarla en el terreno de la psicología social. O sea, mediatizar el curso de su existencia nacional por vía del miedo al ataque y, consecuentemente, hacerla cautiva del pavor.

De ahí, probablemente, la polémica encendida que ha suscitado en Estados Unidos la propuesta de construcción del Centro Cultural Islámico -o Cordoba House, abierto al cristianismo y al judaísmo- en la explanada de Manhattan. Una sugerencia de evidente amplitud de miras, ecuménica, a la que no ha sido ajena la administración de Obama, el alcalde de Nueva York, Michael Blomberg, y el alma mater islámico Feisal Abdul Rauf -imam de la mezquita Farah, situada también en Manhattan-.

En suma, una iniciativa de concordia que no está reñida, a lo que parece, con la “guerra necesaria” que está librándose en Afganistán, en aras de la seguridad que reclama principalmente el tándem euro-americano.

Incluso Robert Gates, secretario de Defensa que procede de la etapa gubernamental de Georges Bush, ha dejado caer que muchos magistrados, burócratas y militares entorchados, confuse warfare wich welfare . Gates no sólo ha emitido lacónicas -e irónicas- advertencias al respecto, sino que ha llevado a fin los recortes en plantillas de generales de cuatro estrellas y almirantes. De ahí hacia abajo en la escala militar, Gates también ha optado por no producir una serie de armamentos prescindibles (F-22 y C-17 en el ejército de la aviación de combate, por no abundar en ilustraciones de otras divisiones propias de cualquier fuerza armada nacional). Gates, en su calidad de alto funcionario con decenios de servicio a sus espaldas, también ha comentado no hace mucho que “el resultado final de mi supervisión, me habla de una burocracia (militar y armamentista) americana que posee las habilidades del motor de un dinosaurio”.

Bien pensado, los impuestos económicos en tiempo de recesión prolongada, han ido adquiriendo una prioridad considerable en la era Obama; dado que si así no fuese, muy poco se compadecería la política de ajuste financiero -incluso en estado de guerra- con el proceso de recuperación de niveles de intensidad económica previos a la orgía inversora y consumista que precedió en algunos años a la quiebra de Lehman Brothers. Sin dejar de atender las exigencias del frente afgano, da la impresión de que el secretario de Defensa ha vuelto a releer lo análisis críticos tanto de la primera “borrachera consumista” como de los excesos presupuestarios del ensamblaje técno-militar, con Galbraith a la cabeza.

Es conveniente en ocasiones inspeccionar más adentro, tomarle el pulso, a las naciones en guerra. Incluso, aunque ello sea endemoniadamente complejo por la oscilación pendular -to be or not to be- a que somete este ejercicio de repaso a la trayectoria bélica estadounidense entre el estallido de la guerra en Corea (1950) y las últimas campañas americanas en Afganistán.


Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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